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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
De peinados de chongo, lentes graduados y alcohol a los 13
Hoy los jóvenes empiezan a beber alcohol a los 13 años y de éstos, uno de cada 10 menor a 18 años lo hace cada semana, de acuerdo con un estudio de la Fundación Pfizer. Y las consecuencias en su desarrollo son graves. ¿De veras los padres no podemos hacer nada al respecto?
Por Mala Madre
5 de febrero, 2014
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Sí, ya sé. Muchos de ustedes tuvieron su primera borrachera antes de los 15 y, quién los viera ahora, tan exitosos y responsables. No les pasó nada. Pues qué bien. Y sí, ya sé que algunos de ustedes prefieren que sus hijos adolescentes beban alcohol en casa en lugar de conseguirlo ilegalmente en el Oxxo de la esquina, luego de escaparse de una fiesta de 15 años en la que creían (creíamos) que se divertían seguros.

Que no pasa nada y que así aprenden. Y uno aquí de anticuada, haciéndole caso a los estudios médicos que explican por qué no es conveniente que los adolescentes consuman alcohol. ¿Que beber hasta embriagarse puede afectar el desarrollo mental de un escuincle de 13 años? Pero qué conservadora, ash. ¿Que afecta los hábitos de estudio y contribuye a que hagan estupideces, perdón, a que no desarrollen las habilidades necesarias para una correcta transición a la edad adulta? A ver si ya dejo de peinarme de chongo, que parece que bloquea mis neuronas en este afán mío de ir a contracorriente y no enseñarles a mis adolescentes a beber alcohol.

Porque a ver, ¿qué tanto es tantito? Aquel primo al que sus padres le servían primero chelas y después caguamas en las comidas familiares para que fuera aprendiendo y que terminó alcohólico, es sólo un caso, no sean fijados. Pues sí, quién iba a pensar que terminaría igual que el padre y el abuelo, ni que los genes que predisponen a ciertas enfermedades pesaran tanto. Y aquel otro primo, profesionista, tan guapo él, que entonces y ahora se pierde de borracho nomás cosa de probar una cubita. O aquel otro pariente que en su boda -¡en su boda!- acabó tirado en el suelo, arrastrado por los amigos. Cuánta diversión, caray, las clases sirvieron. Las probabilidades de generar dependencia si se empieza a consumir alcohol antes de los 14, qué.

Porque además, el chiste es que aprendan casi casi con alcohol del 96, no es cosa de que se enseñen a beber vino tinto con la comida. No señor, ni que fuéramos europeos. Que prueben del barato y del que hace más daño, para que sus cuerpos se entrenen y cualquier cosa que consuman después les haga lo que el viento a Juárez. ¿Que a pesar de todo sus cuerpos no toleran el alcohol y a la primera de cambios ya están mal? Detallitos.

Tampoco se vayan a clavar en la contradicción que implica aceptar el discurso de que los adolescentes beben alcohol para transgredir las reglas y contrariar a los padres (es la edad, es la edad), para luego servirles las cubas en charola, ustedes con sus manitas, cuando se reúnen con sus amigos los viernes en la casa. Que ya no esté prohibido y lo hagan con su permiso seguro lo hace más cool. Y a ellos bien rebeldes, yeah.

A estas alturas imagino que ya han de compadecer a las adolescentes. Esta madre santurrona que les tocó tuvo su primera y única borrachera a los 22 años. Dior, qué aburrida. Me tomé una botella de vino en casa de unos amigos como si fuera agua y terminé guacareando en el baño. La verdad es que no me fijé en lo que estaba haciendo porque la plática estaba muy buena y perdí la cuenta de las copas consumidas. Desde entonces aprendí que mi límite de buen alcohol es tres. La sensación es agradable, sin malestares para mí ni pesadeces para nadie.

A esto agreguémosle que el marido mío y padre de mis hijas es abstemio, y que tanto abuelos como familiares cercanos con los que han convivido son bastante tranquilos en este aspecto. O sea que las escuinclas han crecido sin alcohol en sus vidas. ¿Eso significa que no tienen información? Pos no. Jamás me han visto borracha ni me verán, pero ellas saben lo que provoca el alcohol a su edad. De hecho, ya lo vieron. Y no fue nada agradable. Un chico malo recién llegado al colegio donde estudian ya provocó un par de intoxicaciones. Uy, qué rebelde, con su Instagram lleno de fotos de botellas vacías y ceniceros rebosados con colillas de cigarros, con los hashtags a tono con la pose. Evidentemente es un chico en problemas, cuyos padres ojalá estén a la altura de las circunstancias, igual que los padres de los chiquillos engatusados.

No me espanta el tema, más bien me preocupa esta resignación paterna que lleva a muchos a servirles alcohol a los chavos porque si no, no van a las fiestas que sus hijos organizan. A que algunos contribuyan a que sus hijos sean parte de la estadística que dice que hoy los jóvenes empiezan a beber alcohol a los 13 y pos qué le vamos a hacer. A que se ocupen en conseguir descorche gratis en la fiesta de graduación de secundaria de los escuincles, como si en ello les fuera la vida, presumiéndolo como un plus. Y a que alimenten esta idea de que sin alcohol no hay diversión.

Mis adolescentes y sus amigos saben que en casa lo más adictivo que se llega a servir es coca cola. Y hay un retén militarizado a la entrada, encabezado por esta mala madre que no en balde ya tengo mis lentes graduados, lista para encapsular a la escuincla y regresarla a su casa en el momento en que cache a alguna con alcohol o tabaco de contrabando. Y que no enchinchen. Ya tendrán tiempo de aprender a beber y a fumar y a meterse en su cuerpecito suyo de ellas lo que se les pegue la gana, cuando sean mayores de edad.

 

@malamadremx

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