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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Dos trucos y una idea para batear el acoso de los bancos
Si ya se les agotaron los recursos legales y creativos para eludir las llamadas insistentes de los bancos con mega promociones de sus servicios, tal vez acá encuentren nuevas ideas o ya de perdis un poco de deshago.
Por Mala Madre
14 de octubre, 2014
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Justo cuando creía que el Registro Público de Usuarios (REUS) de la CONDUSEF me había librado de seguir recibiendo llamadas de los bancos a la casa para ofrecerme sus maravillosos productos, con los cuales condenarme por el resto de mi vida, llegó el asedio por celular para comprobar que como simple mortal -en tanto ciudadana mexicana- no tenía yo tanta suerte.

Así que pasé de ser acosada sábados, domingos y días festivos a las 8 de la mañana, a ser interrumpida en medio de una reunión de trabajo, una función de cine o un café con las amigas, que porque tienen el seguro de vida, el préstamo o el plan médico con el cual viviré tranquila de ahora en adelante. Porque para ellos es un hecho, no una posibilidad.

“No, gracias” es una frase que no los intimida. Antes al contrario, los motiva a insistir con más ahínco. “¿Por qué motivo rechaza usted garantizar los estudios de sus hijos?” “¿Cuál es la razón para evitar que sufra sus últimos días sin la pensión que se merece?” “Explíqueme por qué se niega a proteger sus tarjetas de los atracos delincuenciales que son el pan nuestro de cada día. Considere que se puede llevar sin costo extra un traslado en ambulancia al hospital de su preferencia, por si se ofrece”. Okey, esto último no me lo han dicho, pero hagan de cuenta.

Cuando las llamadas eran a la casa, solía contestar “porque no” y ya, adiós, que le vaya bien. La frecuencia del acoso celular me ha hecho aplicarme con las respuestas y, en función del humor en que me encuentren, incluso tomarlo con filosofía. Las dos excusas que mejor me han funcionado son las relacionadas con un pretendido transtorno de compradora compulsiva –“Señorita, usted no va a querer tener el trabajo de perseguirme para que pague. No acepto una tarjeta más por recomendación médica”– o bien que el marido me lo prohibió. Seh. Lo curioso es que ni así les da por esgrimir la defensa de los derechos de las mujeres, aun cuando quien llame sea mujer. No sé, algo estilo “Señora, no se deje manipular por su esposo. Usted tiene tanto derecho a gastar como él”. En fin, mejor no les doy ideas.

No obstante, debo confesar que estoy considerando seriamente no volver a registrar mis datos en el REUS. Es que lamentaría perderme del momento what? Ése que les ha dado por protagonizar cuando llaman preguntando por el marido.

Al principio explicaba muy amablemente que no, que ése no era su número, que por favor dejaran de buscarlo ahí. Después intenté solventar yo misma el asedio con un “soy su esposa, señorita, ¿la puedo ayudar en algo?”, sólo para recibir de respuesta “no lo creo, necesitamos hablar con el señor”. Obvio, el entonces pa qué chintetes me marcan a mí las tenía sin cuidado. Finalmente terminé por negarlo –“sepa dior quién sea, señorita, en su casa lo conocen”– en un intento inútil para que dejaran de llamar.

Hasta que se hizo la luz. Mi amiga @yotlacuila me dio la idea perfecta que nunca se me habría ocurrido y que ahora comparto con ustedes: Riiiing. –¿Se encuentra el señor esposo suyo de usted? –Sí, él habla. Silencio sepulcral de unos cuatro segundos. –Ah, este, buenas tardes señor. Por ser cliente ultra distinguido llamo para ofrecerle la hiperfregona tarjeta que le abrirá todas las puertas, incluida la del… –No me interesa, señorita, gracias. Y por favor no vuelva a llamar. –Oh, bueno, esteee, de acuerdo, señora, digo, señor. Este, buenas tardes.

Yo, tras la llamada del banco (imagen tomada de www.bufonismo.com)

Yo, triunfante tras la llamada del banco (imagen tomada de www.bufonismo.com)

¿A poco no son maravillosos? Había escuchado anécdotas de amigas cuyas voces graves les han dado material para contarle a sus nietos o a los nietos de sus amigos, pero nunca se me había ocurrido probar con el efecto contrario. El nivel de turbación al escuchar que el señor tiene voz aguda es memorable, a tal grado, que ya casi ni me enojo cuando les pregunto acto seguido dónde obtuvieron mi número y me contestan que seguro lo proporcioné en alguna Comercial Mexicana, Seven Eleven u Oxxo, como me informó la señorita que llamó de American Express el lunes pasado por la noche. Que aun cuando lo hubiera proporcionado, que no es el caso, por qué diantres lo tendrían que obtener de ellos es un misterio #LaProtecciónDeDatosPersonalesQué.

El otro día una de las señoritas que llamó –¿por qué mayoritariamente son mujeres? Osh– me dijo que un cuentahabiente que me conocía le había proporcionado mis datos, lo cual me lleva a pedirles encarecidamente que no anden negociando sus deudas con sus contactos personales, ni sus amigos del facebook, no sean ojeis. Digo, por si lo habían pensado.

Todavía no sé si darle una nueva oportunidad al REUS de hacer su trabajo o seguir en el cotorreo con mis amigos de los bancos. Lo que si sé es que en casa aprovecharemos la mudanza próxima para guardar bajo tres candados la nueva dirección y número de teléfono, y para llevar un registro escrupuloso de a quién se los proporcionamos. Puede que me sirva para hacer un experimento y rastrear en qué momento mi dato personal deja de serlo y termina compartido por el interés que sea. Ya veremos. Por lo pronto estoy abierta a nuevas ideas creativas para seguir bateando el acoso bancario. Venga.

 

@malamadremx

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