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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
El #Ayotzinapa nuestro de cada día
Esa "mala fortuna" de estar en el momento equivocado, en el lugar equivocado, con las autoridades equivocadas, se ha vuelto ya algo cotidiano en este país. Porque antes de los normalistas de Ayotzinapa están los casos de Rogelio Ramos Alcántar, Ángel Amílcar, y Jacinta, Alberta y Teresa.
Por Mala Madre
28 de octubre, 2014
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Desde hace un mes, 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa nos tienen con el jesús en la boca y la indignación hasta el cielo. Los hermanos Doriam y Jorge Luis, su primo Marcial, Jesús Yovany –el churro, para sus amigos- y 39 jóvenes más tuvieron la mala fortuna de ser pobres y estar en el lugar equivocado, en el momento equivocado, con las autoridades locales equivocadas.

De acuerdo con las primeras investigaciones oficiales, el alcalde de Iguala y hoy prófugo de la justicia, José Luis Abarca, ordenó a la policía municipal bajo su mando atacar y secuestrar a los normalistas para luego entregarlos al cártel local Guerreros Unidos. ¿Por qué? Porque podía. Porque se le dio la gana. Que porque le informaron que iban a sabotear un informe de su esposa María de los Ángeles Pineda y al parecer eso era motivo suficiente para secuestrarlos y atentar contra su vida.

Foto: Isaac Esquivel / Cuartoscuro

Foto: Isaac Esquivel / Cuartoscuro

El problema es que esa mala fortuna de estar en el momento equivocado, en el lugar equivocado, con las autoridades equivocadas, se ha vuelto ya algo cotidiano en este país. Porque antes de los normalistas de Ayotzinapa está el caso de Rogelio Ramos Alcántar, empresario detenido junto con el doctor Mireles (líder de las autodefensas de Michoacán), por encontrarse irónicamente en La Mira, tenencia de Lázaro Cárdenas, en el momento incorrecto. Como bien advirtieron los federales que los detuvieron a golpes despojándolos de sus pertenencias, les cargó la chingada. Don Rogelio está detenido desde el pasado 27 de junio tras una auténtica historia de terror que pueden leer aquí, aunque no pierde la esperanza de salir pronto convencido de que sus abogados podrán probar que nada tiene que ver con el movimiento de Mireles.

Y antes de don Rogelio está el caso de Ángel Amílcar, hondureño de 37 años recientemente liberado luego de 5 años de prisión, acusado de formar parte de una banda del crimen organizado sin más pruebas que una declaración conseguida bajo tortura. Y antes de Ángel está el caso de Jacinta, Alberta y Teresa, encarceladas por más de tres años acusadas falsamente de secuestrar a seis agentes federales de investigación. Sólo por mencionar tres de los que se han denunciado en los últimos años.

A diferencia de estos casos, la desaparición de los 43 jóvenes normalistas nos ha cimbrado como sociedad porque como nunca en los últimos 14 años, desde que inició la guerra contra las drogas, habíamos tenido pruebas tan contundentes de la actuación criminal de una autoridad y de la penetración del crimen organizado en la estructura de gobierno y poder en nuestro país. ¿Pero qué pasa cuando es la propia autoridad la responsable de causar daño sin necesidad de que intervenga alguna organización criminal? ¿Cuando a sabiendas y sin importar los derechos consagrados en la Constitución se atropella a las personas en su dignidad, en su patrimonio, en su libertad? ¿Cuando las propias instituciones que debieran velar por nuestros intereses atentan contra ellos sin el menor remordimiento, en la absoluta impunidad?

Lamentablemente, escandalosamente, increíblemente, el caso de los jóvenes normalistas de Ayotzinapa es la gota que ha derramado el vaso lleno de atrocidades en que se ha convertido el ejercicio de gobierno en ciertos lugares del país (como Veracruz, Quintana Roo, Puebla, Tamaulipas) y la procuración y administración de justicia en general. Hoy estamos llegando al punto en que cada familia en México tiene o conoce a alguien cercano que ha sido víctima de la violencia criminal o, peor todavía, de la violencia del Estado, ése que en vez de velar por el ciudadano atenta contra él por acción u omisión.

Hoy, las cifras oficiales contabilizan 22 mil desaparecidos de 2000 a la fecha, y calculan 63 mil homicidios dolosos en la anterior administración, más los 18 mil que van con el actual gobierno. Y si bien se reporta una disminución de estos homicidios en el último año, no es algo que se perciba todavía como una realidad en nuestro país. No mientras un alcalde considere que puede ordenar impunemente la desaparición de 43 jóvenes estudiantes. O mientras un gobernador ordene reprimir a un grupo de manifestantes sin importar que sus vidas corran peligro. O mientras un agente de la policía se sienta con la libertad de detener a quien sea, sin pruebas o incluso a pesar de un falso testimonio. Que más da refundir a alguien en la cárcel por 20, 30, 50 años, cuando la lógica autoritaria que parece permear es primero reprimo/detengo/desaparezco y después viriguo. Total, si salió a colación, si andaba por aquí es porque algo debía, que ya el estado de derecho se podrá aplicar en mejores momentos.

Foto: Adolfo Vladimir / Cuartoscuro

Foto: Adolfo Vladimir / Cuartoscuro

 

@malamadremx

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