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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
En mi familia no hay gays
Una amiga muy cercana me soltó la frase así, sin amortiguar el golpe. “Yo respeto. Pero gracias a dios en mi familia no hay gays”, y muy aliviada se persignó.
Por Mala Madre
19 de septiembre, 2012
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“Yo de chico siempre me sentí el bicho raro, el que no estaba correcto”. *

“Lo peor de todo es asumir que la normalidad era ese tipo de vida y ser consciente

cuando eres mayor de que te han robado la adolescencia y los sueños de cuando eres joven”.**       

 

 

Una amiga muy cercana me soltó la frase así, sin amortiguar el golpe. “Yo respeto. Pero gracias a dios en mi familia no hay gays”, y muy aliviada se persignó. Esta sentencia tan discriminatoria me hizo recordar a la maestra de Formación Cívica y Ética de la secundaria de la big sister, quien al abordar el tema de la diversidad sexual explicó al grupo que “entendía perfecto” si les provocaba incomodidad ver a una pareja gay abrazarse o besarse, pero “hay que ser tolerantes”.

¿Qué les molesta a mi amiga y a la maestra de mi hija? Que los gays se exhiban. Que sean amanerados. Que quieran ser mujeres. Simplemente no lo soportan. Con las lesbianas parece que no hay mayor problema, porque es más común ver chicas que se abracen y que usen pantalones. En nuestra cultura machista no se ve mal. No entienden que un hombre que viste de mujer es un travesti y que no necesariamente es gay. Y que hay hombres y mujeres que nacen con el sexo equivocado y que se operan para definir el correcto para ellos. Y que eso no los hace gays, sino transgénero. Y que hay gays muy masculinos y lesbianas muy femeninas. Y viceversa. Y que independientemente de estas diferencias, uno debería poder ir por la vida sin ser juzgado o rechazado por la forma en que viste, habla, actúa o de quién se enamora.

Pues no hay manera. Dice mi amiga que si se diera un caso así en su familia, estaría dispuesta a tomar un curso con los del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), pero que ojalá no sea necesario. En la misma lógica de la maestra de mi hija, justifica que “a mucha gente le dé cosa observar a los gays” e incluso va más allá al ubicar como el centro del malestar general que los gays amanerados “no se den a respetar” al comportarse como “unas locas”. Y que luego por qué los agreden.

Los boy scouts no permiten el ingreso de gays a su organización

Esta semana, la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) de España presentó un informe de la investigación que realizaron sobre el acoso homofóbico y el riesgo de suicidio en los colegios de ese país.

Al realizar 653 cuestionarios en 129 municipios españoles, la FELGTB encontró que un 60 por ciento de homosexuales entre los 12 y 25 años ha padecido “insultos, vejaciones, burlas, agresiones físicas y aislamiento” durante años y que 43 por ciento de los agredidos se ha planteado el suicidio en algún momento de su etapa escolar, porcentaje que triplica el índice registrado en el resto de los adolescentes. La mayor parte del acoso se concentra en la secundaria, pero hay un 23 por ciento que reporta haber sufrido el rechazo desde la primaria. Otro dato que impacta es que el 11 por ciento de los chicos fueron agredidos por sus propios profesores. Y si se toma en cuenta que el 10 por ciento de la población general de España es homosexual, bisexual o transexual, el problema de la homofobia no es un asunto que se pueda ignorar.

No encontré una investigación parecida en el caso de México, pero sabemos por la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS 2010) de qué tamaño es el problema: 4 de cada 10 de nuestros compatriotas no estaría dispuesto a permitir que una persona gay viviera en su casa. A esto hay que sumarle los crímenes de odio por homofobia y los datos de la Primera Encuesta de Exclusión, Intolerancia y Violencia en Escuelas Públicas de Educación Media Superior (SEP 2008), que reportó entonces que el 45 por ciento de los estudiantes consideraba que su vida era un fracaso, que el 40 por ciento era víctima de apodos, insultos o chismes, y que el 25 por ciento había sufrido de manera constante de violencia escolar.

En España discuten hoy la inclusión de la diversidad sexual en sus programas escolares y la FELGTB presentará en octubre el programa “Vuelta al Cole”, a través del cual los jóvenes con problemas podrán reportar de forma anónima la situación que viven. Mientras, en nueve países de Europa se impulsa el proyecto “Escuelas sin Armarios”, promovido por el Instituto Danés de Derechos Humanos, cuyo objetivo es concientizar sobre el respeto a los derechos humanos desde la educación básica.

No necesitamos inventar el hilo negro. Desde 2001 que se incluyó en la Constitución el derecho a la no discriminación y en 2003 que se aprobó la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación (LFPED) junto con su ley reglamentaria, sabemos lo que hay qué hacer. Queda claro que aún cuando ya se incluye el tema de la diversidad sexual en nuestras escuelas, públicas y privadas, hace falta capacitar y sensibilizar a los maestros, y por qué no, dar cursos a los padres. Hacer hincapié en que no es un tema de tolerancia, o sea, de “sufrir, llevar con paciencia, resistir o soportar”, sino de respetar un derecho humano.

El otro día escuché un comentario respecto a que en San Francisco se ha vuelto muy cool ser lesbiana. Pues qué maravilla. Yo quiero que mi país sea así, respetuoso y alivianado. Mientras eso sucede, es responsabilidad del Estado impulsar desde instituciones como la escuela lo que no se hace en casa, por ignorancia y homofobia. No es una concesión ni buenaondez porque todos tenemos un amigo gay al que toleramos y con eso ya cumplimos nuestra cuota. Entendamos, de una vez y por las buenas, que hay que respetar para que nos respeten. Por las malas sólo queda aplicar la ley.

 

 

*Tomado de: Miguel González-Maciel, Aproximación a la percepción de hijos e hijas de personas de la comunidad LGBTTTI, México, Conapred, 2009, p. 95.

**Testimonio contenido en el estudio “Acoso escolar homofóbico y riesgo de suicidio en adolescentes y jóvenes LGB”.

 

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