close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 28 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 28 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Faldas para niños y pantalones para niñas
Daría mi reino por presenciar el debate del primer niño que lleve falda a su escuela, porque justo esas son las edades y las batallas en donde se abren mentes y se aprende a respetar.
Por Mala Madre
4 de junio, 2019
Comparte

Hace cinco años, mi hija la más chiquita me pidió hacer algo revolucionario: que le comprara pantalón en lugar de falda para el uniforme escolar. En ese momento mis dos bendiciones estudiaban en una secundaria privada de la Ciudad de México, en la que todas las niñas tenían la “obligación” de usar falda.

Confieso que respiré profundo pensando de dónde iba a sacar energía para echarme el enésimo pleito en las escuelas de mis hijas. Ya venía de un desaguisado por las graduaciones de sexto de primaria de ambas escuinclas en otra escuela (que pueden consultar aquí y acá) y me encontraba en ese momento en pleno estira y afloja por la graduación de tercero de secundaria de la hija mayor. Aunque no rehúyo el debate, en el fondo de mi alma me daba cierto cansancio ser la mala madre buscapleitos que de todo se quejaba. Muy en el fondo y poquito, pero me daba.

Así que me fui preparando mentalmente para los meses por venir: mi hija la chiquita pasaría ese año a segundo de secundaria y la mayor a primero de prepa, en la misma escuela, y ya ameritaban nuevas mudas. Así que fui con la proveedora de la escuela y pregunté por los pantalones de niña. Obvio no tenían. Que nunca nadie lo había pedido, porque el reglamento de la escuela “era muy claro”: las niñas con falda y los niños con pantalón. Pero la dueña del negocio buscó la forma de satisfacer mi requerimiento como clienta y me ofreció adaptar un pantalón de niño para mi niña. Lo pensé y desistí. Un pleito a la vez, me dije. Primero el round de la graduación y para el siguiente ciclo escolar el pantalón del uniforme.

Así que le dije a mi peque que no vendían pantalón de niña, pero que yo estaba dispuesta a dar la batalla para que en algún momento pudiera usarlo… y que Dior me agarrara confesada. Me hice la loca todo ese ciclo escolar –perdón, mi niña-, porque a esas alturas ya me había dado a conocer entre el cuerpo directivo de la escuela y la mayoría de las mamás. “Aaaah, tú eres la de los correos”, me soltó la progenitora de un compañero de mi hija cuando meses después nos conocimos en casa de una amiga en común, sin agregar nada más. Ajá. El horror.

Pero al siguiente ciclo escolar pasó algo extraordinario por lo imprevisto: la escuela cambió de proveedor. Y qué creen, la nueva empresa sí tenía pantalones para niña. No lo pensé dos veces y le compré sus pantalones a mi hija antes de que alguien se diera cuenta y los descontinuaran. No saben cómo disfruté ese primer día de clases nomás de imaginarme las caras de misses y directoras cuando vieran llegar a mi peque. Nunca le dijeron nada y no fue la única niña. Dos compañeritas suyas también decidieron aprovechar la involuntaria apertura provocada por el cambio de proveedor y llegaron con pantalón. Tres niñas en toda la escuela, que contaba con jardín de niños, primaria, secundaria y preparatoria.

Las dueñas y directivas de la escuela, todas mujeres, acusaron recibo con la ceja alzada. Eso sí, impugnaron a una de las otras dos niñas porque cometió el oh, gran pecado de alterar el pantalón para que le quedara mejor y no sólo fuera una mala adaptación del pantalón de niño. Fue un zipizape maestras-alumna a lo largo de todo el curso, que ganó la niña. Mi hija no volvió a usar falda en el resto del ciclo escolar por lo incómodo que le resultaba y el frío que le daba en los meses de invierno. En la ceremonia de fin de cursos fue la única niña de la escolta con pantalón.

Uniforme escolar neutro

Así que la nueva disposición anunciada este lunes por la jefa de Gobierno, Claudia Sheimbaun, y el secretario de Educación, Esteban Moctezuma, para que en todas las escuelas públicas y privadas de educación básica de la Ciudad de México se use a partir de ya un uniforme neutro, es apenas una justa reivindicación para todas esas niñas que ya usaban pantalón en su vida cotidiana, pero se los prohibían absurdamente en las escuelas. Y sí, también para los niños.

Porque esto significa que niñas y niños de jardín, primarias y secundarias públicas y privadas de esta ciudad podrán usar falda o pantalón a su elección, sin restricción por parte de las escuelas. Y aunque fue anunciada por la jefa de gobierno como “una acción sencilla para promover la igualdad de derechos en las escuelas”, en realidad es un gran paso a favor del libre desarrollo de la personalidad de los niños y del respeto que los maestros les deben a sus alumnos y que éstos se deben entre ellos mismos.

Si yo les contara los rounds que mis hijas y sus compañeras se tuvieron que echar con las directoras y maestras de dicha escuela los días libres de uniforme -cada viernes para prepa y días especiales para secundaria-, porque tenían prohibido llevar blusas de tirantes, shorts, minifaldas y en general cualquier ropa entallada, tardarían un par de horas en leer este texto. El argumento era que “no provocaran que sus compañeros les faltaran al respeto”. Era increíble escuchar de esas maestras que los niños no podían aprender justo a esa edad a respetar a sus compañeras y a ver con naturalidad su propio cuerpo y el de los demás, como si fueran poseedores de un irremediable e ineducable “instinto animal”. Que impotencia que no entendieran que tantos niños que no lo aprendieron en su momento es lo que nos tiene hoy con tantos hombres protagonizando incontables mitús.

Celebremos este anuncio que de sencillo no tiene nada. Daría mi reino por presenciar el debate del primer niño que lleve falda a su escuela, porque justo esas son las edades y las batallas en donde se abren mentes a partir de escuchar y entender los argumentos del otro; en donde se aprende a respetar.

Enhorabuena por esta decisión, pero no estaría mal que implementaran sus buenos oficios con los gobiernos estatales para extenderla a nivel nacional. También estaría chévere que nos informaran dónde puede acudir un niño y sus padres si alguna escuela lo castiga por llevar falda o permite que lo acosen por la misma razón, que ya vimos lo malitos que algunos colegios se han puesto por cosas tan nimias como el largo del pelo.

Bien por esta medida, que los cambios revolucionarios se dan pian pianito. Ahora nomás falta que no dejen solos a los niños.

@malamadremx

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.