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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Fuimos todas
A la marcha de este domingo fuimos todas y en las acciones la participación también fue de todas. Y así hicimos historia.
Por Mala Madre
9 de marzo, 2020
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Por primera vez fuimos todas. Las que nunca habían salido a las calles a manifestarse un 8 de marzo y las que ya perdimos la cuenta de las marchas que llevamos. Las que prefieren la no violencia y las que apoyamos la acción directa. Las que caminaron con calma, y también las que lo rompieron todo. Las que no pueden con tanto dolor y las que rezamos por no tener que sufrirlo.

Fuimos y atiborramos el centro de la ciudad como nunca antes lo habíamos hecho. Nos citamos a las 2 de la tarde en la Plaza de la República, pero desde las 11 empezamos a ocupar los espacios que este domingo se llenaron de un violeta feminista que floreció a la par de las jacarandas por todo Paseo de la Reforma, Avenida Juárez y 5 de Mayo, hasta llegar al Zócalo. Ni las barricadas del gobierno de la Ciudad para impedir el paso por la calle de Madero, ni los gases de extintores de las policías, ni mucho menos las amenazas de algunos loquitos con verter ácido a las asistentes nos impidieron llegar.

Foto: Santiago Arau

Ahí estuvo como otros años desde 2016 Yesenia Zamudio, mamá de María de Jesús, la joven de 19 años alumna del IPN que murió tras ser arrojada de un quinto piso presuntamente por un profesor y aún no obtiene justicia. También amigas y familia de Adriana Morlett, de 21 años, que el 6 de septiembre de 2010 desapareció al salir de la biblioteca central de la UNAM y cuyo cuerpo fue encontrado meses después en el Ajusco. Y Carmen, mujer que fue víctima de un ataque con ácido a manos de su expareja y se niega a que un hombre violento más goce de impunidad.

El dolor de estas mujeres se mezcló con el hartazgo de las jóvenes que llevan sus cortos años padeciendo el acoso y la violencia por parte de hombres que creen que pueden disponer de sus cuerpos y de sus vidas. Como Tanya y Viri, las mejores amigas de mi hija, que incursionaron por primera vez en la protesta callejera con todo y el miedo de su madre a que alguna cosa horrible pasara. Si esa mamá que se quedó en casa asustada hubiera acompañado a sus hijas, habría visto a un río de mujeres enérgicas, pero también gozosas, llegando a la Plaza de la Constitución cuando miles más aún no terminaban de salir de la Plaza de la República.

Foto vía @veronicalderon.

Porque fuimos todas. Desde el contingente pro despenalización del aborto, hasta las que pretenden salvar las dos vidas. De madres con bebés de meses, a señoras de la tercera edad. Ahí estaban estudiantes, indígenas, mujeres con discapacidad, colectivas de ciclistas. Ninguna quiso perder la oportunidad de sentir que estaban haciendo historia. Porque hicimos historia. ¿Cuándo se había visto tomar las calles a tal cantidad de mujeres enojadas? Fuimos todas las que caminamos tranquilas a pesar del coraje y todas las que grafiteamos la pared. Ya tendremos oportunidad de debatir y revisar nuestros privilegios para entonces aseverar cuál es la mejor forma de inconformarse públicamente, pero hoy partamos del respeto que emanan las sabias palabras de Yesenia: “Tengo todo el derecho a quemar y a romper, no le voy a pedir permiso a nadie, porque yo estoy rompiendo por mi hija. Y la que quiera romper que rompa, y la que quiera quemar, que queme. Y la que no, que no estorbe”. Un día debemos dejar de juzgar y tratar de entender nuestras propias razones para estar enojadas, que nos atraviesan a todas pero no de la misma forma. Con algunas se ensaña del peor modo. Ese día entenderemos por qué ayer fuimos todas las que caminamos y las que pintamos y las que rompimos y las que gritamos.

Pero no se confundan. Fue una la que arrojó bombas molotov frente a Palacio Nacional cuando la colectiva de mujeres intentaba colgar con éxito una manta de México Feminicida en la puerta mariana y la violenta incursión no las dejó alcanzar su objetivo. Una mujer sin capucha negra, prenda morada o pañuelo verde, kit distintivo de las jóvenes que pasan a la acción directa y en general de cualquier participante en la marcha. Una mujer sin grupo que la acuerpara. Ella no fuimos todas porque todas las que estábamos ahí esperábamos ver la manta colgada y ninguna de nosotras nos pondríamos en peligro de esa forma irresponsable. Nuestro enojo lo volcamos a las piedras, las paredes y los monumentos, nunca a las personas y menos a nosotras mismas. ¿Algo qué decir, gobierno de la ciudad, gobierno federal?

Así que guárdense los sermones. A la hermosa marcha de este domingo fuimos todas, y las autoras de los cantos, bailes, gritos, pintas y protestas también fuimos todas, y eso es lo más bonito que vivimos ayer.

@malamadremx

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