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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Graduación de sexto II: nadie se salva
Padres tranquilos, solidarios y democráticos, que se transforman en seres autoritarios irreconocibles a la hora de elegir entre un salón de fiestas o un parque temático para despedir a sus hijos de la primaria.
Por Mala Madre
18 de junio, 2013
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Hace unos días escuché sin querer un diálogo entre padres divorciados. Hablaban del hijo adolescente y de los dolores de cabeza que les generaba su bajo rendimiento académico y su total concentración en amigos y redes sociales. Para hablar del tema decidieron maridar un salmón con champaña mientras hacían un recorrido en uno de los barcos restaurantes que surcan el Río de la Plata.

De entrada me pareció interesante el tono de voz que usaban. Pausado, con mucha elocuencia y claridad, sin tropiezos gramaticales. Luego elucubré sobre el lugar escogido. Público, concurrido, con una vista que serena al más histérico y del que no podían escapar las siguientes tres horas. Y para terminar, el brindis. La verdad nunca se me hubiera ocurrido pasar por alcohol una discusión/debate sobre las locuras adolescentes de mis hijas con su padre. Qué modhernos.

Foto Río de la Plata

Me maravilló la civilidad con que llevaron el intercambio. Ella expresó su inquietud respecto a la baquetonería del escuincle -que no entregaba tareas, no estudiaba y diario llegaba a casa con un reporte escolar- y la necesidad de que el padre vigilara más de cerca su desempeño académico. Él reviró que la madre debía ser menos dura y entender la distracción lógica de todo adolescente. De cualquier forma, se comprometió a permanecer con el hijo los fines de semana en lugar de permitirle salir a pachanguear con los amigos. Punto tal del debate, debo decir, que consumió buena parte del recorrido. Finalmente y en correspondencia, la madre ofreció flexibilidad si había calificaciones aprobatorias para el siguiente periodo. En el ínter, entró y salió de la discusión la propuesta paterna de apoyarse con terapia para llevar lo más leve que se pudiera la pubertad del chamaco.

La lección que recibí de esta pareja de padres argentinos fue la maestría con que consiguieron que el otro cediera en algo para llegar a un acuerdo que beneficiara a todos. Me quedó claro que están acostumbrados a negociar sin avasallar ni soltar gritos ni sombrerazos y, sobre todo, sin abandonar la escena del crimen. Tuvieron tres horas para dialogar mientras comían rico y disfrutaban de la vista, y al final llegaron a un acuerdo. Algo que estaría de súper lujo que pusieran en práctica madres y padres que organizan este fin de cursos la graduación de sexto de sus hijos. Y en esta segunda edición que me ha tocado vivir (acá la primera) he comprobado que nadie se salva.

Esos padres tranquilos, solidarios y democráticos que me había tocado conocer, del grupo de la adolescente menor, se acaban de soltar el chongo porque no están de acuerdo con el concepto de la fiesta. Que si las organizadoras decidieron qué se hará sin someter a consideración de los demás otras propuestas, que si consultaron muchas y decidieron por asignación directa la que mejor oferta entregó, que si hay que pasar todo por la aprobación de los niños, que si hay que pasar nada por la aprobación de los niños, que si no se está de acuerdo con la propuesta que quedó pero acatarán lo que decida la mayoría, que si no se está de acuerdo con la propuesta que se presentó y mucho menos acatarán lo que decida la mayoría. Que lo importante son los niños, que hay que pensar en ellos. Que si al final decido privar a mi hija de la fiesta porque no me gustó que no se hiciera lo que yo quería, ash.

Así andamos, con correos que van y vienen. Una mayoría ya votó una opción y tres han  desertado en franca rebeldía y además rechazaron la propuesta de creación de un fondo común para financiar los boletos de sus familias. Que la negativa es porque la propuesta escogida se les hace muy cara, es cierto, pero ultimadamente tampoco van a aceptar caridades.

De mi paso por dos graduaciones de sexto concluyo que como sociedad no sabemos debatir para llegar a un acuerdo, sin tomar las cosas de forma personal. Somos autoritarios y cuando se realiza un ejercicio democrático que no se ajuste a nuestro sentir, ya no nos parece. Y esto tiene que ver con esa obsesión de que todo lo tenemos que resolver como amigos y si alguien disiente entonces hay pleito y se convierte en nuestro enemigo. Estás conmigo o contra mí. Pos no. Podemos resolver nuestras diferencias a pesar de ellas mismas, sin que debatir sea sinónimo de agresión personal.

Ojalá pudiéramos enviar a las mamás en conflicto al recorrido en barco por el puerto de Buenos Aires. Si no llegan a un acuerdo por lo menos serenarían sus pasiones con semejante vista. Y entre el maridaje de la champañuki con el salmón entenderían que una ventaja de la democracia es que se acuerda lo que la mayoría decide, cuando el consenso no es posible. Y al llegar a los postres ratificarían que aunque no siempre se consigue lo que se quiere, el resultado final no es tan malo después de todo. Si no da tiempo para el tour argentino, por lo menos deberían tomarse un café para limar asperezas y aceptar que aunque se dio la mejor batalla, pues se perdió la guerra de las graduaciones sin que esto signifique la pérdida de la dignidad de nadie.

En la organización de esta graduación se cometió un error de origen, que fue corregido a tiempo en el camino; se consultó y se votaron las opciones. Y ya está, aquí no pasó nada. Demostremos a nosotros mismos, a nuestros hijos, a nuestros amigos, a nuestros vecinos y a los tomadores de decisiones que así también se pueden negociar los temas que nos ocupan como país. Sin gritos ni sombrerazos y colocando en el centro el bienestar de todos.

 

Foto Río de la Plata 2

 

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