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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
La edad de la punzada
Por Mala Madre
14 de agosto, 2012
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Mi hija mayor, que acaba de cumplir 13 años, me preguntó el otro día si podía hacerle un favor a una amiga suya. Aunque traía cara de ¿verdad que lo que te voy a decir no se hace?, me soltó la petición. Resulta que la amiga quería que le hablara a su mamá para pedirle permiso de ir al cine. Pero no iría con nosotras, sino con el novio.

Por supuesto le dije que no. Que con gusto la llevábamos con todo y galán, pero que la mamá tenía que estar enterada. No me hizo gracia la audacia de la chamaca y me preocupó que la big sister haya pensado, aunque fuera por un momento, que yo podía haber aceptado.

No, má, cómo crees, yo sabía que no, pero tenía que preguntar. Ajá. Le advertí sobre la infinidad de cosas que podían pasar por decir una mentira o ser partícipe de un engaño. Ya saben, desde que se incendiara el cine, hasta que el novio fuera mala persona o que a alguien se le ocurriera hacerles daño si los veía solos en el centro comercial. Y uno de responsable. De acuerdo, exageré, pero es parte de la paranoia que me acompaña cada vez más por estos días.

Pasó.

En otra ocasión me preguntó, así como quien no quiere la cosa, qué opinaba sobre que su amiga tuviera novio a escondidas de su mamá. Le contesté que era muy triste que no confiara en ella, aunque entendía su posición puesto que la mamá se lo prohibía. ¿Tú me dejarías? Eh, bueno, a ver.

Desde que mis hijas tienen uso de razón, su papá les ha dicho que no pueden tener novio hasta los 30 años. Por supuesto, es una broma, aunque el padre quisiera que tuviera alguna posibilidad de ser real. Primero, porque mi hija está a unos segundos de descubrir que ya puede hacer cosas sin nuestro permiso y segundo, porque no hay forma de prohibir algo así.

Fijamos entonces algunas reglas sobre lo que significa, para su padre y para mí, tener novio a su edad: primero que nada, es novio de escuela. Esto quiere decir que ahí se ven, pero que no hay presentaciones ni salidas “formales”. Y que cuando quieran verse fuera de la escuela es en grupo, conmigo presente aunque sea a varios metros de distancia, y nada de andarse abrazando y mucho menos besando delante de nosotros. Sí, ya oigo sus carcajadas, pero son nuestras reglas y a mis hijas no les queda más que aceptarlas. ¡Están muy chiquitas! Ash.

Se supone que el reglamento de la escuela prohíbe que se anden besuqueando por los rincones, pero me consta que no se aplica. Intento imaginar lo agotador que es para los maestros lidiar con chicos de secundaria. Esas hormonas que uno quisiera amarrarles hasta que tengan la madurez mental para hacerse cargo. Ash y ash.

Reglas aceptadas y yo haciéndome loca sobre el terrible día en cuya llegada no quería ni pensar… hasta que llegó. Está bien mamá, ya, te lo voy a contar. Tengo novio desde hace dos meses, me soltó a la hora de la comida la muy jija. Ni siquiera se esperó a librar la posibilidad de que se me atorara el bocado. Ay, hija de mi vida, cómo, a tus trece años. Yo, que tuve mi primer novio hasta que entré a la universidad (y ella qué culpa tiene, lo sé).

Al papá casi se le salen las lágrimas cuando se enteró. Evidentemente, lo que a mi marido y a mí nos tiene con el jesús en la boca sobre el noviazgo de mi hija es el despertar de su sexualidad. El momento de las advertencias y las explicaciones. Lo que a nuestra consideración está bien y lo que está mal. El deber ser. La distancia que habrá entre lo que quisiéramos que fuera y lo que será.


No sé a ustedes qué les dijeron, pero a mi nunca se me va a olvidar el discurso de mi madre: “mira hija, los chicos a tu edad sólo quieren una cosa: experimentar. Pues que experimenten con alguien más”. Y tan tan. Claro, se le olvidó comentar la parte en la cual las chicas también disfrutamos con el experimento y aprendemos junto con ellos no sólo de sexo, sino a establecer relaciones de pareja. Y de la diversidad sexual, ni hablar.

Pero ahora no me siento tan liberal tratándose de mis hijas. Siempre es más fácil con los hijos de alguien más. Por qué no puede uno tenerlos en una cajita de cristal y a la edad que consideremos prudente, soltarlos para que vuelen bien y sin errar. Ash, ash y ash.

La big sister y sus amigas incluyen recurrentemente dos palabras cuando comentan sus fotos en las redes sociales. Sexy y sensual. Descubrí que las usan como sinónimos de linda o bella. O eso quiero creer. También averigüé que para ellas un noviazgo es largo si dura más que las olimpíadas. O sea que mi hija y el novio tienen récord aunque no se han visto en vacaciones. O justamente por eso.

Pues que sea lo que tenga que ser. Su papá y yo no soltaremos las riendas, aunque trataremos en lo posible de no apretarlas demasiado. Con eso de que ahora los jóvenes tardan más tiempo del que nosotros nos tardamos en salir de casa, el asunto pinta para largo. Por lo pronto, no cejaré en mi esfuerzo de cambiarles el chip de “adolescencia tardía” por el de “madurez temprana”, que algo se podrá hacer para que lleguen a sus 20’s sin mayor trauma existencial. Espero.

 

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