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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
La mejor escuela
Por Mala Madre
26 de julio, 2011
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Servida, María.

En un capítulo de la segunda temporada de la serie de tv Modern Family, la pareja gay integrada por Mitchell y Cameron entran en pánico porque no saben en cuál preescolar inscribir a su hija adoptiva, la bebé asiática Lily.

Sus opciones son el colegio donde estudian los sobrinos de Mitchell o el “harvard” de los preescolares. La primera escuela les encantó por las lindas instalaciones, el programa educativo y las referencias de su propia familia. Pero cuando conocieron la segunda quedaron maravillados por tres razones: las f-a-b-u-l-o-s-a-s instalaciones, porque “debe haber una razón por la cual todo mundo quiere que sus hijos estudien ahí” y por el trato preferencial que dan a las familias diversas… y mientras más diversas mejor.

Esto da lugar a situaciones realmente cómicas, donde una pareja de lesbianas discapacitadas con un hijo negro les ganan el lugar. Para acabarla, pierden la inscripción que ya les habían apartado en el colegio de los sobrinos por no haber confirmado a tiempo.

Yo no quiero que les pase lo mismo. Sobre todo porque hace unos días una muy amable lectora me transmitió su preocupación, que comparto ampliamente: “¿qué chingaos es una buena escuela? ¿bilingüe? ¿activa? ¿personalizada? ¿chica? ¿grande? ¿con deportes? ¿con arte? ¿cara? ¿de nombre? ¿o sólo donde los niños se sientan felices?”

María, que así se llama la susodicha, me cuenta que paga un montessori donde sus hijos aprenden equitación, yoga y chino, aunque el inglés no es muy bueno. Sin embargo, los chicos son muy felices en esa escuela, sobre todo porque aprenden “a hacer las cosas a su ritmo, con calma”. Su duda es si hace bien o mal dejándolos ahí.

Seguro que todos hemos escuchado que la mejor escuela es la que queda cerca de casa. En una ciudad como el Distrito Federal ésta debería ser la primera condición a considerar a la hora de escoger escuela, pero conozco casos en donde padres e hijos hacen recorridos de hasta una hora para ir y venir del colegio de sus sueños. Confieso que soy una de ellos.

La psicóloga Julia Borbolla, en tipkids sugiere un ejercicio en tres pasos para que los padres definamos nuestras prioridades a la hora de escoger escuela para los hijos: establecer lo que consideramos indispensable para su formación académica; determinar las cosas importantes que debe haber en la escuela y considerar lo que no es básico ni indispensable, pero que nos gustaría que la escuela tuviera. En función de las respuestas que demos a estos criterios, tendremos una buena base para decidir.

Otro ejercicio complementario que puede servir es considerar qué posición guarda la escuela que nos guiña el ojo en relación a resultados como los de la prueba ENLACE (Evaluación Nacional del Logro Académico en Centros Escolares), directamente en el portal de la SEP   o en el de Mexicanos Primero.  También puede ser útil la guía de las 100 mejores escuelas que cada año publica la revista Chilango.

Poema

La mayoría de los padres que conozco han escogido la escuela de sus hijos por recomendación directa de un amigo o un pariente. En un pequeño sondeo que realicé predominan un par de convicciones básicas: que la puedan pagar sin arriesgar el presupuesto familiar y que enseñen por lo menos inglés.

Una tercera consideración es que [email protected] niñ@ esté feliz de la vida. Es decir, que no todas las escuelas son para todos los niños. Los hijos de mi dentista son un buen ejemplo. La niña es muy inteligente y aplicada y estudió primaria, secundaria y prepa en un colegio bilingüe de esos que dejan tarea por kilo, tienen un reglamento muy estricto y una matrícula muy grande. El niño, menor que su hermana e igual de inteligente, es muy inquieto y eso de las labores escolares nomás no se le da. Así que mi dentista tuvo que cambiarlo a una escuela más pequeña y menos tradicional, donde tuviera atención personalizada. Les ha funcionado muy bien.

La mayoría de los que somos padres de niños que cursan educación básica la tuvimos relativamente fácil en nuestra infancia: no había muchas opciones. Yo estudié la primaria en una escuela Artículo 123 que en aquella época educaba a hijos de trabajadores de Petróleos Mexicanos. Siempre supe a qué secundaria, prepa y universidad iría.

Hoy, muchos buscamos que los hijos tengan mejores oportunidades que las nuestras y tratamos de no repetir errores, del sistema o familiares. Por eso es tan difícil escoger, porque la decisión es nuestra y la responsabilidad también. Mis hijas han seguido los pasos de su hermano mayor y la han pasado tan bien, así que por ese lado el marido y yo estamos tranquilos.

La big sister cursará secundaria a partir de agosto. Ella hubiera preferido estar en la escuela a donde irá la mayoría de sus ex compañeros, pero por razones que consideramos indispensables para su bienestar la convencimos de probar en ésta. Si no funciona, será de sabios cambiar de opinión. Pero tenemos fe en este instituto. Ya les contaré.

 

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