La vida sin ti
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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
La vida sin ti
Chuchito murió el 3 de febrero de 2022 a las 5:30 de la mañana en mis brazos. Y yo no sé qué hacer con tanto dolor.
Por Mala Madre
8 de febrero, 2022
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En la historia de mi maternidad, las emergencias médicas de madrugada por algún padecimiento de mis hijes han sido una constante, de las que ya perdí la cuenta y las razones. La infancia de mis criaturas estuvo marcada por infecciones en las vías respiratorias que nos hacían correr a deshoras al hospital, la mayoría de las veces por temas sin mayores complicaciones. En una ocasión Theo llegó con tan buen semblante al área de urgencias, que nos avergonzó la despertada: el aire fresco de las 2 am había amortiguado la condición que nos había hecho correr y quedar en ridículo frente a un comprensivo personal médico. Pero no han sido los únicos sustos. Más recientemente, en agosto de hace tres años, tuvimos que correr a las 6 de la mañana de un domingo para que nuestro ortopedista atendiera la rodilla que mi hije se zafó tras una caída en el baño. Ameritó operación.

Así que en la bien aprendida lógica de mi madre, he preferido pecar de exagerada que dejar de hacer lo necesario en beneficio de mis seres queridos. Evidentemente, esto se ha hecho extensivo a los nuevos integrantes de la familia en los últimos años.

La primera vez que corrimos a medianoche al hospital por Baquito fue por una intoxicación con algo que comió en la calle y que lo puso en estado alterado. Por suerte no pasó a mayores, pero hemos tenido que batallar entre su condición de tragón irremediable y cuidar que no pesque nada de la impresionante cantidad de residuos alimenticios putrefactos que puede olfatear hasta debajo de las piedras en las calles de esta ciudad.

Por tanto no dudamos en correr a la clínica veterinaria cuando en la madrugada del pasado miércoles 2 de febrero Chuchito empezó a tener problemas para respirar. French poodle mini toy que mi amiga Edith rescató de una avenida en Ecatepec cuando lo vio correr entre los autos, Chucho llegó con nosotros el 10 de abril de 2019. Venía con una vieja fractura en su patita delantera derecha, 2 kilos y medio de peso, y una mirada triste que se vislumbraba a través de las cataratas que ya le habían cegado el ojo derecho, pero le dejaban una visión parcial en el izquierdo. Los médicos que lo revisaron le calcularon 7 años y le detectaron un problema en las vías respiratorias propio de su raza. Tras una serie de chequeos médicos por sus chillidos ocasionales de dolor cuando lo levantábamos, le encontraron un aplastamiento en su columna producto de un traumatismo. Lo operaron. En seis meses Chucho subió un kilo, se le suavizó el pelo y mejoró su ánimo. Corría emocionado con Baco a recibirnos cuando regresábamos a casa y demandaba que lo subiera a la cama, silla, hamaca o donde me encontrara apoltronada porque amaba el contacto físico. Me empezó a seguir a todos lados, a dormir en nuestra cama, a viajar con nosotros a Acapulco. Se volvió mi amoroso compañerito.

El doctor que lo revisó el pasado miércoles nos dijo que se trataba de una gripa que había que atender con antibióticos y que cuando estuviera mejor lo lleváramos de nuevo para que le hicieran estudios del corazón; al parecer había un soplo. Que ese ruido que hacía era tos, nada de cuidado, que saldría adelante con los medicamentos.

Ese miércoles Chucho pasó mal el resto de la madrugada, con tos e incomodidad. En el transcurso del día le di las medicinas, pero no quiso levantarse de su camita mullida, la que está en el estudio junto a la ventana donde pega el sol. No comió y se la pasó durmiendo. La tos había amainado. Con la esperanza de que los medicamentos hicieran efecto, me prometí llevarlo al doctor al día siguiente a primera hora, para que lo volvieran a revisar. En la madrugada del jueves 3 de febrero me despertó su respiración agitada. Mi marido y yo corrimos al hospital. En el camino podía oír su dificultad para respirar y unas cuadras antes de llegar lo sentí exhalar. Aguanta, Chucho, aguanta, por favor. El doctor nos recibió a las 5:30 de la mañana sin que pudiera hacer nada, Chuchito murió en mis brazos.

Llevo una semana atormentándome por lo que pasó. ¿Por qué el día que lo llevé no insistí en dejarlo en observación? ¿Por qué no regresé ese mismo día más tarde? ¿Por qué me esperé? ¿Por qué tardé en reaccionar? ¿Por qué, por qué, por qué? Me remuerde la conciencia que desde la fallida operación de los ojos unos meses antes, la cual consentí con la esperanza de mejorar su calidad de vida, yo sentía que Chuchito ya no la estaba pasando bien. Me partía el corazón verlo en su camita, sin correr a recibirnos porque tropezaba con todo y nomás no se hallaba. Comía bien y se acopló a salir de paseo mientras lo guiaba, pero ya no era el mismo de los tres años anteriores. El doctor me explicó que su fallecimiento pudo deberse a un error de diagnóstico. Que no era gripa, sino un edema pulmonar. Chuchito tenía todos los síntomas. Probablemente una enfermedad cardíaca no detectada. Tal vez una infección. Ciertamente, no me hace sentir mejor. Me duele profundamente que mi adorado Chucho no haya tenido la oportunidad de dormir e irse sin sufrimiento. Que no hayamos podido despedirlo como merecía.

Mi amiga Julieta me jura que yo no tuve la culpa, y Jaina me promete que este dolor pasará. María, mi vecina favorita, me dice amorosamente que no me torture, que no hubiera podido cambiar nada. Yo quiero creerles; les creo. Baquito no se despega de mí y el marido se desvive en apapachos. Duermo pensando en Chucho y me despierto pensando en Chucho. Lloro a la menor provocación y en los momentos más inoportunos. Perdóname Chuchito, hubiera dado lo que fuera para evitar que sufrieras. Para que vivieras feliz más tiempo. Para que olvidaras la dolorosa vida previa que llegamos a atisbar en tus ojos y que revelaba tu lastimado cuerpo. Sólo me resta honrar tu memoria y encontrar el mejor lugar en tu ventana favorita, para colocar la urna con tus cenizas en una almohada rodeada de flores y que te dé por siempre el sol.

@malamadremx

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