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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Hijos y padres incómodos
Lo que uno aprende en casa, te sale naturalito. Y si lo que aprendiste es prepotencia, no hay asesor de redes sociales ni de imagen que lo pueda ocultar. Mucho menos si a eso se suma tráfico de influencia y abuso de autoridad.
Por Mala Madre
29 de abril, 2013
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Hace 15 años, durante la precampaña de Vicente Fox a la candidatura presidencial del PAN, me tocó cubrir una conferencia del entonces gobernador de Guanajuato en el ITAM. Le fue bastante bien. Con decirles que hasta Alejandro Murat, hijo del gobernador electo de Oaxaca, le hizo un reconocimiento “por hablar siempre de frente”, antes de cuestionarlo por una participación previa en la UNAM. Ésa fue mi nota (Reforma 19/nov/1998).

El día de la publicación, un par de escuincles que dijeron pertenecer al grupo político del panista José Luis Luege fueron al periódico a quejarse de la nota y mi jefe me pidió atenderlos. Estaban bastante alterados. Un chico y una chica que no rebasaban los 20 años, según recuerdo, estudiantes itamitas presentes en la conferencia. Su reclamo era que Alejandro Murat, entonces estudiante y hoy actual titular del Infonavit, no había dicho lo que yo había escrito. Que cómo me atrevía a mentir de esa forma. Que ya habían pedido mi cabeza al director del periódico y que después de su queja a ver cuándo volvía yo a hacer periodismo. Que ellos llevaban años en la política y yo, pobre mortal proletariada, gracias daría de tener con qué vivir. O algo así.

Mientras los escuchaba por mi cabeza pasaban toda clase de conjeturas: ¿me equivoqué de nombre? ¡Pero si lo corroboré con Marta Sahagún! No, estoy segura que fue Murat quien dijo eso. ¿Y a éstos qué les pasa? ¿Qué no son panistas? ¿O su candidato no es Fox y por eso reclaman? ¿Y por una nota de interiores, apenas cumplidora? No manchen.

Lo que más me impresionó fueron sus caras. Rojas del coraje frente a las cuales blandían, de forma alternada según a quién le tocara el turno, el dedo índice acusador con el cual me rebajan a la clase a la que pertenecía, según ellos. La verdad me tenían atónita. No por la posibilidad de que su amenaza se cumpliera (el griterío era tan absurdo que nunca me preocupé por quedarme sin trabajo, no estaba en esa clase de periódico), sino porque ellos creyeran que me estaban espantando y por algo tan nimio. Cuando por fin salí de mi asombro atiné a decirles que podían pedir mi cabeza a quien quisieran, par de inmaduros. No saben cómo se ofendieron. Llamaron de nueva cuenta a mi jefe para exigir mi despido inmediato. Lo único que pasó es que recibí disculpas de Luege y hasta de Sahagún por la histeria de este par de chavos, cuyos nombres ya olvidé.

Desde antes y con mucha razón a partir de entonces, no puedo con la gente que cree que te puede poner un pie encima. Que te ve por encima del hombro. Que te barre, dirían mis hijas. Que pierden completamente la proporción de las cosas por que creen que el dinero que tienen, el cargo que ostentan (ellos o sus padres), la casa en la que viven o el auto que conducen, les da privilegios sobre los demás. Pero vaya, quién soporta algo así.

Por esta misma razón jamás he ido a un lugar (antro, restaurante, fiesta) en donde un cadenero o quién sea decide si puedo pasar o no, o si estoy en una lista. Ya me parecía aberrante en mi juventud, imagínense en mi edad adulta. Tampoco voy a restaurantes de moda sin reservación, en donde tenga que hacer fila de horas mientras desfallezco de hambre. Como la gente normal, pues.

A estas horas de nuestras vidas ya todos sabemos que Andrea Benitez, la hija del titular de la Profeco, Humberto Benitez Treviño, no es como nosotros. Chance y conozca a mis amiguitos itamitas del PAN. Ya sabemos también que armó un mega pancho el viernes pasado a la hora de la comida porque el Maximo Bistrot, un restaurante de la colonia Roma en la Ciudad de México, no le dio la mesa que quería en el momento en que la quería y pidió a su papá (o a quién haya sido, todavía no sabemos exactamente cómo estuvo) que clausuraran el lugar.

Todo este domingo nos la pasamos como yo aquél día de noviembre del 98, de incredulidad en incredulidad. Se armó el merequetengue en las redes sociales. Horas después llegó la disculpa de la niña por haber incomodado a los demás comensales con sus gritos, pero de ninguna manera se retractó. Es que el trato fue grosero y a ella también le incomodó mucho, según tuiteó en su cuenta que a partir de ahora tiene candado.

PROFECO Tuit hija 1

PROFECO Tuit hija 2

Más tarde el papá salió por fin a hacerse cargo… a medias.

El escándalo fue tal, con exigencia de renuncia incluidos, que la Secretaría de Economía tuvo que sacar un comunicado por la tarde-noche en el que asegura que hay una investigación en curso y que la Procuraduría Federal del Consumidor “se encuentra inmersa en una reestructuración que, entre otros objetivos, tiene el de actuar estrictamente apegado a derecho”. ¿O sea que hasta ahora no se hacía? ¿O cómo? Pos no entendí.

Lo que sí parece quedar claro es que los argumentos con los que pretendían clausurar el lugar no proceden, pues los verificadores afirmaron que sólo podían vender un mezcal (El Espadín), cuando la Norma Oficial Mexicana dice que se puede ése y 19 más.  Y que los del restaurante nunca especificaron ni respetaron el tiempo que tenía que esperar la señorita para que le asignaran mesa, cuando el artículo 7 de la Ley Federal de Protección al Consumidor dice que sólo se debe informar la política de reservación.

Para ese momento, cuando las aguas se suponían más calmadas, el Maximo Bistrot decidió que tenía demasiado apoyo y que requería deshacerse de algunas simpatías. Y que le da RT a un tuit a tono con el papelazo Benitez que provocó todo el escándalo. O sea, tal pa cual.

PROFECO RT BISTROT

 

 

No me asusta la naquez de nadie, pero aquí el adjetivo fue usado en un tono totalmente despectivo y muy equiparable a lo que nos imaginamos fue la escena del reclamo de #LadyProfeco. Qué necesidad de que los ofendidos salieran a darle su aval.

El asunto es legal por tratarse de abuso de autoridad y tráfico de influencias, aunque la clausura no se haya concretado; aspiraríamos entonces a que no se quede sólo en la renuncia forzada del procurador, sino a que haya una investigación que incluya las sanciones correspondientes.

Pero también hay un asunto moral que tiene que ver con lo que enseñamos a nuestros hijos. Si una de mis adolescentes hace algo indebido, sabe perfectamente que arderá Troya, así que lo pensará dos veces antes de actuar. De hecho, cualquier hijo nuestro lo sabe. Por eso me cuesta mucho trabajo creer que la hija de Benitez Treviño pensara en algún momento que estaba haciendo algo incorrecto. Sin más elementos que mi experiencia como madre y como integrante de la proletariada clase media, me late a que estaba haciendo uso de su derecho de pertenencia a la sociedad, ésa de la que hablaba Susanita. De la que tiene apellido y a la sartén por el mango. (No mi sartén y mucho menos mi mango).

Esas cosas se maman y en el momento justo le salen a uno naturalitas (como lo demostraron mis panistas itamitas). En otras épocas, de cero redes sociales, Internet y poca voz a las inconformidades, Andrea Benitez tal vez se habría salido con la suya. Hoy tenemos que dar gracias a la shulada de tecnología que nos ha dado el empuje que necesitábamos para estar friegue y friegue, para exhibir las violaciones a la ley y para evidenciar hasta los errores que cometemos como padres. Y también, por qué no, para ubicar a las partes de un conflicto, que en este caso parecen provenir del mismo palo.

 

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#YoSoyAnimal
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