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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Los lineamientos de la buena madre
Aquí van los lineamientos que toda buena madre debe cumplir, según la mayoría (no todos) de los apoyadores de la campaña pro lactancia del gobierno capitalino. No se vale cumplirlos a medias ni hacer trampa con justificaciones, que eso las convierte automáticamente en malas madres.
Por Mala Madre
3 de junio, 2014
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Con café en mano, pierna cruzada y actitud relajada, me receté todas las críticas a la crítica de la campaña pro lactancia del gobierno capitalino. Resulta que estaba yo equivocada: la mujer deja de ser una persona con derechos ante la llegada del escuincle y su obligación es regocijarse con la maternidad y demoler obstáculo tras obstáculo – laboral y social– para hacer lo que se espera de ella y no lo que pueda o le funcione, ya no digamos lo que se le pegue la gana. Ya estuvo con estas viejas argüenderas.

Así que aquí van los lineamientos que toda buena madre debe cumplir, según fui informada por mis más fervientes impugnadores, so pena de ser quemada en la leña verde del juicio público por atentar contra lo que tanto trabajo costó a los creadores del 10 de mayo construir para que nuestras progenitoras tuvieran su monumento. No se vale cumplirlos a medias ni hacer trampa, que eso las convierte automáticamente en malas madres.

1.- Amamantarás a tu hijo, de preferencia escondida en algún lugar privado –como el baño del restaurante, por ejemplo- o asfixiándolo con la cobija para que nadie tenga que ver tu seno expuesto.

2.- Te sacarás la leche cuando regreses a trabajar, así lo tengas que hacer en el baño de la oficina (qué obsesión con los sanitarios) y con el equipo que consigas por tu cuenta. Que el empleador no provea las condiciones y la infraestructura necesaria no es pretexto para que no cumplas con tu obligación. Porque es tu obligación.

3.- Si no puedes amamantar por razones médicas o fisiológicas se te dará chance de dar la fórmula, siempre y cuando lo justifiques y lamentes profundamente tu desperfecto orgánico. Hay que estar mal hecha, de veras.

4.- Criarás a tu bebé en colecho, sí o sí. Nada de dejarlo en el moisés o mandarlo a su cuarto a la primera de cambios, que crecerá traumado y sin afecto.

5.- No tienes derecho a desahogarte ni a dar testimonio de una maternidad con altibajos o depresiva. Abnegación y súperpoderes ante todo, que el monumento ya nadie nos lo quita.

Obvio, no cumplo ningún punto. Amamanté a mis hijas sin pudor, preferí renunciar a mi trabajo cuando tuve la oportunidad antes que complicarme la vida con sacaleches y mamilas, no las crié en colecho porque así lo decidimos el marido y yo, y me la paso desahogándome con quien se deje y a los cuatro vientos de las vicisitudes de mi maternidad. Que a pesar de ello mis hijas hayan crecido sanas y con amor, seguro es una casualidad. Que me la haya pasado bomba en esos primeros años –y siga en la fiesta– por no hacer todos los sacrificios y rituales que se me han exigido tampoco cuenta. Que respete profundamente a quienes deciden sacrificarse y asumir los obstáculos vigentes, porque quieren o no tienen de otra, a pocos importa.

Porque a fin de cuentas ése es el mensaje que leí en la mayoría (no todos) de los comentarios y debates criticando a la crítica de la campaña pro lactancia: la maternidad es una y si no se hace de la forma correcta no sólo se está mal, se atenta contra lo más sagrado (cualquier cosa que esto signifique) y contra los propios hijos. Nada de que ésta soy yo y mi circunstancia, mucho menos es mi cuerpo y yo decido. Y ya ni hablar de las condiciones laborales y sociales, de equidad de género, de maternidad y paternidad compartida, y de todos esos argumentos egoístas de Beatriz Gimeno en su post de 2011.

Mucho juicio y poca disposición a entender la problemática nos dejan justo en el mismo lugar de donde se partió. Campañas pro lactancia siempre han habido y son permanentes, pero no han tenido la fuerza ni la difusión necesaria para revertir ese 14.5 por ciento de mujeres que amamanta de forma exclusiva los primeros seis meses de la vida de sus bebés, como bien reporta Save the Children. El tema se plantea y se debate cada vez que una madre pare a su hijo. Acompañar y encaminar las decisiones personales y de pareja con políticas públicas funcionan más que los linchamientos. Va de nuevo por si no se entendió: a favor de la lactancia -sí, a favor- y de una maternidad libre e informada. A partir de ahí, que cada quien decida lo que mejor le convenga.

 

@malamadremx

 

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