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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Los regalos que me da gusto recibir
Por Mala Madre
29 de diciembre, 2011
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Tengo una amiga con quien nunca quedaba bien a la hora de regalarle algo en su cumpleaños. Los primeros años de conocerla intenté hurgar en sus gustos y le obsequié cosas que pensé atinadas. Craso error.

El primer año de conocernos la bolsa de asa corta fue cambiada por una de lazo largo. El segundo año, el libro que me esmeré en buscar fue guardado sin quitarle siquiera el celofán. El tercer año le regalé una blusa que nunca le he visto puesta y que imagino cambió por otra de su gusto. A partir de entonces caí en la cuenta que no estaba prestando suficiente atención y para el cuarto año me lucí con unas camiseras polo de las que siempre usa y que recibió con tanta emoción que ya perdí la cuenta de las veces que se las he visto puestas.

Me gusta pensar los regalos que doy y gozo mucho cuando sorprendo realmente a quienes los reciben. No siempre lo consigo, pero lo intento. Me ha pasado muchas veces que el regalo ideal se atraviesa en mi camino meses antes de la fecha en que debe ser obsequiado, por lo cual ya tengo mi lugar secreto para guardarlo hasta que llegue el momento oportuno.

Me da un placer enorme regalarle a mis seres queridos algo que sé que van a disfrutar. No me gusta regalar por regalar y odio sentirme con la obligación de hacer un regalo. Santacloses aparte, me choca la costumbre de esperar un regalo en las fiestas decembrinas. Me explico.

No me gusta la gente que regala esperando recibir algo a cambio. Que compra “detallitos” (cochinaditas pues, he llegado a escuchar) para todos y que luego se ofende si uno no corresponde igual (“¿te fijaste? ¡Fue incapaz de traerle un detallito a fulanita!). A ver.

Una cosa es que uno deba ser educado con la parentela (o con cualquier gente) y otra el consumismo a todo lo que da. Porque uno no llega con las manos vacías. Este año, por ejemplo, decidí regalarles a mis familiares de ambos lados el pavo de la cena. No comprado, sino cocinado con mis manitas, con todo el amor y dedicación de la que soy capaz. Creo que me quedó bien y que cenamos rico. Pues hubo quienes no lo probaron y que dijeron esperar otra cosa. Y tengo la certeza de que no lo dijeron en broma.

Pues mala suerte. Cuando uno tiene una parentela tan grande, no siempre es posible darle regalos a todos, aunque sean cochinaditas. El chiste del regalo es que tenga un sentido para quien lo recibe. He visto criaturas abriendo decenas de obsequios que son dejados a un lado en el segundo mismo en que descubren lo que es y ponen cara de “ah, qué lindo”. Y a lo que sigue.

Y ésa es la otra parte de mi molestia: los obsequios que no son apreciados, ya sea porque no eran lo que se esperaba o porque parecieron poca cosa. En lugar de recibir decenas de objetos materiales sin sentido, mil veces preferible uno que nos mueva el tapete, digo yo, y que no necesariamente tiene que ser lo de marca o lo de moda.

Finalmente, si lo que se busca es recibir un obsequio (más que darlo), funciona mejor hacer un intercambio. Así se toma uno el tiempo necesario para buscar incluso lo que a la persona que nos tocó le gustaría recibir y que pidió ex profeso. Me parece más práctico, más honesto y menos desgastante en lo que se refiere a la relación familiar.

Este año, liberados del cuento de Santaclós, mi marido y yo no dimos regalos a mis hijas… porque no. Así de simple. Y no pasó nada. Su abuela, su hermano y sus tíos les obsequiaron ropa, libros e incluso dinero en efectivo. Se los agradezco desde el fondo de mi corazón porque sé que son obsequios que les nació hacerles y que los dieron con gusto, sin esperar otro a cambio.

Y para quienes sí esperaban recibir algo material y la cena y la compañía no les pareció suficiente, lo siento mucho. Mi familia, mis amigos, la gente que nos conoce bien saben que pueden contar con mi marido y conmigo cuando haga falta y para lo que haga falta. Ése es el regalo que les hacemos todo el año, no sólo en diciembre.

Lo que me dio un gusto indecible fue que mis hijas no consideraran indispensable recibir un regalo, por primera vez en su corta vida. Gozaron y agradecieron los que les dieron sin esperarlos, pero no hubo reclamos a sus padres. Algo entonces ya hicimos bien. El próximo año, si me nace y encuentro el regalo indicado, o descubro incluso que puedo confeccionar el obsequio ideal, ahí estará a los pies del árbol por el simple placer de darles un gusto y no por cumplir con un compromiso. Estoy segura que si no lo esperan más gusto les dará.

Como esas bellas orquídeas, o el helado de huamishi, o la hermosa foto de la sobrina, o esas joyas heredadas que recibí este año y que me hicieron la fiesta completa, por el simple placer de saber que fueron regalos pensados sólo en mí y en hacerme feliz. Y nada más.

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