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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Mal servicio e injusticia: háganle cómo quieran
¿Que no funciona correctamente tu línea celular? Uy, es que así es el servicio. ¿Que te vaciaron la casa en vacaciones? Para qué no la cierras bien. ¿Que te chocó un auto que se quedó sin frenos? Ni alegues, porque aseguradoras y autoridad tienen un machote con la responsabilidad asignada antes de que suceda el accidente. Tristemente, en este país impera la filosofía de que cada quien se rasque con sus propias uñas, porque ante el mal servicio o la injusticia, nada se puede hacer.
Por Mala Madre
24 de septiembre, 2013
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El pasado miércoles 17 de septiembre mi marido sufrió un accidente automovilístico en un crucero. Un auto oficial del DIF que se quedó sin frenos se estrelló contra el suyo y le rompió la suspensión. Copiloto y conductor, un joven que primero dijo tener 22 años y luego 24 y al que nunca se le requirió comprobar su edad, admitieron que el auto “traía fallas” y que no había podido frenar. Otro automovilista, que atestiguó el choque, advirtió a mi esposo que una cuadra antes el mismo auto había estado a punto de chocar contra el suyo por la misma razón.

Llamadas a las respectivas aseguradoras y luego a esperar. Qualitas, aseguradora del auto que provocó el accidente, llegó primero. Nomás ver el crucero sin semáforo resolvió el caso: su asegurado circulaba por una calle ancha (vía primaria) y mi marido por una angosta (vía secundaria), por lo tanto la calle ancha tiene preferencia sobre la angosta. Ergo, el culpable era mi marido. Los autores del accidente se tranquilizaron y empezaron a chacotear a la espera de nuestra aseguradora. Después de casi dos horas apareció por fin ABA Seguros, cuyo ajustador llegó a la misma conclusión nomás echar un vistazo. Que el hecho de que le hayan fallado los frenos al que provocó el accidente nada acreditaba puesto que eso “le puede pasar a cualquiera”. Aquí la prueba irrefutable de culpabilidad era circular por una vía secundaria, sin preferencia.

Cuando escuché el argumento en voz del supervisor de ajustadores de ABA Seguros no daba crédito. Es la ley, me argumentó, y hay que cumplirla. Que el Reglamento de Tránsito así lo establece. Debo confesar que desconocía que el Reglamento de Tránsito estableciera quién es responsable de un accidente y que lo hiciera además antes de que éste ocurra. Porque ése es el acuerdo al que han llegado las aseguradoras y la autoridad, en su interpretación del Reglamento. A tal grado, que ante todos los intentos de mi marido por comunicarle al ajustador su deseo de que fuera la autoridad quien estableciera la responsabilidad, la respuesta siempre fue “de acuerdo, hacemos lo que usted quiera, pero va a perder”. O sea, no sea necio y deje de hacernos perder el tiempo.

El Reglamento de Tránsito Metropolitano establece en su artículo 8 fracción V que “el que circule por una vía primaria tiene preferencia de paso sobre el que pretenda acceder a ella”. De este enunciado, aseguradoras y autoridad interpretan entonces que en TODOS los casos de accidente automovilístico en un crucero, SIEMPRE tendrá la culpa el que circule por la vía secundaria, sin importar las circunstancias del accidente. El que circula por la vía primaria ya podrá ser menor de edad, no tener licencia de conducir, circular alcoholizado, a exceso de velocidad o con un vehículo en mal estado, que no tendrá responsabilidad alguna. Qué importa que todo ello esté sancionado por el propio reglamento, aquí lo importante es la interpretación que han hecho aseguradoras y autoridad.

Para que quede más claro: el que circula por la vía secundaria sólo podrá atravesar la calle o dar la vuelta hasta que no venga auto alguno por la vía primaria. Si se atreve a cruzar la calle después de haber hecho alto, comprobado que había suficiente tiempo y espacio para incorporarse a la vía, y el auto que circula por la calle con preferencia acelera para no dejarlo pasar y golpea su auto, la culpa será suya por atrevido. Habrase visto.

El correctísimo supervisor de ajustadores de ABA Seguros que atendió presto el caso de mi marido, después del berrinchazo que armó en las redes sociales (gracias Twitter), me explicó con toda la calma del mundo que este acuerdo interpretativo del reglamento entre aseguradoras y autoridad es en beneficio de los asegurados y, de paso, para que nos evitemos engorrosos debates sobre la responsabilidad de cada quien, según entendí. Más fácil para todos, ¿qué no?

Propongo entonces que se reforme completito el Capítulo VII del Reglamento de Tránsito (artículos 34, 35, 35 y 37) o que se incluya un addendum de esos que están de moda, para que autoridad y aseguradoras nos informen a los automovilistas su catálogo de responsables de accidentes para saber a qué atenernos. Nosotros por lo pronto ya no circularemos por las vías secundarias cuando usemos auto, a sabiendas de que en caso de accidente llevaremos las de perder.

A estas alturas de la vida no sé para qué nos obligan a contratar un seguro contra accidentes si no nos va a proteger. De qué sirve si las aseguradoras, en su afán de no pagar un quinto, evitan hacer el trabajo por el cual los asegurados les pagamos sin retraso, al grado incluso de pedirle al cliente que mienta, que sea deshonesto y que no acepte su culpabilidad en caso de que la tenga. Para qué, si a la autoridad sólo le importa saber quién venía circulando por dónde y ya, y no en qué condiciones ni circunstancias.

El caso nos dejó al marido y a mí desmoralizados. Aún cuando finalmente llegamos a un acuerdo satisfactorio con ABA Seguros sobre el arreglo de nuestro auto (¿ya les comenté que al otro no le pasó nada?), la sensación de ser ninguneados y humillados en primer término por quien debía protegernos es muy desesperanzador. Durante las cuatro horas que duró el absurdo incidente, en lo que esperaban por una patrulla que nunca llegó y por la grúa, el joven conductor del tsuru del DIF, su copiloto y el ajustador de Qualitas se rieron de mi marido en su cara. Nuestro ajustador su sumó al convite y terminaron los cuatro de piquete de panza.

No suelo ser pesimista, pero no puedo con este estado de indefensión en que nos dejan prestadores de servicios y autoridades, a cada paso que damos desde nuestra cotidianidad. No puedo con esta sensación de que a nadie ayudan, que con nadie quedan bien. ¿Que no funciona correctamente tu línea celular? Uy, es que así es el servicio. ¿Que te vaciaron la casa en vacaciones? Para qué no la cierras bien. ¿Que chocaron tu auto? Pos tú que circulas en vías secundarias. ¿Que secuestraron a una joven? Ah, pos que un narco la mandó pedir. ¿Y? Pues nada, qué se puede hacer.

Ya basta de solapar este valemadrismo, en muchos casos hasta criminal, de quienes deberían servirnos que para eso están. De aguantar esta manera de hacer las cosas en donde el no y la desidia van por delante antes que las ganas, el compromiso y la obligación de resolver los problemas. De fregarnos los unos a los otros en ese egoísta afán de ver únicamente por el interés personal y no por el bien común, así sea mintiendo y actuando con deshonestidad. De voltear la cara ante la desgracia y la injusticia ajena, en vez de ser solidarios. De permitir que funcionarios públicos,  gobernantes y prestadores de servicios actúen sin transparentar sus acciones ni rendir cuentas.

Ya estuvo ¿no creen? ¿Hasta cuándo nos vamos a dejar y dejaremos de ser unos dejados? ¿Hasta cuando entenderemos que el mal servicio, el abuso de autoridad, la gandallez y la injusticia cometida a uno nos pega a todos?

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