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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Mamá, ¿qué harías si me embarazara a los 15?
Ninguna madre quiere oír de su hija adolescente un “estoy embarazada”. Pese a ello, y según las cifras oficiales, nuestros hijos tampoco están recibiendo la información necesaria y suficiente para prevenirlo. ¿Saben ellos qué hacer? ¿Y ustedes?
Por Mala Madre
4 de diciembre, 2013
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Mi bullanguera progenitora tenía un método infalible para detener el acoso de las matronas familiares que intentaban tirar línea sobre el desempeño amoroso de sus tres hijas adolescentes y el buen cuidado del apellido materno previo al matrimonio, único futuro exitoso que veían para nosotras: “pues antes de que salgan de casa, siempre les doy su pastillita”. Mis tías se infartaban.

Por supuesto, nunca nos dio nada y yo crecí muy divertida por la forma en que la familia se escandalizaba. Tampoco es que nos haya hablado mucho del tema, pero en su momento se ocupó de que tuviéramos información a la mano. Supongo que también confió en que en la escuela se encargarían de darnos educación sexual, después de echarle una ojeada a los libros correspondientes.

A pesar de ello mi madre no la tuvo fácil y ha de haber respirado tranquila cuando nos vio terminar los estudios universitarios sin nietos de por medio. Ya saben, hijas de familia que partieron del pueblo solas (es decir, sin sus padres) para estudiar en el DF, quién sabe qué mitotes armarían. Pues bien, hoy puedo confesar con la conciencia tranquila que ninguna de las tres le dimos dolores de cabeza innecesarios, sólo los suficientes.

Veinticinco años después me pregunto cómo tuvo estómago mi santa madre para superar nuestra adolescencia sin mayores aspavientos. Sobre todo ahora que la adolescente mayor me suelta preguntas como “mamá, ¿qué harías si yo me embarazara a los 15?” Tiene 14. Después de 20 respuestas para soltar de bote pronto, me he preguntado si mis hijas sabrán qué hacer para no embarazarse. Y aunque no tener sexo hasta después de los 25 es la mejor opción que yo esperaría (ash, déjenme ser), sé que no puedo jugármela.

Mucho menos con los terribles datos que la Encuesta Nacional de Salud Pública y Nutrición 2012 nos ha dejado caer: hoy sabemos que se ha reducido a 13 el promedio de edad en que los jóvenes inician su vida sexual en México, que el 34 por ciento de las adolescentes no utilizaron ningún método anticonceptivo en su primera relación, que 1 de cada 2 adolescentes que inicia su vida sexual entre los 12 y los 19 años se embaraza, y que de cada 10 adolescentes embarazadas, 2 lo han estado en más de una ocasión. La cifra más triste es que un embarazo, o haber tenido un hijo, es la cuarta causa de deserción escolar en jóvenes de 15 a 19 años. Y la más grave: la probabilidad de que una adolescente muera a causa del embarazo o el parto es dos veces mayor que la de una mujer de entre 20 y 30 años.

Mis adolescentes saben desde la primaria lo que es una relación sexual por una serie de pláticas que les dieron, y ahora en la secundaria han investigado en la clase de biología sobre métodos anticonceptivos. Pero ellas, sus amigas y sus compañeras de escuela desconocen los datos sobre lo que les está pasando como generación y la alerta que ello significa en términos de salud pública y de sus oportunidades como jóvenes. Y parecen no ser las únicas. A pesar de ser información oficial, las autoridades prefieren no asumir la responsabilidad que les toca como si se tratara de un problema ajeno a sus facultades y funciones.

Como padres podemos y debemos debatir y ejercer nuestro derecho a educar a nuestros hijos como consideremos conveniente, pero hay una realidad en la que el Estado debe intervenir con políticas públicas: las y los adolescentes necesitan información para no embarazarse y la abstinencia no es opción para la mayoría. Y es obvio que esta información no la tienen o no la están usando.

 

Por eso me sumo a la campaña del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) para recuperar las oportunidades perdidas. El movimiento se centra en las propuestas que ya han hecho el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), la UNICEF México, la Organización Panamericana de la Salud (OMS/OPS México) y diversas organizaciones en México para revertir las cifras que provoca el cerrar los ojos a la realidad: prevenir y atender la violencia sexual, eliminar el matrimonio infantil, impartir educación sexual, garantizar acceso a métodos anticonceptivos, brindar consejería amigable, evitar deserción escolar, garantizar el acceso a la interrupción legal del embarazo y proveer servicios de salud reproductiva especializados.

El marido y yo no queremos que nuestras hijas inicien su vida sexual a temprana edad y mucho menos que se embaracen. Pero no nos van a preguntar qué nos parece; cuando ellas decidan, lo harán. Así que sólo nos queda proporcionarles toda la información posible para que tomen la decisión correcta y no pierdan sus oportunidades. Y la próxima vez que alguna de las dos nos suelte su pregunta capciosa, nos ocuparemos en que sepan responderse a sí mismas qué hacer para que eso no suceda.

 

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