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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Mi niña no llora
Entre lo que le heredé, la adolescencia y el haberla inscrito en la escuela equivocada, mi niña no la ha tenido fácil. Y hoy llega a sus 15 en un mundo que tampoco ayuda.
Por Mala Madre
6 de julio, 2016
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Para Natalia, que hoy cumple 15 años

 

Cuando la más pequeña de mis hijas entró a la secundaria, la directora y la psicóloga de la escuela me mandaron llamar; necesitaban hablar conmigo del examen de admisión. Medio que me preocupé. No tenía duda de los resultados académicos porque mi niña es inteligente y disciplinada, pero no pude evitar llegar a la cita con un hoyo en la panza.

Efectivamente, no era lo académico lo que les preocupaba, sino los resultados del estudio psicométrico. En particular, dos rubros en los que sobresalía: su alto sentido de la justicia y su depresión. Mi hija se sentía muy respaldada y muy acompañada por nosotros, su familia, y al mismo tiempo, estaba deprimida.

Respiré. Confieso que el orgullo se me desbordaba: mi hija sabe que cuenta con sus padres, su hermana, su hermano. Ya con eso, que se caiga el mundo. ¿Pero una adolescente deprimida? Por favor, maestras de secundaria, cuál es la nota. Tomé los resultados del examen de mi hija y salí de ahí.

Obvio, no lo eché en saco roto; de hecho ya llevábamos un rato con el tema. Bien sabe nuestra psicóloga de cabecera, mis amigas más cercanas y ustedes que me leen lo que nos ha costado a los cuatro convivir con la adolescencia. Las veces que hemos querido tirar la toalla –como si eso fuera posible- compiten con la mala calidad del aire chilango. Un día sí y otro también. Pero uno sobrevive porque esos dos seres irritantemente autónomos en que se han ido convirtiendo mis hijas son el oxígeno que me permite vivir.

Así que en estos tres años de secundaria mi niña ha crecido manteniendo en alto su sentido de la justicia. Y trabajando su depresión. Entre lo que le heredé, la adolescencia y el haberlas inscrito en la escuela equivocada, no la ha tenido fácil. A lo último ya le puso remedio cambiándose a una nueva escuela y lo segundo es cuestión de tiempo, aunque ahora la pesadilla ya no termina a los 18 años sino hasta los 25 (alguien explíqueme por qué). Lo primero está más complicado y se ha ido trabajando; se hace lo que se puede con la estúpida herencia de los antepasados. Perdón mi niña, qué más hubiera querido yo que heredarte pura cosa buena y no mi consuetudinaria y nunca tratada depresión.

El pasado 12 de junio, a la depresión se sumó el miedo. Mi niña, quien a los 10 años me confirmó que era gay, lloró al saber que 49 personas habían sido asesinadas y 53 resultado heridas en un bar de Orlando, Florida, por un crimen de odio. Hoy, como la orgullosa bisexual que es, se niega a esconderse por el miedo que siente a ser juzgada, discriminada o agredida, sólo porque a alguien no le guste lo que ella es.

Finalmente la depresión y el miedo pesan, pero no tanto como su sentido de la justicia. A su corta edad ya entendió que ese mundo más justo y menos desigual no se va a hacer solo y hay que aplicarse. El saberse respaldada por su familia y contar con buenos amigos que no la juzgan equilibra en mucho la balanza, aunque haya quienes nomás no entiendan. Un compañero de escuela en particular no soporta que mi hija comparta en su perfil de Facebook lo orgullosa que va por la vida, como si hubiera costado nada que ella pueda expresarse así en una red social que leen sus abuelitos, sus tíos, sus primos y varios parientes que difícilmente fueron educados en el respeto a la diferencia y en la diversidad. Como si hoy costara nada ser diferente y salirse de la norma. Como si 49 personas no hubieran sido asesinadas por ser de la comunidad LGBT+. Como si él mismo no fuera una prueba de todo el trabajo que falta por hacer.

Mi niña cumple hoy 15 años y yo quiero que sepa que la amo y que siempre la amaré. Que la vida con ella es estimulante, emocionante y un constante aprendizaje. Que ser su madre es un placer. Y que si bien no puedo evitarle las penas, trabajaré incansablemente a su lado para que su respuesta ante la adversidad y las injusticias de la vida no sea la depresión, el miedo o el llanto, sino levantarse tras caer, que yo siempre ahí estaré. Aun cuando ya no esté.

 

 @malamadremx

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