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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Mi peor pesadilla
Por Mala Madre
22 de mayo, 2012
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Desde finales del año pasado, cada principio de mes sufro. Me da terror abrir mi correo y encontrarme con el temido remitente que identifico con la escuela de la big sister. “Señores padres de familia, se les comunica que ayer se entregaron las calificaciones correspondientes al mes de…”

Si el mail está fechado dos días antes y no he recibido nada, la cosa pinta mal. Si pregunto y me responde que hubo un error con una calificación y que por eso no trajo la boleta, el asunto empieza a adquirir color de hormiga. Si la respuesta es “¿cuál boleta?” ya valió. Las calificaciones sólo se retienen y se entregan personalmente a los padres de familia cuando hay materias reprobadas. Sí, en plural.

Tuve que ir con una psicóloga. Alguien que me orientara sobre cómo manejar lo que para mí era impensable: que una hija mía sacara malas calificaciones. Yo, la malamadre perfecta. A mí, a quien la escuela se me dio muy bien. Esta servidora señora de la casa, periodista de tiempo completo y #CiudadanaPendienteDelTemaElectoral que tiene todo en absoluto control:

-¿Hiciste la tarea?

-Claro.

-¿No tienes nada pendiente?

-No.

-¿Nada que estudiar o repasar?

Nopo.

-¿Algún recado que leer, algo que firmar?

-Que nooo. ¿Ya ves? No confías en mí.

-Ok.

 

Ajá. Después del primer bimestre, en que todo salió bien, el resto de los meses no se han ido en blanco. En su favor diré que ha sido muy democrática y que no ha discriminado materias. El tronadero ha sido incluyente y rotatorio.

Eso sí, no le pregunten sobre el último chisme en Facebook o lo que se comenta en Twitter (red social en la que no tiene cuenta) porque es la mejor informada. Es el chismógrafo ambulante de la escuela y no hay vida y obra que se le escape.

Me ha costado pasar del azote a la acción. Que mi hija cumpla al pie de la letra el manual del adolescente es algo para lo que no estaba preparada (¿por qué crecen, chihuahuas?). Y ya me dio por contestar como Andrés Manuel en el debate cuando me preguntan cómo van mis hijas en la escuela: “pues este año mi cuna de Moisés ha floreado muy bonita”.

El remedio para ayudar a mi hija a enderezar su desempeño académico ha venido de donde debía: de la escuela. La big sister y yo tenemos la fortuna de haber escogido una institución que está al pendiente de sus alumnos y que al momento en que detectaron el primer problema nos buscaron a mi marido y a mí para organizar un plan de acción, que poco a poco ha dado buenos resultados.

Lastimosamente, esta historia no la pueden contar los padres de 300 mil alumnos de 14 mil escuelas primarias de Oaxaca. Y no porque sus hijos vayan mal y no haya forma de ayudarlos, sino porque cada mes de mayo, en los últimos 29 años, más de 70 mil maestros pertenecientes a la sección 22 del Sindicato de Trabajadores de la Educación (SNTE) realizan paros de labores indefinidos que han impedido la conclusión del ciclo escolar en tiempo y forma, con la debida afectación al desempeño académico del alumnado.

 

Maestros de la sección 22 del SNTE iniciaron el plantón de este año. Foto: Periódico Milenio.


De nada ha valido la organización de los padres y la exigencia a las autoridades educativas y al gobernador en turno: los niños de Oaxaca no tienen las mismas oportunidades de educación que los niños del resto del país.

Ayer lunes 21 de mayo inició el plantón correspondiente a este año, en protesta por el incumplimiento de castigo a las agresiones que sufrieron en las movilizaciones de 2006  y en demanda de mejoras salariales. Las razones y forma de la movilización pueden ser debatibles, pero no hay duda alguna de la afectación irreparable que han sufrido generaciones enteras de niños oaxaqueños.

Después de conocer este hecho, me preguntaba la peque sobre qué pasaría si todos tuviéramos que estudiar en escuelas públicas. Dije que eso motivaría una mayor presión social para exigir una educación de más calidad y con mejores servicios. Elevaría el estándar. Obligaría a autoridades y maestros a impedir que se repitieran casos como el de Oaxaca.

Porque tiene más autoridad y lo escribe mejor, retomo la reflexión de Thomas L. Friedman, tres veces ganador del premio Pulitzer, respecto a la separación cada vez más grande entre ricos y pobres, (en nuestro caso entre los que pueden pagar una escuela privada y los que no), y la erosión que esto provoca en las instituciones “para la interacción de las clases y los espacios públicos que forjan un sentido de experiencia común y ciudadanía compartida”.

“Estamos perdiendo lugares e instituciones que solían reunir a las diferentes clases sociales (…) A menos que los ricos y los pobres se encuentren unos a otros en la vida cotidiana, es difícil pensar que participemos en un proyecto común. En un momento en el que para arreglar a nuestra sociedad tenemos que juntos hacer cosas grandes, difíciles, la mercadización de la vida pública se vuelve otra cosa más que nos separa.

“La democracia no exige una igualdad perfecta, pero sí exige que los ciudadanos compartan una vida en común. Ya que es la forma en la que aprendemos a negociar y tolerar nuestras diferencias, y en la que llegamos a que nos importe el bien común”.

Entre la asesoría que he recibido de la escuela de mi hija y la de mi terapeuta, he tenido que cambiar el cassette de la imposición (“soy tu madre y sé lo que te conviene”) al de la negociación (“mi hija es un ser humano que reclama su independencia”). Este lunes la escuincla me entregó la mejor herramienta para motivarla a estudiar: “¿verdad que no me van a cambiar de escuela?” Sólo hasta que vio en peligro real su permanencia en el colegio donde ha hecho tan buenos amigos, se replanteó lo de seguir incumpliendo consigo misma.

Como que me late que los papás de los chiquillos oaxaqueños sin clases desearían en estos momentos tener mis problemas y no los suyos. Estar preocupados por si sus hijos le están poniendo todo el empeño o andan de baquetones, en lugar de que simplemente se les niegue el derecho a estudiar.

Algo gravísimo ocurre en este país cuando esta historia se ha repetido por 29 años. Y se pone peor cuando no se ve a ningún responsable, maestro o autoridad, preguntándose cuántos más.

 

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