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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Mi primera boda gay
Mala Madre asiste a una boda gay llena de normalidad, mientras que en una casa amiga, la palabra gay no puede ser mencionada por los niños, sin causar el espanto de los adultos
Por Mala Madre
1 de mayo, 2012
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El sábado pasado mi marido y yo asistimos a nuestra primera boda gay. Dos entrañables amigas unieron sus vidas de manera formal en una encantadora ceremonia civil en la que predominó la emoción de parientes y amigos por verlas juntas y felices. Como cualquier boda, pues.

Confieso que lloré. Se me escaparon las lágrimas al escuchar a los padres de ambas dirigirles palabras que desbordaban consejos, buenos deseos y, sobre todo, apoyo total por su unión.

Y la juez. Tan atenta y correcta, con los errores predecibles de una autoridad que también se adapta a los nuevos tiempos: ¿el apellido de quién se pone primero para registrar a la familia? Ya me imagino los debates que se darán entre las dos para decidir cómo nombrar a los hijos que ya son deseados y planeados.

Fue un festejo lleno de buenas vibras desde el momento que comunicaron su decisión a sus padres y gente más cercana, hasta cuando acudieron a la delegación para hacer el trámite y fueron atendidos por la juez de manera normal, cotidiana, cálida. La mesa de regalos en la tienda departamental fue un plus: nada de cejas levantadas, ni tartamudeos o dudas sobre la forma de registrar a la pareja. Nadie se asusta ya. No después de dos años y cuatro meses de aprobado el matrimonio homosexual en el Distrito Federal.

Lo que más me gustó de la boda fue su normalidad. Jóvenes parejas gays amigos de las novias, departiendo junto con tías abuelas, primos, sobrinos y amigos heteros. Y niños. Chiquillos encantados con las tías que se casaban y que crecen sin telarañas mentales sobre la homosexualidad. Porque desde ya les están enseñando que todos tenemos derecho a vivir como queramos y con quién queramos, sin ser juzgados por ello.

Estos niños me hicieron pensar en los niños de mi propia familia. Hace unos meses, a mi sobrino consentido (de 7 años) se le salió comentar delante de los adultos que Bob Esponja es gay. El grito de sorpresa fue unánime. A ver, chamaco, ¿cómo? ¿De dónde saca usted que Bob Esponja es gay?

Mi curiosidad era real. La de mi hermana y mi cuñado era un poco de espanto. No sé si por no ofender a Bob Esponja o por considerar que la palabra gay no debía salir de la boca de su hijo. Mi querido cuñado concluyó que la incursión de su chilpayate en un tema tan polémico era resultado de haber comentado “cosas de adultos” delante de él.

Me quedé muda. Yo, que casi nunca rehúyo un debate, preferí dejarlo para mejor ocasión. Después pensé que debí haberles dicho que la homosexualidad es un tema que hay que tratar desde que son niños para evitar formar adultos homófobos, pero ahora se me ocurre que tal vez habría que empezar por prestar a los adultos un par de libros con información sobre el tema, para que tengan bases con qué educar a su hijo. Y sobre todo, para que ya no formen parte de ese 44 por ciento de mexicanos que no aceptaría vivir con una persona homosexual, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México 2010, elaborada por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred).

También podría darles la edición más reciente del informe de Crímenes de Odio por Homofobia, elaborado por la organización civil Letra S y avalado por el Conapred, que reporta que entre 1995 y 2009 se registraron 705 asesinatos de homosexuales, por el simple hecho de serlo.

Y tendría que hacer hincapié en que estos datos corresponden sólo a 11 estados del país, por la dificultad que existe para recopilar la información ya que sólo el DF tiene tipificado el crimen de odio por homofobia. Y hacerles ver que una proyección nacional de esta información reporta un estimado de 2 mil 51 personas asesinadas “por tener una preferencia sexual distinta a la heterosexual”.

Las cifras de dicho estudio, que puede consultarse aquí, ponen a México como el segundo país con mayor número de crímenes de odio por homofobia en América Latina, sólo superado por Brasil. Sí, todo esto tendría que decirles.

Me habría encantado llevar a mis hijas a la boda. Y aunque mis hijas se quedaron con las ganas de ir, entendieron que era un festejo pequeño y que nuestras amigas no pudieron invitar a todos los que hubieran querido. Me quedo con la satisfacción de haber visto a tanto niño y señora mayor compartiendo la felicidad de las novias. De conocer a sus padres y brindar con los amigos. Y de contribuir, aunque sea en nuestro pequeño entorno, porque se respete el derecho de todos a ser y existir.

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