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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Guardería ABC: mientras no sean mis hijos...
A cuatro años de la tragedia en la Guardería ABC, que provocó la muerte de 49 niños, no entiendo como los dueños pueden dormir y creer que no tienen una deuda qué pagar.
Por Mala Madre
5 de junio, 2013
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Desde que mis hijas aprendieron a caminar y hasta los cinco años de edad fueron a una guardería particular. Las dejaba a las 9 de la mañana y las recogía después de las 4 de la tarde. En una ocasión decidí ir por ellas una hora antes de lo acostumbrado, porque sí, sin razón alguna en particular.

Ese día, por ser temprano, no había mucho tráfico en la calle. Una cuadra antes de llegar, al salir de la avenida principal y dar la vuelta, me encontré de frente con una escena que me provocó un escalofrío como nunca había sentido en la vida: una señora acababa de salir con su niño de la guardería y había dejado la puerta abierta. Unos metros detrás de ella, mi hija de tres años estaba a punto de bajarse de la banqueta y caminar derecho por una calle de doble sentido y con un par de autos circulando en ese momento.

Recuerdo que atravesé mi auto a mitad de la calle al tiempo que abría la puerta para agarrar a mi hija y tocaba el claxon como loca desesperada para que alguien –alguna maestra de la guardería, algún peatón, algún conductor, o la imbécil mujer que dejó la puerta abierta– corriera en mi auxilio.

La susodicha ni se inmutó, subió a su auto y se fue. El conductor del auto que venía de frente y al que me le atravesé, alcanzó a frenar y a preguntarme si todo estaba bien. Medio me estacioné y con mi hija feliz de verme entré a la guardería con la espada desenvainada y el apellido hasta el cielo. Corrió a mi encuentro la recepcionista que había visto todo el incidente y con el rostro demudado no alcanzaba a disculparse por la tragedia que estuvo a punto de ocurrir.

A partir de ese momento se tomaron medidas drásticas para que semejante falla en la seguridad de la guardería no volviera a ocurrir. Hablé con la directora y dueña de la estancia, y decidí que no cambiaría a mis hijas (entonces de 3 y un año, respectivamente) toda vez que nada grave había pasado. Me convenció el hecho de que asumiera la responsabilidad por el bienestar de mis niñas, y de todos los niños bajo su cargo, así hubiera sido una madre descuidada la causante del incidente. Como debe de ser.

Ese día ambas dimos gracias al ángel de la guarda que hizo que yo llegara al lugar correcto a la hora correcta. Ninguna de las dos quisimos imaginarnos lo que habría pasado si no hubiera sido así. No sólo por la vida familiar destrozada si yo hubiera llegado y no hubiese encontrado a mi hija, ni por el problema legal en el que se habría metido. Lo principal es que no habría podido vivir con el cargo de conciencia por no haber hecho bien su trabajo.

Desgraciadamente, los papás de la Guardería ABC no pueden decir lo mismo. Este miércoles 5 de junio de 2013 se cumplen cuatro años del incendio que provocó la muerte de 49 niños. Hoy hace cuatro años, se fueron a trabajar confiados en que dejaban a sus hijos en buenas manos y no fue así. Desde ese día se han topado con la parcialidad e insensibilidad de las autoridades que deberían procurar justicia y la empecinada negativa de los responsables a todos los niveles para asumir su culpa. Pero sobre todo, se han topado con unos dueños y socios a quienes se les hizo fácil entrar al negocio de las estancias infantiles sin reparar que su mercancía eran criaturas indefensas a las que debían cuidar y proteger.

Ligados a personajes del gobierno federal y estatal, Gildardo Francisco Urquidez Serrano, Sandra Lucía Tellez Nieves, Marcia Matilde Altagracia Gómez del Campo Tonella, Antonio Salido Suárez y Alberto Escalante Hoffer operaron del 2001 al 2009 tres guarderías subrogadas del IMSS, con todos los permisos y en regla, según ellos.

Sólo que unos días después de la tragedia (13 de junio de 2009), la Procuraduría General de la República encontró que desde el 2005 se habían detectado serias irregularidades en las medidas de seguridad de la guardería, mismas que fueron notificadas a los dueños pero no subsanadas. Cinco días después, la Asociación Nacional de Protección Contra el Fuego confirmó que las instalaciones incumplían “disposiciones básicas para evitar incendios”.

La tragedia topó con todos y nadie cayó. En septiembre de 2009, la Secretaría de la Función Pública concluyó la investigación sobre el incendio y notificó la presunta responsabilidad de siete servidores públicos del IMSS. Carla Rochín, coordinadora nacional de Guarderías del IMSS, y Sergio Antonio Salazar, director de Prestaciones Económicas y Sociales, fueron destituidos de sus cargos. Y nada más. Por más que intervinieron la Comisión Nacional de Derechos Humanos y la Suprema Corte de Justicia de la Nación no hubo forma de que alguien más de todos los responsables fuera sancionado.

Los dueños de la guardería han librado autos de formal prisión por los delitos de uso indebido de atribuciones y facultades, homicidio y lesiones culposas. Se ampararon, les negaron el amparo, se volvieron a amparar, les fijaron fianzas de dos millones de pesos a cada uno, hasta que finalmente fueron absueltos, por lo menos una de ellos según han denunciado los padres.

El máximo castigo que se ha impuesto hasta ahora a los dueños de la guardería ABC ha sido la inhabilitación de la empresa por parte de la SFP, una multa de mil salarios mínimos (1 millón 644 mil pesos) y el impedimento de hacer negocios con el gobierno.

Ya sabemos que al entonces gobernador Eduardo Bours, el incendio en la guardería nunca le ha quitado el sueño y que duerme “como bebito”.  Se mira al espejo y se siente bien. No sé si los socios de la guardería, sobre todo las mujeres y supongo que madres, Sandra Lucía y Marcia Matilde, compartan su sentir.

Cómo pueden dormir después de que su negligencia provocó la muerte de 49 bebés es algo que nunca entenderé. Es inevitable pensar qué habría pasado si el incendio hubiera ocurrido en la escuela de sus hijos, si ellos (¡ellas!) se habrían quedado cruzados de brazos ante la pretensión de los dueños y directivos por eludir la responsabilidad. Pero es que no son sus hijos. No conocían a los niños ni a sus padres (aunque eran sus clientes) y parece que no hay forma de que los vean como lo que son: gente que está sufriendo por su culpa.

Porque aquí no hay más. La responsabilidad directa sobre el bienestar de esos niños que les confiaban y por los cuales recibían un pago del IMSS era suya. Y aunque puedan eludir la ley, aún tienen una deuda qué pagar. Se lo deben a los niños. Se lo deben a los papás. Se lo deben a las 49 familias y a todos los que resultaron afectados porque un día decidieron hacer negocio con las vidas, los sueños y el alma de los demás.

 

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