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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Mi vacación de ensueño con las hormonas adolescentes
Me anticipé a la reforma energética y me fui de vacaciones con lo que me va a tocar. Las hormonas de las adolescentes se comportaron y pasaron la prueba; ahora falta que el Congreso pase la suya para que organicemos nuestras próximo veraneo.
Por Mala Madre
13 de agosto, 2013
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Hasta hace no mucho, las vacaciones con mis hijas implicaban para mí muchas cosas, menos descanso. Ya saben, cuando eran infantes tenía que cargar con cuanto chunche pudiera funcionar para su entretenimiento y bienestar, con la vana esperanza de disfrutar también el viaje. Ajá. El pequeño detalle es que nunca conté con el invaluable apoyo de una nana viajera, la única que me habría permitido agradecer el cambio de aires y no sólo –y por lo menos- dormir.

Años después, en su niñez, aspiré ilusamente a que la estrategia de parir más de una hija para que jugaran juntas funcionara, sólo para descubrir que en realidad lo que había garantizado era mi transformación de madre a réferi. Así que solía pasarme el fin de semana, los cinco días o los que fueran con la reiterada advertencia de que no importaba quién había empezado, porque en ese momento se acababa el pleito. Poco tiempo después descubrí que con invitar a la prima era más que suficiente para resolver el asunto de la entretenedera sin necesidad de abandonar la tumbona ni mi agua de coco.

Con la adolescencia el tema de la vacación tomó otro significado y este año adquirió un valor insospechado en nuestra relación familiar. El marido y yo llevamos a nuestras hijas a Nueva York, en un viaje soñado después de tantas películas y series de televisión. Nos tomó dos años de ahorro y pescar ofertas en cuanta página web pasaba por nuestras manos, hasta que nuestro presupuesto clasemediero nos permitió por fin escaparnos este verano. La pasamos bomba. No sólo por la vacación en sí (quién lo puede pasar mal en NYC), sino sobre todo por la oportunidad de cumplir un sueño a las hijas. Ver sus caras emocionadas por encontrarse en Manhattan pagó con creces las 25 horas al día que sus padres dedicamos al trabajo.

Foto: @malamadremx

Foto: @malamadremx

Empezamos bien y con enjudia. Ni el pequeño de tres años cuyo padre permitía que pateara los respaldos de nuestros asientos durante las 5 horas que duró el vuelo, mientras intercalaba una batería de porrazos contra una de las mesitas, nos quitó nuestra disposición y buen humor. A cada envestida la adolescente mayor me echaba miradas de “déjalo má, sólo es un niño”. Su humor no varió salvo por el pequeño episodio en el aeropuerto JFK, cuando el agente de migración regañó a la peque porque se adelantó a poner sus huellas digitales antes de que se lo pidiera. La volteadera de ojos de la big sister me hizo temer por un momento que fuéramos regresados en el siguiente vuelo a México por cortesía del gobierno de los Estados Unidos.

Entramos, nos instalamos y nos apropiamos de Nueva York. Para evitar conflictos innecesarios, dimos a cada una de las hijas una pequeña cantidad de dólares para que se lo gastaran en lo que quisieran y el presupuesto no se saliera de control. Cuidaron hasta el último céntimo. Se levantaron todas las mañanas sin protestar por la hora. Comieron lo que se les sirvió. Caminaron cuadras y cuadras sin desfallecer, a pesar de que los pies nos pulsaban. Aguantaron las tres horas de fila en el Empire State y los 60 minutos en el Lincoln Center Out of Doors para ver cantar a Rubén Blades y vernos bailar. Aceptaron ir a todos los museos, siempre que incluyera al de Historia Natural y el de Cera. Ni se inmutaron cuando nos perdimos en el metro rumbo al ferry para visitar la estatua de la Libertad, porque la estación de Whitehall Street se encontraba cerrada por las obras en la línea R. Nunca se engentaron y si por ellas hubiera sido nos habríamos quedado horas en las escaleras rojas de Times Square a ver pasar a tantos turistas de tan distintas nacionalidades.

Foto: @malamadremx

Foto: @malamadremx

Incluso les causó gracia mi estrategia para impedir que los gringos se me colaran en las filas, con esa descarada forma que tienen de hacerlo. Van según ellos distraídos, platicando, hablando por teléfono o con cara de dónde es el asunto y apenas cazan un hueco zas, se ponen delante de ti. La primera vez una parejita me tomó por sorpresa en la fila del Empire State y pasaron tan rápido a la taquilla que ni pío pude decir. La segunda fue en el Lincoln Center, donde mi mal inglés no me detuvo para decirle a la chica dónde terminaba la fila y que delante de mí no pasaba. La tercera vez fue en la tienda de M&M´s en Times Square, cuando una paisana latina quiso adelantárseme con todo y carriola sin bebé, aunque no había nadie detrás de mí. O sea #EnTodosLadosSeCuecenHabas. Y no vayan a creer que andaba yo por los niuyores poniendo en mal el nombre de México, eh, que mi estilo de portera llanera rebosaba en elegancia y buena educación.

 

Desayuno en Tiffany.   Foto: @malamadremx

Desayuno en Tiffany.                                                                Foto: @malamadremx

Mis hijas resultaron muy buenas compañeras de viaje a pesar de las hormonas adolescentes (tenía mis dudas, créanme) y se han ganado que las volvamos a invitar algún día de estos, siempre que salgan bien en la escuela y el presupuesto nos alcance con toda la abundancia que volveremos a administrar a la de ya y como país, tras la próxima reforma energética #DonLázaroCárdenasMediante #Dicen.

En lo que nos empiezan a repartir los dividendos de la inminente inversión privada en PEMEX, CFE y anexas (y por si las moscas) mi marido y yo nos concentraremos en trabajar como burros para que nuestras hijas conozcan otras culturas, otros estilos de vida, otros modos de hacer las cosas. Para que tengan sueños y aspiraciones. Y para que, sobre todo, no se conformen ni acepten sin cuestionar lo que los políticos de nuestro país nos dicen que podemos o no hacer, como aquél que viajó en primera clase con su familia en el vuelo de ida a nuestra vacación de ensueño.

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