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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
No critiquen a su presidente
Por Mala Madre
15 de mayo, 2012
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La semana pasada, mi hija mayor y sus compañeros de secundaria intercambiaban opiniones sobre el desempeño de los candidatos presidenciales en el primer debate organizado por el IFE.  Con lo que oyen en casa, ven en televisión, pero sobre todo, leen en las redes sociales, ya se han formado una idea bastante clara sobre el proceso electoral y en función de eso elaboraban su propio debate sobre el debate (del cual, he de decir, no registraron a la edecán).

Hasta ahí, todo bien.

El problema se dio cuando intervino un maestro, quien les advirtió que no hablaran mal del candidato del PRI, Enrique Peña Nieto. “No critiquen a su presidente”, les dijo. Mi hija y sus amigos se quedaron mudos como un nanosegundo para después arremeter con suficiente elocuencia el comentario. Pues todavía no se ha votado, reviró uno. Y por qué no hemos de criticarlo, a ese candidato y al que sea, expresó otra. Y por qué no han de criticar al presidente, agregaría yo.

Mientras me lo contaba, mi hija estaba verdaderamente ofendida por ese intento de reprimir su libertad de expresión y la de sus compañeros. No concebía que no pudieran decir lo que pensaban. El maestro se pasa, má, se pasa. Asentí.

Días después, Peña Nieto y un grupo de estudiantes de la Universidad Iberoamericana protagonizaron un zafarrancho que nos ha dado suficiente de qué hablar desde el viernes pasado. El candidato del PRI acudió a un foro invitado por la UIA. Un grupo de alumnos lo recibió y lo despidió con gritos de “fuera, fuera”, “te odio” y “asesino”, entre otros. Por ahí, aventaron un zapato que no alcanzó su objetivo.

En el ínter, contestó las preguntas que le plantearon.  Cuando se retiraba, una estudiante alcanzó a hacer un último cuestionamiento referente al operativo policíaco registrado en Atenco el 3 y 4 de mayo de 2006, que dejó dos muertos y 19 mujeres violadas por policías. Regresó y la respuesta que dio encendió los ánimos:

“Reitero. Fue una acción determinada, que asumo personalmente, para restablecer el orden y la paz en el legítimo derecho que tiene el Estado mexicano de hacer uso de la fuerza pública como además, debo decirlo, fue validado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación”.

El ex presidente de la SCJN, Genaro Góngora, quien participó en la discusión del caso Atenco, opina lo contrario.

Terminado el evento, el dirigente nacional del PRI, Pedro Joaquín Codwell, acusó a los jóvenes de ser “intolerantes” y pertenecer a un grupo “no representativo” de la UIA. Y a pregunta expresa en una entrevista en Milenio TV dijo que “habría que investigarlos”. El vocero del Partido Verde, Arturo Escobar, fue más allá y los acusó de ser “enviados” del candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador, para “orquestar un boicot” en contra de la participación de Peña Nieto en el foro universitario.

En respuesta, 131 estudiantes de la UIA subieron el pasado lunes 14 de mayo este video, viralizado en You Tube.

No es la primera vez ni será la última que estudiantes universitarios reciben así a un candidato o a un político. Si no pregúntenle al presidente Felipe Calderón cómo le fue en la propia Ibero en su campaña de 2006. O a Diego Fernández de Cevallos en la UNAM en la de 1994. Hasta huevazos le tocaron. Igual que a Luis Felipe Bravo Mena el año pasado en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán.

Nadie con dos dedos de frente está de acuerdo con la violencia. Nada justifica que se agreda a alguien porque uno no comparte su forma de pensar o sus acciones. Para eso hay instancias, incluso legales, por las cuales canalizar nuestro disenso. Mucho menos estaremos de acuerdo con que se impida su presencia y participación en un recinto universitario, como le sucedió a Francisco Labastida en la UNAM.

Lo que preocupa en el caso de Peña Nieto es la reacción del agredido y equipo que le acompaña. La descalificación de la protesta y de los protestantes como “un boicot” orquestado en su contra por mala fe, con oscuras intenciones, y no como una legítima manifestación de hartazgo por parte de jóvenes preocupados por el país que les estamos dejando. Podemos estar de acuerdo o no con la forma en que se manifestaron, pero no podemos de manera autoritaria conculcarles el derecho a hacerlo.

Se aceptan las porras pero no las críticas. Los aplausos pero no los gritos de inconformidad. Las pancartas a favor, pero no las que están en contra. Nada puede incomodar al candidato, que no se entere de lo que un sector de la población piensa de él. Sin embargo, lo que más preocupa es esa sensación de “y espérense a que sea presidente”. ¿Ya veremos lo que es amar a dios en tierra de indios?

El candidato del PRI debería ofenderse más por la situación del país, a la que él y su partido han contribuido, que por cientos de gritos de desahogo. Entender que aunque vaya adelante en las encuestas nada está escrito todavía y que, efectivamente, hay votantes que no lo apoyan y que tienen mucho qué cuestionarle. Hacer algo más que un spot en televisión y escuchar a las voces disidentes.

Pero sobre todo tiene (tienen) que asumir que como país ya probamos la democracia, con la que han crecido las nuevas generaciones. Y que no estamos dispuestos a que nos la quiten. Y menos sin protestar.

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