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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Papás, ¿saben quién tiene los datos de sus hijos?
Por Mala Madre
18 de abril, 2012
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El viernes pasado recibí una llamada que me alarmó. Una mujer preguntó por la mamá de mi hija mayor, o sea, yo. Tenía el nombre completo de la big sister y, obvio, el número de teléfono. Hablaba del Colegio del Valle para ofrecer sus servicios educativos.

Mi primera reacción fue preguntar cómo obtuvo los datos. La señorita me indicó que la escuela se los proporcionó. ¿Cuál escuela?, insistí. Y ahí ya no supo qué responder, o no quiso.

Le indiqué que no me interesaba nada que pudiera ofrecer una escuela que conseguía de manera ilegal los datos de los niños y que iba a presentar una denuncia por el hecho, a lo que ya procedí.

Mi caso no es el único. El año pasado me tocó investigar las llamadas que realizaba el Centro de Computación Profesional de México invitando a niños “seleccionados” de una base de datos que, según ellos, les proporcionaban “de la prueba Enlace”.

Tenían nombres, teléfonos y hasta direcciones de los chiquillos, lo que provocó alarma entre los padres que recibieron dichas llamadas. La Secretaría de Educación Pública, a través del Centro de Desarrollo Informativo Arturo Rosenblueth (CEDIAR) tomó cartas en el asunto y realizó una investigación. Concluyeron que los datos no salían de sus instalaciones, responsables como son de resguardar bajo cinco llaves y tres candados los datos de los niños que estudian educación básica en las 7 mil escuelas públicas y privadas que hay en el Distrito Federal.

El problema radica entonces en lo que pasa entre que los padres proporcionamos los datos de los niños en sus respectivas escuelas y la SEP los resguarda, no sólo en el DF, sino en todo el país. Hay ahí una fuga de información de la que nadie se hace responsable y que pone en riesgo la seguridad e integridad de nuestros hijos.

Cada periodo de inscripciones, escuelas privadas de todo el país realizan campañas que buscan garantizar e incrementar su matrícula. Primarias, secundarias, preparatorias y universidades hacen llamadas y mandan cartas para convencer a los papás de que son la mejor opción para los hijos. De dónde obtienen los datos que no son proporcionados por alumnos ni padres de familia es lo que preocupa. Y no es algo nuevo.

Mariana García, estudiante de primer año de la Universidad de Guadalajara, recibió de junio a septiembre del año pasado llamadas a su casa y a su celular, además de correspondencia, de universidades particulares que le ofrecían becas y facilidades para que se cambiara con ellos. Destacaba el interés de la Escuela Superior de Comercio Internacional de Guadalajara, de la que nunca había escuchado, y de la Academia de Música Fermatta. Pasado el periodo de inscripciones dejaron de insistir.

El hijo de Claudia Rivera estudia la secundaria en el DF. Hace unos meses una “trabajadora social” llamó a su casa para ofrecerle clases de inglés y computación. Argumentó que el niño había llenado un cuestionario con sus datos, lo cual madre e hijo aseguran que no es verdad. En la escuela del chico negaron haber sido ellos quienes proporcionaron la información. Quien hizo la llamada nunca mencionó de parte de qué escuela hablaba.

En 2003, cuando se encontraba en trámites para ingresar a la preparatoria, David Guzmán recibió llamadas de la Universidad Insurgentes y de la Universidad del Valle de México, en el Distrito Federal. Recuerda que “molestaban mucho” y que nadie en casa, mucho menos él, habían proporcionado sus datos. Sus primos también pasaron por lo mismo.

Algo similar le sucedió a Rafael Raygoza, quien recuerda haber recibido esas llamadas durante “casi” toda la primaria, la secundaria y la preparatoria. Las escuelas más insistentes eran ICEL, Universidad del Valle de México y la extinta Unitec.

Belem, de Ecatepec de Morelos, Estado de México, y egresada de la Escuela Secundaria Técnica No. 23, también fue víctima de llamadas por parte de escuelas privadas cuyos nombres no recuerda, pero que hasta correspondencia le enviaban. De eso, igual hará unos 9 años. Decían que la información la habían obtenido “de la base de datos de la secundaria”.

Más o menos por las mismas fechas, la hija universitaria de Mariana Belmonte fue contactada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) cuando se encontraba en secundaria, para invitarla a un desayuno en el que darían a conocer sus planes de estudio. Madre e hija nunca supieron cómo consiguieron el número de su teléfono particular.

Años después, la joven asistió a una feria organizada por la preparatoria en la que estudiaba y durante la cual consintió proporcionar sus datos a las universidades de su interés para que le enviaran la información requerida. Lo que es muy distinto a ser sorprendida y expuesta a un manejo turbio de su información personal.

Tal y como lo cuenta Pau T.: “mi hija trabajaba en promoción de prepa para el ITESM y obtenían datos visitando escuelas. Informaban y los chicos llenaban hojas con sus datos”. Ésta debería de ser la norma para todos los colegios… pero no lo es.

 


En julio de 2010 fue aprobada la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de Particulares. En diciembre de 2011 entró en vigor con la publicación de su reglamento en el Diario Oficial de la Federación. (Aquí, una explicación muy clara de Juan Carlos Carrillo, director de Desarrollo de Negocios de SM4RT y experto en el tema).  A partir de ese momento, contamos con el apoyo legal para exigir que nuestros datos, y con más razón los datos de nuestros hijos menores de edad, sean resguardados como es debido y no sean usados para fines que no han sido autorizados expresamente por nosotros.

La violación a este derecho se puede denunciar ante el Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI) y aquí pueden consultar el procedimiento.  Aquella empresa o persona que incumpla en la protección de nuestros datos personales puede ser sancionada hasta con 10 años de prisión (artículos 67, 68 y 69 de la Ley).

Esto no le quita responsabilidad a la SEP en el resguardo de la información que le confiamos de nuestros hijos, por lo que es indispensable presentar la queja correspondiente ante la Mesa de Ayuda del CEDIAR al teléfono 36 01 7171 y al Buzón Escolar de la dependencia, al número 36 01 8700.

No sé qué opinen ustedes, pero en casa no estamos dispuestos a permitir que expongan a nuestras hijas por causa de este tráfico de información. Ya pedí asesoría al IFAI al 01800 TELIFAI (835 4324) y estoy en proceso de presentar una solicitud de derechos ARCO (derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición) para que nadie más tenga acceso a sus datos personales. Los conmino a que hagan lo mismo. Ya les contaré.

 

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