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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Perder la inocencia
Por Mala Madre
8 de agosto, 2012
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Mis hijas, de 11 y 13, han seguido conmigo la participación de los deportistas mexicanos en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Primero porque no tenían opción (en mi casa se ven de forma reglamentaria, ya saben que aquí no hay democracia). Y después por gusto.

La emoción apareció por primera vez cuando observaron a Iván García y a Germán Sánchez aventarse sus clavados sincronizados de la plataforma de 10 metros, bien reconocidos con sus medallas de plata. Se llenaron de orgullo de género cuando Paola Espinosa y Alejandra Orozco repitieron la odisea en la rama femenil. Brincaron de gusto en la cardiaca final de tiro con arco, ante el destacado desempeño de Aída Román y Mariana Avitia, que consiguieron plata y bronce. Festejaron con merecidos aplausos que, en su tercera olimpiada, Laura Sánchez por fin haya conseguido una medalla, la de bronce, en el trampolín de tres metros.

La satisfacción de ver ganar a nuestros compatriotas en las disciplinas esperadas llevó a mi hija mayor a chatear con sus amigas el pase a la final de la selección mexicana de fútbol Sub 23, hecho histórico que nos ha puesto a todos a soñar. El próximo sábado nos enfrentaremos a Brasil. Sí, todos, no sólo 11 jugadores.

Todo era música y fiesta hasta ayer, cuando ya festejábamos la medalla de Yahel Castillo. Su participación en la plataforma de tres metros deprimió un poco a mi hija la chiquita. Teníamos oro, ¿cómo quedamos en sexto lugar? Después cayó en la cuenta: ¿mamá, cuántas de oro llevamos? Ninguna hija. ¿Cuántas medallas lleva el país con más medallas? 34 de oro, 21 de plata, 18 de bronce. China. ¿Por qué? Por qué que. ¿Por qué ellos llevan 73 y nosotros sólo 5? Debo confesar que ha sido una pregunta difícil de responder, como todas las que últimamente nos hacen nuestras hijas a su padre y a mí. No porque no sepamos la respuesta, evidentemente, sino porque nos da vergüenza responder.

 

 

¿Qué les decimos? Duele explicar que a pesar de los 101 deportistas mexicanos registrados en 23 disciplinas, nuestras esperanzas de más medallas se centran en María del Rosario Espinoza y en la selección de fútbol. Que la ausencia de oro nos ha puesto en el lugar 41 de 65 países que compiten, por debajo de Cuba (7 medallas, 3 de oro), Brasil (8, 2 de oro), Jamaica (4, 2 de oro), España (6, 1 de oro), República Dominicana (2, 1 de oro) y Venezuela (1 de oro). Y que los principales responsables de este desempeño no son los deportistas, que mucho hacen con sus propios recursos, sino las autoridades que manejan el deporte y la educación en el país.

Ahí tenemos la historia del marchista Eder Sánchez, quien, con su mejor marca de la temporada en caminata de 20 kilómetros, quedó en sexto lugar. No es justificación, pero no hay forma de entender cómo le hizo el Comité Olímpico Mexicano para entregarle de última hora un uniforme que no cumplió con la calidad requerida, a tal grado, que Eder tuvo que exprimir el short cada 500 metros para poder avanzar, según denunció.  Como correr con zapatos nuevos, pues.

También tenemos a Daniel Corral, que finalizó en quinto lugar en barras paralelas, convirtiéndose así en el primer mexicano que destaca en gimnasia. ¿Cómo le hizo? ¿Por qué sólo él?

Pero el mejor ejemplo son los clavadistas. Hace nueve años se empezó a invertir en la disciplina, incorporando a entrenadores chinos que han trabajado con jovencísimos talentos, que ya destacan. No ha habido magia ni suerte en ello, sólo trabajo. Ahora la duda es cuánto tiempo tardarán los gobiernos federal y estatales, y la lidereza del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Elba Esther Gordillo, para incorporar en el sistema de educación pública las instalaciones y el personal que permitan ubicar y entrenar a los futuros medallistas que tanta gloria darán al país, no sólo en clavados. Y con ello de paso, ya que estamos en eso, que permitan combatir también la obesidad infantil que nos aqueja. ¿Qué no?

Las preguntas de mis hijas nos han dolido a mi marido y a mí porque nos damos cuenta que ellas ya se dan cuentan, que han perdido su inocencia. Que ya entienden en qué país les tocó vivir. Que ya asumen que no tendrán las oportunidades que se les da a los niños en China, Estados Unidos, Gran Bretaña, Corea del Sur y Rusia, por mencionar sólo a los países que concentran el mayor número de medallas.

Porque no hay una forma fácil de explicarles por qué no se enseña natación, clavados, atletismo, tiro con arco, gimnasia y fútbol en las escuelas primarias y secundarias de todo el país. Por qué no son bilingües, con semejante vecindad. Quién es Elba Esther Gordillo y por qué dirige el SNTE de forma vitalicia desde hace 23 años. Por qué los niños de Oaxaca no tienen clases tres meses al año. Por qué los maestros se oponen a ser evaluados. Por qué el presidente electo no pudo citar tres libros que haya leído. Por qué la candidata de la derecha fue abandonada por su partido. Por qué el candidato de las izquierdas ha impugnado la elección presidencial. Por qué mienten todos los políticos.

Sin embargo, no nos tiramos a la resignación. Aspiramos a ser como esos deportistas que han sido seleccionados a los juegos por sus propios medios y han abierto camino a los que no los tienen, al obligar al gobierno a invertir en su preparación. Para que cada vez más seamos la Sub 23, Paola, Alejandra, Aída y Germán, en lugar de Leo Manzano,  orgulloso de su origen, pero orillado a triunfar en otro país que sí le dio la oportunidad.

 

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