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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Permiso para discriminar
Por Mala Madre
24 de mayo, 2011
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Hace unos días un amigo de mi hija de 11 años escribió en el perfil de su face “soy gay”. La respuesta fue abrumadora: “oye, como broma no es graciosa”, le respondió uno. “Bórralo de tu perfil”, exigió otra. El chico contestó que él no lo había escrito y sí… lo borró.

Y que conste que la hija de esta lifewife cursa primaria en una escuela activa, súper open mind, que se precia de promover entre sus educandos el respeto a la diversidad. Y estos chamacos van en sexto grado.

Conozco otro caso. Tengo una amiga a la que quiero y respeto mucho. Esta amiga tiene una hermana lesbiana, que a su vez tiene una misma pareja desde hace unos 15 años. Recién se casaron y mi amiga y su marido fueron a la boda, pero no llevaron a sus hijas. Su argumento para no hacerlo fue no exponer a su hermana a que las pequeñas de 12 y 10 años la juzgaran o le dijeran algo que la hiciera sentir mal.

Así que estas escuinclas creen que tienen dos tías, que viven juntas y van juntas a todos lados, incluso a las vacaciones familiares, pero no saben que son una pareja gay porque nadie se los ha explicado de manera abierta.

A mí tampoco me invitaron a la boda, con lo que me encantan. Gachas.

 

En el primer caso, el del amigo de mi hija, me dieron ganas de intervenir y poner algún mensaje como “bienvenido a la diversidad”, o “qué buena onda, yo también quiero un hijo gay” o algo parecido, pero prudentemente me amarré las manos y me mordí un cachete. Mi hija ni se enteró del asunto, así que no tuve la oportunidad de ver su reacción.

Si fue una provocación del chamaco para ver qué decían sus amigos o incluso si algún hermano se metió en su face por hacerle la diablura, la reacción de los demás no causará mayor daño. Pero ¿y si lo que escribió es verdad? ¿Si así lo siente? Desde ahora está aprendiendo que corre el riesgo de vivir bajo un estigma, discriminado hasta por su gente más cercana.

En el segundo caso no he tenido el valor de decirle a mi amiga lo que en verdad pienso del tema, porque parto del punto obvio de que ella y su marido no lo tienen claro. La única lesbiana a la que aceptan en su vida es a la hermana, justamente porque es su hermana y la quieren mucho, pero no entienden cómo alguien se puede enamorar de una persona de su mismo sexo. Y por lo mismo la mantienen en el clóset ante sus propias hijas.

Resultado: hace no mucho mi hija me pidió muy seriamente que hablara con mi amiga, porque no le gustó una plática que tuvo con Regina, la hija de la susodicha. Regina piensa que está bien que haya gente gay, “hay que ser tolerantes”, pero ellos también deben respetar a los demás y no “deben andar por ahí, demostrando su amor en público, guácala”. O sea, la niña tiene permiso para discriminar.

Honestamente, no veo cuál es el problema.

Cuando me entero de casos así es cuando entiendo los resultados de la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México, presentada el pasado 12 de abril por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), y que reporta que el 40% de los mexicanos, o sea, cuatro de cada 10, no permitiría que una lesbiana o un homosexual viviera en su casa.

Yo me quedo con el 52.2% a los que no nos causa conflicto alguno en el caso de las lesbianas, y con el 53.7% en el caso de los homosexuales.

Ya podrá la escuela de mis hijas tratar de inculcarles a sus alumnos el respeto a la diferencia y ya podrá la realidad ubicar cualquier día de estos a las hijas de mi amiga respecto a la condición sexual de sus tías, pero si en casa no trabajamos para formar hombres y mujeres que respeten lo diferente, difícilmente erradicaremos esta discriminación tan arraigada en nuestra sociedad.

Mis hijas tienen un tío gay y siempre lo han sabido. Lo quieren y lo respetan. Y aunque no lo tuvieran, ellas han crecido sabiendo que en esta vida hay heterosexuales, lesbianas, gays, travestis, blancos, negros, asiáticos, que el cielo es azul, que la cecina de Cuatro Vientos es la mejor del país y que cada vez que podemos nos vamos de vacaciones a Acapulco.

Espero algún día tener el valor de hablar con mi amiga y ojalá los papás del amigo de mi hija hayan registrado el incidente y actuado en consecuencia. Esta lifewife lo comentará con la maestra, con la esperanza de que algo se pueda hacer. Si es que hay algo que hacer. Y si no, pues no.

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