Prueba de amor - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Prueba de amor
Por Mala Madre
14 de febrero, 2012
Comparte

 

Todos conocemos la historia: en la época de nuestros padres y abuelos se usaba que algunos galanes pidieran a su novia “la prueba de amor”. La chica tenía sexo con el chico, confiada en que “le cumpliría” con una boda posterior en la que ambas familias tirarían la casa por la ventana. Muchos acataban la palabra empeñada, embarazo de por medio, y a otros nomás no se les volvía a ver.

En nuestra época eso es anticuado. Ahora lo común es ser sexualmente activos desde el noviazgo y, si hay futuro, entonces vivir juntos. Si de plano es el alma gemela, tal vez, y sólo tal vez, haya boda. Ay, doña Sara García, si los viera usted ahora… (Y a mí que me esculquen ¿eh? Yo me arrejunté, tuve a mis hijas y me casé, en ese orden, porque soy muy contreras).

Pues resulta que la famosísima prueba de amor se ha adecuado a los nuevos tiempos. Ya conocía la práctica, pero desconocía la dimensión que ha adquirido como fundamento de una relación bien llevada en pleno siglo XXI. Resulta que en algunas parejas se ha vuelto exigencia, para formalizar, el intercambio de las claves de acceso personales en las distintas redes sociales: Facebook, Twitter, correo electrónico y las que se acumulen.

La mayoría de mis amigas conocen las claves de acceso de sus maridos. De forma abierta, por mutuo acuerdo y les ha funcionado bien. Por ejemplo, mi amiga Andy tiene cinco años de casada y la libertad de ingresar a la cuenta de su esposo con su consentimiento. Y a la inversa.

La verdad es que accede en raras ocasiones. El sólo hecho de saber que puede hacerlo le anula las ganas de querer hacerlo. La lógica le dice que si su marido le confió las claves, entonces no hay qué esconder. El marido nunca entra a las cuentas de mi amiga porque “le da flojera”. Ambos dicen ser felices y se les nota.

No así en el caso de mi amiga Ro. Ella obtuvo las claves a la mala y cada vez que puede verifica en que anda el susodicho. Obvio, su obsesión son los mensajes directos. Alguna vez encontró un coqueteo con una compañera de trabajo y le armó un mega pancho de tales dimensiones que el berrinche le salió contraproducente. El drama ya no fue la pretendida infidelidad, sino la violación a la privacidad del interfecto.

Resultado: el esposo cambió las claves de sus cuentas y la relación se encuentra bastante dañada. El hijo de cuatro años que procrearon les impide de momento terminar la relación, pero tienen claro que tampoco pueden continuar así. Han decidido darse un tiempo a ver si encuentran la forma de arreglarlo, pero sus esperanzas son escasas.

El caso intermedio entre Andy y Ro es Naye. A ella no le interesa conocer las claves de su marido, por considerar que se trata de un asunto de confianza. Exigir algo así le parece una increíble falta de respeto.

Debo admitir que entre mis amigas es más común el caso de Andy que el de Naye. Ya no digamos el de Ro. Yo estoy dentro del primer grupo. Mi marido me dio sus claves de acceso en alguna ocasión por razones de trabajo, antes de los Ipads, las BlackBerry y los Iphones. No las ha cambiado, pero tampoco es necesario que me las aprenda. Invariablemente deja abiertas sus cuentas en los distintos dispositivos electrónicos, a la vista de todos en casa.

Sí, me he metido a husmear, lo reconozco. (Y he encontrado pura cosa aburrida, nada para chismearles, jeje). Pero también parto del principio de la querida Andy: en su disposición va el mensaje implícito de que no hay qué esconder. Otra cosa es insistir en ver las relaciones desde la desconfianza, pues en caso de tener bases, nuestras medias naranjas siempre encontrarán la forma de portarse mal y abrir otras cuentas con otro nombre y ya está.

A tal punto han llegado los problemas de pareja a raíz del uso cada vez más frecuente de las redes sociales, que ya alarman a los especialistas y a las instituciones públicas. Anualmente se incrementan los casos de [email protected] que les exigen a sus [email protected] el control de sus vidas, a través del acceso total de sus cuentas como “prueba” de su amor, y de esposos (o arrejuntados) que se acosan por la desconfianza.

Los datos más recientes son del 2007 (Encuesta Nacional sobre la Violencia en el Noviazgo realizada por el Instituto Mexicano de la Juventud) y reportan que entre los jóvenes de 15 a 24 años la violencia emocional predomina en sus relaciones de pareja (39.4 por ciento), seguida por la violencia sexual (8.2 por ciento) y la violencia física (6.8 por ciento).

En respuesta, el Instituto Nacional de las Mujeres ha iniciado una campaña permanente para vivir sin violencia y, en particular, para combatir el espionaje o acoso en las redes sociales, a través de un cuestionario en donde [email protected] jóvenes pueden identificar si pasan por algo así y a dónde pueden acudir para recibir ayuda.

 

En el caso de Ro, las primeras dos preguntas del test son su angustia más frecuente en la relación con su esposo. Y para cualquier esposo, tal obsesión sería suficiente para salir corriendo de ese martirio. Sus amigas le hemos sugerido que acuda al INMujeres, pero para pedir asesoría psicológica que le ayude a controlar sus celos.

Ojalá Ro aproveche este 14 de febrero para reconsiderar el rumbo por el que ha llevado su matrimonio. Y ojalá que ese 24.6 por ciento de las jóvenes que reportan violencia emocional y no acuden a nadie por considerar que “no tiene importancia” y “es normal en una relación de noviazgo”, lo piensen dos veces antes de dar otra vez las claves de sus cuentas y el control de sus vidas. No es normal y sí tiene importancia. Ojalá.

 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.