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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
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¿Cuántos hombres conocen que se hagan cargo de sus hijos recién nacidos a contrapelo de lo dispuesto por la suegra, las hermanas y las amigas de la parturienta? Pues en México cada vez son más los señores que participan e incluso cambian de roles con sus esposas, por necesidad o gusto. Aunque no tantos como quisiéramos.
Por Mala Madre
23 de julio, 2013
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Mi amigo Alejandro acaba de ser papá. Como buen hijo de su madre, calculó con suficiente anticipación lo que le esperaba al nacimiento de su primogénito y decidió no jugársela: leyó, se asesoró, practicó, tomó aire y, llegado el momento, dio un golpe de Estado familiar.

Ante el batallón matriarcal compuesto por la suegra, la tía, las primas y las amigas de la parturienta –o sea, su mujer- informó que gracias, que muy amables, pero que su encantadora solidaridad y disposición ya no eran necesarias. Que aunque entendía que el tema se había prestado por años de sabiduría mujeril a excluir a los hombres –con el beneplácito de la mayoría de sus congéneres— él no estaba dispuesto a ceder ni un ápice en la responsabilidad que gustoso había decido asumir. Se haría cargo personalmente de su chilpayate.

El matriarcado familiar todavía no sale de su asombro e incredulidad. Pero cómo. Cuándo se ha visto que la madre de la madre no pueda hacerse cargo de la hija y desplace al marido del lugar privilegiado que había ocupado al lado de su pareja hasta el día del parto. Pero en qué mundo es posible que el sabio consejo de la abuela y del resto de las mujeres cercanas no sea tomado en cuenta en lo que respecta a bañar, enrollar, arrullar y escoger la mejor técnica para darle de comer al bebé y sacarle el aire. Pero en qué universo cabe que un integrante del género masculino ose pretender que puede desempeñarse con éxito en la especialidad y joya de la corona del sector femenino de casi todas las familias de este país.

Papá de Mafalda

Confieso que cada vez que me entero de un caso así disfruto enormemente al imaginar las caras de estupefacción de las susodichas. También confieso que no fue mi caso, porque mi madre siempre ha sido muy respetuosa de lo que sus hijos en general hemos decidido. Y claro, porque mi marido y yo exigimos su presencia desde el segundo en que nació nuestra primera hija y estuvimos solos con ella en casa #SóloQueSeaPorEso.

Pues mi amigo Alejandro arregló horarios paternales en su trabajo, tomó acuerdos con su afortunada y desde entonces mucho más relajada compañera de vida, y emprendió la tarea que hoy, varios meses después, lo ha vuelto un hacha en cambiar pañales, en dar el biberón, en cantar canciones de cuna, en tomar fotos con su celular y en embobarse con la forma en que respira su bebé.

Ya quisiera yo ver a Kate y a William romper el protocolo del palacio de Buckingham a la hora de imponer sus criterios para cuidar y educar a su hijo recién nacido, como lo ha hecho mi amigo con los rituales de la familia mexicana. Todo el gabinete británico presenciando el parto es poco comparado con la presión que ejerce la expertise de una abuela que parió de manera genuina y natural a cinco o más hijos, de los cuáles se hizo cargo sin ayuda del marido que para eso estaban su madre, sus hermanas y sus vecinas. Porque el machismo implícito en el matriarcado mexicano no es gratuito, nos lo hemos ganado a pulso como sociedad. Y aunque cada vez hay más hombres dispuestos a asumir su paternidad y a participar en condiciones de equidad en los trabajos domésticos sin que nadie se los exija, ahí están los botones de muestra de la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México y el Censo Nacional de Población y Vivienda 2010: sólo 1 de cada 4 hombres colabora en las tareas de la casa, de las que se encargan el 59.8 por ciento de las mujeres en los hogares mexicanos.

Muchas mujeres de mi generación han tenido la oportunidad de compartir con sus parejas en condiciones de equidad el compromiso que implica vivir juntos y formar una familia. Cada vez es más común ver a padres encargarse de la casa y de sus hijos mientras la mamá trabaja o sale de viaje. Pero sigue siendo una minoría.

De acuerdo con un estudio de la firma De la Riva Group, difundido el año pasado, en México hay 488 mil 596 amos de casa, número que creció en 21.5 por ciento del 2011 al 2012. Estos señores decidieron cambiar roles con sus parejas mujeres por cuestiones prácticas (pueden trabajar desde casa), porque perdieron su trabajo, porque su esposa tiene mejores oportunidades de trabajo o gana más que ellos, e incluso por gusto. No obstante, sólo 1 de cada 10 hombres consultados estaría dispuesto a dejar de trabajar para hacerse cargo de la casa y de los hijos si a sus esposas les fuera mejor laboralmente.

Todavía no me queda claro si Kate y William tendrán oportunidad de hacerse cargo de su hijo como lo hace mi amigo Alejandro. O si querrán hacerlo. Igual acá les dejo los consejos de este portal español por si se animan (algún lector inglés que les pase el dato). Casi los imagino, igual que a la parentela de mi cuate, parapetados a la espera de que la institutriz designada por la casa real británica vaya al baño (y mi amigo a trabajar) para correr a cargar al hijo. Allá los ingleses y su realeza. Nosotros ocupémonos en que el matriarcado y el machismo mexicano den espacio a todos los Alejandros de este país, para que podamos educar varones y mujeres que enarbolen la equidad de género. Y para que cada vez haya menos suegras que se infarten porque los yernos cuiden a sus bebés sin pestañear ni requerir de sus amorosos servicios.

No es lo mismo igualdad que equidad

 

 

 

 

 

 

 

 

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