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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Salvando a las víctimas del crimen
Por Mala Madre
29 de mayo, 2012
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Hace un año y cinco meses que el ingeniero José Carlos Castro está muerto en vida. Ese fatídico 6 de enero de 2011, a las 2 de la mañana, un comando armado ingresó a su domicilio ubicado en el número 46 de Paseo Las Ánimas, en el fraccionamiento del mismo nombre en Xalapa, Veracruz, y secuestró a su esposa, a sus dos hijas y a la empleada doméstica. Así, sin más.

Don José se encontraba de viaje y fue enterado del hecho por sus familiares. Desde entonces no sabe nada de ellas. Ni una llamada, ni un mensaje, ni una pista aunque sea indirecta por parte de los secuestradores. Ni una solicitud de rescate ni el anuncio de una venganza. Nada. Simplemente desaparecieron de la faz de la tierra.

La mayor de las hijas de don José, Johanna Monserrat, tiene 22 años y es pasante de Arquitectura. Cuando desapareció se encontraba a unos días de presentar su examen profesional en la Universidad Veracruzana. Karla Verónica, de 19 años, estudiaba el tercer semestre de la carrera de Diseño Gráfico. Araceli Utrera, también de 19 años, era la empleada doméstica.

Josefina, su esposa, (o la Negra, como le dicen de cariño), tiene 50 años y es una conocida militante del PRI veracruzano. Tres días antes de su desaparición acababa de entregar el cargo que desempeñó durante año y medio como síndica única del municipio de Actopan, es decir, como segunda de abordo del alcalde Carlos García Lambert.

 

Dos semanas antes del secuestro, el 19 de diciembre del 2010, Campillo Carreto sostuvo un enfrentamiento con el tesorero del municipio, Arsenio Zárate Tirado, y con el propio alcalde García Lambert, luego que “por razones desconocidas” el ayuntamiento retuvo a sus trabajadores el salario correspondiente al mes de diciembre. Doña Josefina, con apoyo del personal a su cargo y de unos 10 policías, mantuvo encerrados en sus oficinas al tesorero y alcalde hasta que estos funcionarios resolvieron pagar a los trabajadores municipales lo que les debían, incluido el aguinaldo.

Esa no fue la primera vez que la esposa de don José fue nota de los medios locales. El 22 de febrero de 2008, Campillo Carreto protagonizó un confuso incidente del cual una versión dice que su domicilio fue objeto de un cateo por parte de la Policía Federal y la otra versión que fue víctima de robo con violencia, motivo por el cual habría intervenido la PF como parte del operativo “Veracruz Seguro”.

Ninguno de estos datos, que se encuentran a un clic en la red, aportaron información o sugirieron líneas de investigación al equipo comandado por el gobernador Javier Duarte, quien remitió el caso a la Subprocuraduría Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO).

 

Tuit del gobierno de Veracruz al tiempo que José Carlos Castro contaba la tragedia de su familia a Peña Nieto.


Ayer, don José expuso su tragedia ante el candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, al participar en el diálogo que el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) sostuvo con los aspirantes de todos los partidos.

“Mi esposa, señor Peña, apoyó a los candidatos de su partido y la dejaron sola. Ésa es su gente”, se lamentó. “En su momento busqué al gobernador del estado, Javier Duarte. Fue más fácil ver al presidente”.

Don José no logró arrancarle al candidato priísta ni una frase de cortesía, ya no digamos un comentario empático. Ni cuando rompió en llanto al recordar al único hijo que le espera en casa y le pregunta cuándo regresarán su mamá y sus hermanas, ni cuando conmovió hasta las lágrimas a Beatriz Paredes con su agradecimiento por haberle ayudado a concluir su carrera universitaria.

“Pude graduarme, mantener a mi familia siendo un profesionista y salir adelante. Señora Beatriz Paredes discúlpeme, de parte de mi familia y mi esposa, que ya no están, no las tengo. De todas maneras, le agradezco en nombre de ellas”.

Este lunes 28 de mayo en el alcázar del Castillo de Chapultepec, decenas de víctimas de la guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado se sumaron al dolor de don José y se hicieron oír por Peña Nieto, Josefina Vázquez Mota, Andrés Manuel López Obrador y Gabriel Quadri. Que ni un mexicano más pierda un familiar en este desgobierno, estatal y federal, de la impunidad.

Como Victoria, hija de Marcial Bautista, y Coral, hija de Eva Alarcón, indígenas ecologistas de Petatlán, Guerrero, desaparecidos por su activismo. O María Ignacia González, Vega, con dos hijos desaparecidos en Reynosa, Tamaulipas.

Pero sobre todo, buscaron recordarles que cualquier solución pasa necesariamente por un poco de piedad, algo de compasión y una pizca de humanidad, para con las víctimas y sus familias. Que sí, que busquen en su interior. Que algo encontrarán.

“No se vive. Todos los días se muere”, lloró don José. “Ya pasó un año cinco meses y se sufre nada más de pensar ‘¿están vivas, cómo estarán?’ Y si no, en dónde están, para ir por ellas”. Por favor. Para ya descansar.

 

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