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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Sedentarios, antojadizos y el asedio que no ayuda
Entre los diputados, las refresqueras, los productores de chuchulucos y los centros comerciales, el asedio para que sigamos consumiendo calorías al por mayor no cesa. En serio, ¿alguien piensa en los niños?
Por Mala Madre
20 de octubre, 2015
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¿Alguna vez han ido al centro comercial Patio Universidad en la Ciudad de México? Si no lo han hecho, déjenme les cuento: se trata de un buen ejemplo de lo que piensan la iniciativa privada y las autoridades sobre el hecho de que seamos el segundo país con más obesos en el mundo, después de Estados Unidos.

Si llegan en coche, una de las primeras cosas que se encontrarán en cuanto salgan del estacionamiento es un stand de galletas de chocolate en todas sus variedades: chocolate con chispas, chocolate blanco, nuez con chocolate, arándanos con almendra y avena, moka con chocolate blanco, triple chocolate. De ésas que tienen como 10 centímetros de diámetro, esponjositas y como recién salidas del horno, que no hay forma de no ver u oler.

Pasen de largo e incorpórense a la entrada de peatones. Suban las escaleras eléctricas del estacionamiento a la planta baja del centro y lo siguiente que verán es un stand de chocolates belgas. Más adelante, helados. Sigan de frente unos 15 pasos, rodeen las siguientes escaleras y se toparán con un puesto de donas, de ésas que tanto le gustan a Homero Simpson. Crucen el vestíbulo principal y ahí están los helados de yogurt. Y juntito, las crepas.

Regresen sobre sus pasos, suban el siguiente nivel y en línea recta quedará la competencia de los cines, esa tienda de dulces mexicanos –tradicionales y no– que pueden combinar en una sola bolsa y meter de contrabando a las salas, con más variedad y a menor precio. Si a estas alturas han superado la carrera de obstáculos en pro de una dieta sana, nada garantiza que no sucumban en el tercer nivel, con todo tipo de comida rápida supersize por cinco pesos más, para ver dizque a gusto la película.

Y sólo les estoy contando de los stands porque son los que se encuentran al paso, de atención inmediata y consumo rápido, de esos que dan la impresión de que un postrecito no es ninguno y dos es la mitad de uno, mientras paseamos por el centro comercial. Y si consideran que Patio Universidad es relativamente pequeño comparado con su vecino de enfrente, Plaza Universidad, pues la oferta de calorías por metro cuadrado es concentrada y tentadora. Díganme entonces qué programa de salud o estrategia contra la obesidad resiste un embate de este tipo.

Sí, ya sé. Ustedes me pueden decir que uno tiene la culpa por no ir al parque a caminar o hacer algún deporte, pero la realidad es que los centros comerciales son hoy el lugar de esparcimiento del capitalino promedio, como bien documenta Homero Bazán Longi aquí. Si consideramos entonces que las nuevas generaciones han transformado el término pasear en sinónimo de consumir, realmente hay pocas ofertas saludables y sabrosas –ya no digamos culturales o deportivas- que compitan.

El siguiente problema no es menor: es muy difícil cerrar la boca. Los que tenemos kilos de más sabemos con pesar que nuestro único punto flaco es la fuerza de voluntad. Y el bombardeo en pro del consumo de calorías no ayuda a fortalecerla.

Por esa razón, parte de la estrategia del gobierno para combatir la obesidad se había centrado hasta ahora en incrementar el precio de refrescos y jugos, para ver si por el lado del bolsillo se podía hacer algo. Y ahí la llevaban, aunque fuera una estrategia insuficiente a decir de los especialistas. Un estudio realizado por investigadores del Instituto Nacional de Salud Pública y la Universidad de Carolina del Norte reveló que el consumo de bebidas azucaradas disminuyó hasta en 12 por ciento en 2014, luego de aprobado el impuesto del 10 por ciento. Si se hubiera aceptado la recomendación de la Alianza por la Salud Alimentaria para que éste fuera del 20 por ciento, nuestros números serían otros.

Pero a los diputados estas cifras y la alerta epidemiológica por la obesidad los tienen sin cuidado, y el pasado domingo aprobaron una reducción del 50 por ciento al impuesto a las bebidas azucaradas, a pesar de que el gobierno de Enrique Peña Nieto asumió desde un principio que el objetivo era combatir la obesidad sin un fin recaudatorio. Sin argumentos científicos, estadísticas ni nada, decidieron que la medida no había funcionado y ya.

Los especialistas en salud han hecho una serie de recomendaciones para entrarle en serio al tema, sobre todo con los niños, pero hasta ahora pocas se han implementado. Y las que ya existen, como prohibir la venta de comida chatarra en las escuelas y los anuncios de ésta en horarios infantiles, se cumplen a medias. Si a eso le sumamos el asedio para que consumamos calorías tipo Patio Universidad, con la nada despreciable ayuda del Congreso, pues no habrá presupuesto de salud pública que alcance para hacer frente a lo que nos espera.

Yo por lo pronto ya decidí que para no caer en tentaciones y reducir el consumo de chuchulucos, mi mejor estrategia será huir de los centros comerciales como la peste. Si no se puede, pues habrá que dejar la cartera en casa o salir con lo justo; limitar la comida en restaurantes, y escoger los horarios intermedios para ir al cine y al súper. Y tomar agua cada vez que tenga antojo. Si todo eso no funciona siempre me quedará un tratamiento extremo de ortodoncia urgente con mi dentista, para ver si al fin me obligo a cerrar la boca.

 

@malamadremx

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