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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Ya quisiera que mis hijas me hicieran caso
O por qué las madres unidas ante la insurrección de los hijos andamos organizando un aquelarre que nos traiga de vuelta a Sara García.
Por Mala Madre
3 de diciembre, 2019
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El presidente es un señor antiguo. No sólo por edad, se sabe. Y como buen señor antiguo, cree que las mujeres somos “muy sensibles, muy finas, exquisitas”, con una concepción de la belleza que nos permite hacer “trabajos de hombre” y convertir en obras de arte las piedras de las carreteras. O algo así.

Pero a ver, supongamos que hay gente que genuinamente pueda estar de acuerdo con él. Que hay hombres y mujeres que coincidan en que esos son atributos naturales de una mujer y que mal hacemos las que no estamos conformes con nada en ver en esa definición el intento por seguir discriminando y marginando a la mujer de la vida pública. Okey, vale. Aceptemos sin conceder que sólo nos echó una flor y que andamos viendo moros con tranchete donde no los hay.

El problema es cuando de ahí salta a la convicción de que las mujeres gobernamos a nuestros hijos y que podemos llamarlos al orden y meterlos en cintura si toman el mal camino. Señor presidente, tenemos que hablar.

¿Ha oído sobre la adolescencia? Esa fase en la vida de una persona en donde las madres nos curtimos en el –ahí sí– fino arte de no comernos a nuestros hijos mientras lidiamos con sus conflictos internos por deslindarse de unos progenitores que nomás no entendemos qué hicimos mal.

Me late que al señor presidente, como a muchos señores de su generación, la adolescencia de sus hijos le ha pasado de noche y desconoce que ahora dura hasta los 25 años. Sí, la lucha política tiene sus costos. Ora que si por malas madres como yo fuera, nuestras criaturitas se quedarían en la infancia por los siglos de los siglos amén porque en los tiempos que corren se empiezan a salir del huacal más o menos desde los 9 años, aunque ayer leí por ahí que desde los 8 la pubertad ya anda tocando a la puerta de ese remanso de paz que era la tranquilidad materna.

Qué más quisiera una que los hijos nos hicieran caso, pero me temo que le vamos a quedar mal, señor presidente. Porque es ley de la vida que en cuanto entran a la edad de la punzada les da por romper todo, más metafórico que literal pero sucede. Si no me cree, pregúntele a la jefa de gobierno. Son unos respondones, señor presidente. Todo lo cuestionan, todo lo rebaten, todo les incomoda. Ven en nuestra preocupación legítima por su bienestar afanes controladores que complican hasta el más mínimo intento de conversación banal. Nos aman, pero al mismo tiempo quieren que dejemos de decirles qué hacer y quieren equivocarse por tomar sus propias decisiones, aunque al mismo tiempo aspiran(aspiramos) a que estemos ahí cuando se tropiecen. Y aunque veamos clarito que se van a dar un porrazo, poco podemos hacer. En la mayoría de los casos eso está bien, sólo así se aprende. Sólo así la persona crece. Lo único que las madres y los padres podemos hacer es tener lista la red de apoyo para cuando haga falta.

Ahora ponga esa realidad adolescente en el contexto de violencia, inseguridad, impunidad, corrupción, ausencia de expectativas sobre su futuro y no hay manera. Doña Sara García nomás no se hallaría estos días. Así que habrá que buscar una solución más efectiva al tema de la inseguridad que el esperar que los jóvenes que forman parte de las organizaciones del crimen organizado les hagan caso a sus mamás, que seguro rezan por ellos todos los días.

Porque no es un tema exclusivo “de las mamás”. Vaya, ni siquiera se mete a los padres en la ecuación, si acaso a los abuelos. Por ello la convicción de que la crianza de los hijos es un asunto colectivo, más que en “solitario”, cobra más sentido justo ahora. Nuestras madres y abuelas tenían toda una red de apoyo familiar y vecinal que hacía más fácil el cuidado de los hijos. Cuando en casa se ponían las cosas color de hormiga, mi abuela siempre estaba encantada de recibir a mi versión adolescente. Pero mis hijas no han tenido esa oportunidad, ante los 400 kilómetros que las separan de sus abuelos. Igual que muchos jóvenes hoy en día. Cada vez hay menos abuelos, tíos, primos, vecinas a los que las mamás podamos recurrir para sobrellevar la adolescencia de nuestras crías.

Tal vez deberíamos hacer rotación de hijos adolescentes cada cierto tiempo, como aquel programa británico en donde dos familias intercambiaban mamás por una semana, tras lo cual ambas regresaban como heroínas más que extrañadas. Con hijos ajenos solemos ver la cosas de forma más serena que con los propios, así que en una de esas es chicle y pega. O atendiendo a los nuevos tiempos que vivimos, tal vez podríamos inspirarnos en los jóvenes pioneros cubanos para ahora sí establecer una serie de programas sociales del Estado que velen por el desarrollo de nuestros hijos desde la primera infancia. Algo como La Escuela al Campo. Y no se angustien, en esos programas del comunismo cubano no se comen a los niños, aunque en la versión mexicana no estaría mal dejar la opción abierta.

Lo que de plano no podemos hacer es dejar la responsabilidad de enderezar el mal camino que han tomado los hijos a madres a las que se les ha cancelado la oportunidad de contar con una estancia infantil que los cuide mientras trabajan, que les han limitado la oportunidad de seguir contando con el refugio que las atendía ante la violencia que vivían en casa porque ya no hay fondos para que funcionen, que no encuentran justicia ante los delitos por los que son procesadas tras ser involucradas por sus parejas, a quienes les niegan el derecho a abortar hasta cuando han sido víctimas de violación, a quienes les dicen que las organizaciones de la sociedad civil en las que estaban involucradas en defensa de sus derechos han sido bloqueadas por la circular número uno del presidente.

Qué tal que ya es hora de que el Estado se vea como el primer responsable de lo que está pasando con los jóvenes de este país. Y como veo que en sus tantos años de recorridos por el territorio nacional le ha hecho falta el factor generación Z, le propongo, presidente, un retiro de tres días con un grupo de adolescentes no sólo para hablar, para convivir. Un retiro en el que tenga que organizarlos para mantener el lugar en orden sin mediomatarse entre todos. Obvio le mando a mis hijas. Y nos cuenta.

@malamadremx

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