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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Señora de camioneta
Por Mala Madre
5 de julio, 2011
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Ustedes no están para saberlo, ni yo para contárselos, pero tengo varias semanas cruzándome con el circuito de las señoras en camioneta a las que les vale el tiempo de los demás. Y eso me tiene francamente estupefacta.

Y ustedes dirán ¿y eso a mí qué? Pues estoy segura que no tienen la suerte de ir impunemente por la vida sin toparse con alguna de estas especímenes. Es un tema que tiene que ver con todo y con todos: con las reglas de tránsito, con la educación vial, con la educación a secas, con los hijos, con los esposos, con los taxistas y hasta con las agencias automotrices. Sí.

Verán. En la calle donde vive esta mala madre hay una escuela con preescolar y primaria. Todas las mañanas me topo con las progenitoras de los tiernos chiquillos que se educan en sus aulas. ¿Qué hacen estas linduras? Pues llegan hechas la raya, se paran en doble fila, dejan a su chilpayate, mueven la camioneta unos cuantos metros… y se ponen a platicar con la mamá del amigo de su hijo.

¿Que la calle es de doble sentido y dejan libre un solo carril? Eso no es problema de ellas. ¿Que desde hace seis meses hay el doble del tráfico vehicular porque a dos cuadras hay obra pública y eso hace agradecible el menor número de obstáculos posibles para circular? Pues a ellas les viene valiendo el reconocimiento público. ¿Que la delegación les autorizó una bahía para que dejen y recojan a sus niños siempre y cuando se abstengan de quedarse ahí paradas para evitar hacernos la vida imposible a los vecinos? Ach, pues que se aguanten.

Los cincominutitos para dejar y recoger chamacos son entendibles. Que se queden comentando lo bien que les salió la graduación de jardín tres, de acuerdo, seamos flexibles. Lo que me tiene pasmada es la actitud. A sabiendas de que están generando un problema, actúan como si los de la bronca fuéramos los demás.

Después de un par de incidentes incómodos con los que me he topado en mi vida de conductora, me cuido mucho de generar un problema de tránsito. Tal vez no lo consiga del todo, pero lo intento. Pues el miércoles de la semana pasada salía yo de la cochera de mi edificio con mi zapatito todoterreno, cuando de pronto una ráfaga rojo cereza reburujó las hojas de los árboles, levantó la basura de la calle y juro que mi auto se encogió, como si más fuera posible. Salí, avancé y unos cuantos metros más adelante me encontré a la capitana américa dando vuelta en U a una velocidad inversamente proporcional a la que usó para pasar frente a mi casa. O sea, a vuelta de rueda.

Comprenderán que después de que me alborotara el peinado no estaba yo de humor para esperar a que completara su maniobra, así que en cuanto hubo espacio seguí de largo. No lo hubiera hecho.

En cuanto estuvimos a la misma distancia ventana con ventana, la capitana me soltó una retahíla de imprecaciones que resumía su respuesta a mi inaceptable decisión de no esperar a que terminara de dar la vuelta para pasar. No le di mayor importancia, pero me dejó un sabor amargo a causa de la agresión por demás gratuita.

No es señora de camioneta, pero ni falta que le hace

En otro incidente registrado semanas atrás y a dos cuadras de distancia del primero, una señora mayor esperaba en un auto sedán a dar vuelta a la izquierda en un semáforo en verde. No calculó bien y se salió unos centímetros ocupando el carril del sentido contrario por donde los autos circulaban en ese momento. Una joven madre en una camioneta de esas que se venden por metro tuvo que moverse un poco a la izquierda para seguir avanzando por su carril, pero sin invadir al de al lado. Justo cuando pasó frente al sedán y con toda la elegancia que su ademán le permitió, le enseñó a la anciana conductora el dedo medio de su mano derecha.

La viejita y yo, que esperaba detrás de ella para dar vuelta también, nos quedamos con la boca abierta. Quién lo hubiera creído, tan linda que se veía ella en su minivan blanco perlado. Tengo la impresión de que el bebé que llevaba en el asiento del copiloto también soltó el chupón. Cavilé si su imprecación fue producto de su americanizada vida, porque ya saben, hasta para insultar lo hacen en inglés (nadie me negará que ese ademán es muy gringo. En México más bien mentamos madres).

No soy Lois, la mamá de Malcom, pero hay ocasiones en que por ganas no queda una

Aunque pensándolo bien, cabe la posibilidad de que haya tomado clases con el taxista que me topé el otro día en el cruce del Eje 10 y Cerro del Agua. Todo mundo que haya leído un reglamento de tránsito sabe que en esa esquina la vuelta a la derecha es continua y con precaución (o sea, sin atropellar transeúntes ni chocar con otro auto de ser posible, por favor).

Pues resulta que el chafirete se encontraba parado en el carril de la extrema derecha y yo en el carril siguiente a su izquierda, esperando dar vuelta a la derecha (espero no estarlos confundiendo). Estaba parado sobre el paso peatonal y no me dejaba pasar, así que tuve que esperar a que se pusiera el verde.

Avancé despacio porque el carril de la extrema derecha es paradero de camiones que se siguen de frente y como imaginé, ése era el caso de este señor. Y por haberlo detenido medio segundo en su camino por mi intento de dar vuelta, cuando cruzó por mi lado me hizo el mismo ademán de la señora de la minivan sólo que bajando la mano. Por la enjundia que le puso, es el peor insulto que me han hecho en mi vida. Me quedé pensando que habrá pensado la señora que iba de pasajera.

¿Qué diferencia hay entre el taxista y la señora de la minivan? Me parece que ninguna. No sé si cuando los maridos de estas mujeres les compran las suv’s en las agencias las piden con actitud incluida, porque me consta que en cuanto suben y arrancan, se transforman. Y miren que tengo amigas muy decentes con camionetones de miedo que van tranquilas por la vida.

Obvio, no generalizo. No pretendo ofender a las buenas conductoras que adoran sus grandes autos, que es muy su gusto comprarlos. Pero han sido más las experiencias malas con las señoras de este circuito que las buenas. No recuerdo a ninguna que me haya cedido el paso o que haya dado las gracias por cedérselo. Curiosamente, en todos mis años a la Fittipaldi, jamás he tenido incidente alguno con conductoras de autos compactos…

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