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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Un sentido regreso a clases
Por Mala Madre
21 de agosto, 2012
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La primaria de mis hijas se encuentra lejos, muy lejos de casa. Fue escogida por su filosofía educativa, por la dedicación de sus maestros, por el énfasis que le ponen a la participación de los niños en el proceso de aprendizaje, por sus maravillosos campamentos. Todos y cada uno de los días de mi vida que he dejado en el tráfico de la Ciudad de México por esta causa, han valido la pena. Cada manifestación, cada mentada, cada claxonazo. Nada que reprochar.

Como no tienen secundaria, a la hora de buscar una para la big sister el primer requisito fue que se ubicara por nuestros rumbos. La encontramos y hasta ahora todo va en orden. Tiene buen nivel académico, mi hija adora a sus amigos y se encuentra a 15 minutos de casa. Muy cumplidora, pues.

Durante el pasado ciclo escolar (2011-2012), la nueva escuela tuvo un sorpresivo y maravilloso plus, derivado de mi absurda creencia de que podía adquirir el don de la ubicuidad para recoger a mis dos hijas, a la misma hora, en escuelas que se ubican en zonas diametralmente opuestas y que no cuentan con trasporte escolar. Ya andaba yo elucubrando sobre a quién pedirle prestado su helicóptero, cuando hizo acto de presencia el tío favorito de mis hijas, quien en un gesto completamente solidario me resolvió la vida ofreciéndose a recoger a una de las dos. Todos los días. Todo el curso.

Para mis hijas, cuyos abuelos viven a 400 kilómetros de distancia del DF, con primos y tíos en Quintana Roo, Veracruz y el Estado de México, con los cuales conviven ocasionalmente en alguna vacación, ver a su tío favorito casi diario durante 10 meses fue todo un descubrimiento: ¡tenemos parientes! ¡Y buena onda, además!

La que más lo disfrutó fue la peque. Ya son legendarias en la familia los debates que se dieron en el auto del tío cada vez que se planteaba el conflicto político-económico-social-mágico-musical del momento: que si el pleito Televisa-Slim, que si las campañas electorales, que si Justin Bieber tiene buena voz, que si valía la pena acompañar a la hermana al concierto.

Esta fue la primera vez que mis hijas tuvieron la oportunidad de convivir con su tío, de conocerlo, de platicar con él. Mis hijas, que gracias a sus huraños padres, no conviven más con su familia de lo que podrían hacerlo. Porque el trabajo, la distancia, las manías, los hábitos, el carácter de los parientes, nuestro propio carácter, se los ha impedido. Esas encantadoras escuinclas que disfrutan tanto las reuniones multitudinarias y maratónicas de navidad o año nuevo con mi familia y que no se han dado todos los años porque yo, mala madre, las alucino. Y no porque mi familia sea mal portada (no mucho, pues), sólo que los quiero por grupos de cuatro, uno a la vez, no todos juntos.

Del lado paterno no se puede hacer mucho más, ya que mis hijas no pueden competir con la pachanga que se traen dos tíos solteros y un primo en sus 20’s. Así que el tío favorito llegó en el momento justo, con su aplomo de pariente de verdad, a cambiarnos la dinámica familiar para bien. Qué delicia esas llamadas por teléfono para intercambiar el gusto por las barbaridades que dicen y hacen las niñas de su edad. Qué placer quedar algunos domingos para desayunar o para ir al cine. Y qué rico festejar los cumpleaños o escaparse un fin de semana a Acapulco. Conviví con él más este año, que los 16 que tenemos de conocernos.

Pues ya no será más. Este curso escolar el tío favorito no podrá acompañarnos y yo tendré que regresar a la opción de pedir prestado el helicóptero o alternar las recogidas tarde. Ya lo resolveré, que no es esto lo que me duele. Con el corazón en la mano lamento que ya no te veamos diario, tío favorito. Que la peque no pueda debatir contigo 40 minutos seguidos y que la big sister ya no atiborre tu auto de adolescentes parlanchinas que se reúnen para hacer tarea en equipo.

Te seguiremos viendo, eventualmente, pero ya no será lo mismo y este año ya habrá sido. El próximo ciclo escolar, 2013-2014, estarán las dos en la misma escuela o por lo menos, en el mismo rumbo, y la oportunidad se habrá ido. Y aunque vivimos en la misma zona y somos familia, ya cada quien andará en sus propios asuntos. Pero por ese año encantador en solidaridad y amor filial, me piden mis hijas que te dé las gracias.

Yo también te doy las gracias y extiendo el agradecimiento a todos los parientes que están ahí para echarnos la mano por el gusto de hacerlo, por el gusto de vernos. Los abuelos que buscan a los nietos, las tías que organizan pijamadas con los sobrinos, las hermanas mayores que dan buenos consejos, las primas que se apoyan cuando los papás no las entendemos. Gracias por querernos. Gracias por preocuparse por nosotros. Gracias por darnos su tiempo. Gracias tío favorito, ya nos estaremos viendo.

 

 

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