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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Un voto por la cesárea
Por Mala Madre
22 de febrero, 2012
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Hará unos tres años me tocó ver el caso de una joven mujer muy ilusionada por el nacimiento de su primer hijo. Junto con su marido tomó cursos prenatales y estaba preparadísima para procrear por parto natural. No fue posible.

La vida, o una posible negligencia médica, le jugaron rudo y tuvieron que practicarle una cesárea de emergencia en una clínica particular. La mujer lo pasó muy mal, básicamente porque se negaba a aceptar el hecho de que su hijo no haya nacido por el canal vaginal. El bebé y ella progresaron bien, sin complicaciones postoperatorias. Hoy es madre de un adorable chiquillo que la hace levantarse todos los días, contenta con su vida.

Sin embargo, la forma traumática en que vivió la experiencia la orilló a decidir no tener más hijos. Como nadie le garantiza que el próximo nazca por parto natural, prefiere tener un perro, según ha dicho a quien se lo ha preguntado.

Mis dos hijas nacieron por cesárea en un hospital privado. Ambas a causa de sufrimiento fetal. A la big sister se le enredó el cordón umbilical y mi doctor decidió no arriesgarse. Con la peque se rompió la fuente y no había dilatación del cuello uterino, y se siguió el mismo camino.

A estas alturas del cuento podrán decirme que mi ginecólogo fue un comodino, que no quiso hacer su trabajo como debía y que tenía opciones para propiciar un parto normal, sin complicaciones. También podrán argumentar que médico y parturienta no consideramos los derechos de las criaturas paridas.

Pues yo agradezco infinitamente a mi doctor la forma en que me atendió. Tuve a mis hijas a los 30 y 32 años, respectivamente, en un ambiente médico-hospitalario controlado y a los tres días me fui a casa. Las cirugías no me causaron molestia alguna porque estuve debidamente dopada el tiempo que fue necesario, y el cuidado postoperatorio fue el mínimo indispensable: ir fajada por la vida, no cargar cosas pesadas, limpiar y curar debidamente la herida, tomar los antibióticos. Aquí hago la anotación de que mi médico cobra lo mismo por un parto natural que por una cesárea.

A mis dos hijas les di pecho su primer año de vida y ambas han tenido un desarrollo físico y psicológico normal, acorde con las condiciones económicas y ambientales con las que vivimos en la Ciudad de México.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda a los países que los nacimientos por cesárea no excedan el 15 por ciento del total, toda vez que estudios clínico-epidemiológicos consideran este porcentaje una aproximación al número de cesáreas que se requieren practicar por razones médicas. La media mundial es de 13.8 por ciento.

En México el 36.2 de los nacimientos se dan por cesárea, el doble de lo recomendado y en un porcentaje casi uniforme con el resto de América Latina (datos del 2008). Esto va a contracorriente de lo que marca la propia Norma Oficial Mexicana 007-SSA2-1993 al respecto: un máximo de 15 por ciento de cesáreas en hospitales públicos de segundo nivel y de 20 por ciento en los de tercer nivel.

(haz click para agrandar)

De acuerdo con el Observatorio de Política Social y Derechos Humanos, los argumentos en contra de las cesáreas se resumen en los siguientes puntos:

“… esta práctica ocasiona problemas para la madre y para los recién nacidos. Por ejemplo, aumento de infecciones vaginales, aparición de complicaciones en la placenta como placenta previa, desprendimiento prematuro de la placenta, entre otros.

“… otros estudios han encontrado que las mujeres con experiencia de cesárea ‘muestran menores grados de satisfacción con el parto, mayores dificultades en la alimentación al seno materno a los recién nacidos, y repercusiones negativas en el entorno social y familiar’.

“… efectos psicoemocionales nocivos en los niños. Algunos de estos son: el déficit de vínculo afectivo, shock por inducción o aceleración del parto y el complejo de invasión o control. Como consecuencia, se dificulta el desarrollo de vínculos afectivos y resulta un lastre durante su infancia y vida adulta. Asimismo, muchos de esos efectos negativos se activan en distintas etapas y situaciones específicas de la vida, las cuales van desde el miedo al abrazo o contacto físico, el sentirse constantemente invadido o subidas repentinas las hormonas del estrés…”

Hice un pequeño sondeo entre mis hermanas y mis amigas, todas con hijos nacidos por cesárea, y ninguna nos identificamos con este diagnóstico. Evidentemente no somos una muestra representativa de nada ni mucho menos, sólo quiero dejar constancia de lo que hemos vivido.

La semana pasada, el pleno de la Cámara de Diputados debatió y regresó a comisiones una iniciativa que propone reformas a la Ley General de Salud para regular la realización de cesáreas.

La nueva redacción al artículo 62 bis de la LGS pretende hacer obligatorio que las cesáreas se lleven a cabo sólo cuando exista causa médica que la justifique. Suponemos entonces que hacer lo contrario implicaría una sanción.

Los grupos parlamentarios del PAN y del PRD rechazaron la propuesta como fue planteada, por considerar que se viola el derecho de las mujeres a elegir. Comparto el punto. Y me explico, antes de que me linchen:

Las políticas de salud pública sobre la atención médica a embarazadas deben garantizar que las mujeres tengamos acceso a servicios profesionales, eficientes y expeditos. Los estudios en los que se basan los argumentos en contra de la proliferación de las cesáreas hablan también de las prácticas rutinarias que se presentan durante los partos normales, como la inducción de los mismos con oxitocina, la anestesia utilizada indiscriminadamente y la revisión sistemática de la cavidad uterina postparto, mismas prácticas que se consideran factores que contribuyen a la morbilidad y mortalidad materno-infantil, y que deben limitarse.

Se entiende entonces que no es un problema sólo del riesgo que conllevan las cesáreas sino de cómo se practican en México, sobre todo en el sector público, y que tiene que ver con la ineficiencia e ineficacia no sólo para atender los nacimientos con el método que sea, sino para atender la salud de la población en general.

Desgraciadamente, los datos que reportan las principales causas de mortalidad materna-infantil en México no especifican cuántas muertes son a consecuencia de un parto natural y cuántas por cesárea, ni aclaran cuántas de éstas se registran en hospitales públicos y cuántas en privados (datos del “Informe Semanal de Vigilancia epidemiológica, Defunciones maternas 2011”. Subsecretaría de Prevención y promoción de la salud):

Razón de Mortalidad Materna (RMM) calculada en 2011

50.4 defunciones por cada 100 mil nacidos vivos, lo que representa un decremento de 3.5% respecto de lo registrado el año anterior.

Las principales causas de defunción son:
•    Preeclampsia-Eclampsia (24.1)
•    Hemorragia postparto (22.5)
•    Sepsis e infección puerperal (8.1)
•    Neoplasias (5.1)
•    Embolia pulmonar (4.0)

Las entidades con mayor número de defunciones son: México, Veracruz, Distrito Federal, Guerrero, Puebla, Chiapas, Oaxaca, Chihuahua, Guanajuato y Jalisco. En conjunto, suman 66.7% de las defunciones registradas.

Los grupos de edad con mayor RMM son de 40-44 años y de 35-39.

Ojalá todas las mujeres fuéramos como mi madre, a quien sus cinco hijos prácticamente se le salieron antes de llegar a la sala de labor. Mi madre padeció sus embarazos pero disfrutó enormemente sus partos. Ya es leyenda urbana entre la familia que a mi hermana mayor la recibió el doctor con una mano, porque no le dio tiempo de ponerse el guante en la otra.

A mí me fue tan bien en mi primera cesárea, que dos años después ya estaba decidida a que mi segunda hija naciera de la misma forma aunque no fuera necesario. Qué cómoda, dirán algunos de ustedes. Qué egoísta quitarle a la hija la oportunidad de su primer logro, considerarán otros.

Pues yo me quedo con las consideraciones de la propia OMS sobre algunas razones por las cuales proliferan ahora las cesáreas:

•    Mejores técnicas anestésicas y quirúrgicas, menor riesgo de complicaciones postoperatorias a corto plazo, factores demográficos y nutricionales, y la percepción de la seguridad del procedimiento por parte de los prestadores y las pacientes.

Y con las consideraciones de la propia NOM 007-SSA2-1993:

“En la medida que se cuente con tecnología de mayor complejidad y por ende con el personal idóneo para su manejo e indicación precisa, este tipo de avances en la medicina deben ser utilizados.”

En lugar de prohibir que se realicen las cesáreas deberíamos hacer campaña para garantizar que los partos naturales lleguen a buen puerto, con el equipo médico y las instalaciones hospitalarias necesarias, principalmente en el sector público.

Promover la opción natural en lugar de satanizar y quemar en leña verde a las fodongas que optamos por la cirugía para tener a nuestros hijos, por razones médicas o no. En el caso de la historia que contaba al principio, esta mujer debería dar gracias que la cesárea salvó su propia vida y la de su bebé, en lugar de azotarse porque no pudo procrear por la vía natural.

No sé si mis hijas habrían podido nacer por parto normal si mi ginecólogo hubiera decidido jugársela. Lo que si sé es que en ambos casos hubo una complicación y mi médico de confianza optó por el método que consideró mejor. Lo hizo perfecto y no sólo no tengo queja, sino mucha gratitud por su profesionalismo. Y me parece que de esto se trata todo el asunto.

*Con la colaboración de la consultora Inteligencia Pública, que dirige Marco Cancino @marco_cancino, empresa especializada en investigación y sistematización de contenidos.

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