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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Una nalgada a tiempo
Por Mala Madre
25 de octubre, 2011
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A mí todos en mi familia me pegan y me dicen de groserías, yo creo que es porque soy niña y no tienen con quién desquitarse…” (Niña trabajadora de la colonia Morelos, Ciudad de México).*

Que levante la mano el que nunca le ha pegado a uno de sus hijos. Sí, habrá algunos que jamás lo han hecho. Mi marido y mi mamá, por ejemplo. Pero una pavorosa mayoría sí le hemos levantado la mano a nuestros chilpayates. Lo creo porque soy una de ellas.

Pertenezco a ese 73 por ciento de padres denunciados por sus hijos en la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México 2010 (ENADIS), que en algún momento de su vida se los han sonajeado. Quiero dejar constancia de que en mi caso han sido nalgadas y zapes que no han causado daño físico permanente aunque sí daño emocional temporal (espero). Desde hace algunos años trabajo en corregir esto y creo que he tenido éxito. Por el bien de todos en mi casa, más me vale mantenerme así.

No pretendo justificarme, pero vengo de una familia con larga tradición de educar a zapes. No conozco un solo pariente o amigo al que no le hayan dado una nalgada a tiempo. En algún momento de mi vida me convencí de que esto era correcto, luego de olvidar lo que sentía cada vez que mi papá me cinturoneaba por no hacer las cosas como él quería.

Por supuesto, este tema ha sido debatido largo y tendido en todo el mundo. A tal grado, que 23 países ya acataron la recomendación hecha por la Organización de las Naciones Unidas a través de la Iniciativa Global para acabar con todo castigo corporal hacia niños y niñas menores de 18 años. De éstos, sólo tres países son latinoamericanos: Uruguay, Venezuela y Costa Rica.

 

Que cuando nos portemos mal nos regañen pero no nos peguen las maestras. Que no nos griten en las orejas las maestras. Que los conserjes nos respeten y no nos digan de groserías…” (Niño trabajador del mercado Hidalgo, en Puebla).*

 

A esta mala madre le nació la conciencia cada vez que veía la carita de mis hijas después del correctivo aplicado, de hablar con mi marido, de platicar con amigas, de leer documentos al respecto… y de conocer datos como los aportados por la ENADIS 2010.

De acuerdo con la encuesta, elaborada por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) en colaboración con el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), el 81.8 por ciento de los niños encuestados dijeron que en sus casas sus papás los han amenazado con pegarles y que el 73 por ciento han cumplido con la amenaza.

Al 90.8 por ciento sus padres los han hecho sentir mucho miedo. El 89.9 por ciento se han sentido mal por cosas que les han dicho. Al 90 por ciento los han ignorado y al 72.8 por ciento los han hecho llorar.

Pero eso sí –aquí viene el atenuante esperanzador- cuando les preguntaron qué tan seguido sucede, el 48.6 por ciento contestó que poco y el 38.6 por ciento que casi nunca. ¿Será?

Desgraciadamente, distintos datos reportan que el maltrato infantil es un problema grave en países pobres y ricos. Un estudio realizado por la revista científica The Lancet reporta que el 16 por ciento de los niños en Gran Bretaña, Estados Unidos, Australia y Canadá son maltratados físicamente y que el 10 por ciento son descuidados o sufren abusos psicológicos. A eso se suma que 30 por ciento de las niñas y el 15 por ciento de los niños son expuestos a algún tipo de abuso sexual.

Los datos en los países subdesarrollados son peores, pues revelan que hasta el 63 por ciento de los niños podrían vivir en una situación de maltrato físico, sexual, emocional o en negligencia. Y para coronar, el estudio resalta que en el 80 por ciento de los casos de niños maltratados, los padres son los causantes del daño.

 

Los adultos no nos escuchan. Luego uno les dice una idea y hablan como si se les hubiera ocurrido a ellos. A mí también me gustaría ser importante y que reconozcan que la idea fue mía. Les propongo que nos tomen en serio y que crean que tenemos opinión…” (Niña de Santamaría Ahuacatitlán, Morelos).*

 

En 2008, España se sometió a un debate nacional que concluyó con la prohibición de pegarle a un niño so pena de ir a prisión. A pesar de ello, el 63 por ciento de los españoles (casi 10 millones de progenitores) sigue pensando que un cachete en el momento justo y con la intensidad adecuada puede ser beneficioso para los niños.

En México mentimos descaradamente. Si no me creen, vean la contradicción de los datos: dos de cada tres mexicanos (el 79.5 por ciento) cree que sí se respetan los derechos que las leyes les dan a los niños y tres de cada cuatro (74.9 por ciento) consideran que la disciplina no es justificación para pegarles. Sin embargo, más del 95 por ciento afirma que los padres les pegamos a nuestros hijos para que obedezcan, en mayor o menor grado. Asumo que se incluyen en esa sentencia.

El escritor español Javier Marías ha defendido el cachete a tiempo, ante el absurdo de prohibir la bofetada pero permitir el encarcelamiento de un joven a edad temprana por diversos delitos:“Ya sé cómo algunos leerán este artículo: como una mera reivindicación de la bofetada. Miren, qué se le va a hacer. Puestos a ser tan simplistas como esos posibles lectores, prefiero que un muchacho se lleve alguna de vez en cuando a que se lo arroje a una celda demasiado pronto, sin capacidad para entender de golpe por qué diablos está ahí, o a que viole a una compañera en manada y se vuelva a casa creyendo que eso no tiene mayor importancia que ponerse ciego de alcohol en las felices noches de botellón”.

Coincido en que el extremo de padres pusilánimes que no pueden tocar a los hijos ni con el pétalo de una buena regañada, también es indeseable. Todos queremos lo mejor para nuestros pequeños y nunca un golpe será educativo y no tengo argumentos para defenderlo, aunque entiendo el planteamiento de Javier Marías sobre la complejidad de ese doble moral para castigar.

Me quedo con el adorable spot realizado por el Ministerio de Educación de España, “Tus manos son para proteger, levanta la mano contra el castigo físico”, impulsada por el Consejo de Europa. Que todos los zapeadores del mundo encontremos en este breve,  pero emotivo anuncio, un argumento para ser mejores padres. Así sea.

 

 

* Los testimonios de los niños fueron recabados por los encuestadores de la ENADIS 2010.

 

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