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La sartén por el mango
Por Mala Madre
Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ... Mala Madre es egresada de Periodismo por la UNAM con 30 años de experiencia, durante los cuales ha trabajado en los principales diarios de circulación nacional como reportera de política. Los primeros 15 de tiempo completo, los siguientes cinco de freelance y ahora de nuevo de tiempo completo. Alguna vez le dijeron que daba mal ejemplo a sus hijas quedándose en casa y como nunca le ha gustado que le digan qué hacer, hizo lo que quiso… y se quedó en casa. Le encanta contar historias y nunca ha dejado de escribir, así sea la lista del súper. Síguela en Twitter: @malamadremx o escríbele a [email protected] (Leer más)
Vecinos, coaliguémonos
Por Mala Madre
11 de octubre, 2011
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Estoy segura que ustedes no tienen vecinos como los míos. Ni siquiera @marco_cancino, quien ya escribió respecto de los suyos en su Danzón Politikón. Mis vecinos son únicos. Déjenme les cuento por qué.

 

Primero, porque nunca dejan de sorprenderme. Nos conocemos desde hace 15 años, cuando llegué a este lindo edificio huyendo de los multifamiliares, y es la hora en que jamás hemos compartido un pollito o intercambiado números de teléfono. Ni para una emergencia pues. No todo es culpa de ellos, algo he puesto de mi parte, es cierto. Pero de las 12 familias que somos, ocho de las cuales hemos permanecido la última década y cuatro han ido y venido, el saludo, la conversación de pasillo y las juntas de la administración es lo más a lo que hemos llegado.

 

No sé si algo tenga que ver con que la mitad de ellos se niega a pagar el mantenimiento. 520 pesos al mes parecen pesar mucho para los deudores, a quienes no les importa que de ahí tenga que salir para pagarle a la señora que limpia el edificio, al que recoge la basura, al jardinero y la cuenta de la luz. De pintura, impermeabilización y desazolve ya mejor ni hablamos.

 

Tampoco sé qué tanto peso tenga el que regularmente me vuelen el periódico. Tuve que palabrearme con doña Cuca, la señora del aseo, para que me lo rescate en cuanto llega a las 7 de la mañana (ella, no el periódico). Entre semana no hay mayor problema, sábados y domingos es cuando sufro. A veces está, en veces no. Una vez le propuse al hurtador vía un mensaje en el pizarrón de anuncios que compartiéramos su lectura, que no había bronca, siempre y cuando lo devolviera. Pues ni así.

 

Otra cosa que tal vez influya, aunque no estoy segura, es que hay algunos que nunca cierran con llave la puerta principal de entrada al edificio. Incluso, hasta la han dejado abierta de par en par. Eso ha provocado que se hayan metido a robar en los últimos cinco años. En las dos primeras ocasiones vaciaron los respectivos departamentos, incluído el de esta mala madre. Nos dejaron sin computadora, sin joyas y sin la colección de 150 cd’s de jazz y blues que tanto trabajo le había costado a mi marido reunir. Ahora tenemos que apoquinar 500 pesos adicionales al mes para pagar a la empresa de alarmas que contratamos.

 

En la tercera incursión los ladrones no pudieron abrir la puerta del departamento escogido y en la cuarta no les dio tiempo de llevarse nada, porque los perros no dejaban de ladrar. Sí, un precioso labrador y un schnauzer que comparten piso con un padre divorciado y su hijo de 17 años, quienes por cierto son dos de los que acostumbran dejar abierto.

 

Todos los vecinos estuvimos de acuerdo en cambiar la chapa por una súper moderna de seguridad con tres candados, aunque sospecho que el mecanismo no funciona si no se cierra la puerta.

 

El susto de la última vez nos llevó a pensar en la posibilidad de electrificar las rejas de los dos estacionamientos. Sigo pensando lo mismo: “la puerta principal…” Y bueno, finalmente no se ha hecho nada porque el administrador en turno parece que está de vacaciones y no se ha dejado ver en los últimos días, y porque aunque pusieron un letrero en la entrada para mantener la puerta con llave esto funcionó la primera semana y ya van varias veces que llego y me encuentro con que apenas está emparejada.

 

Una segunda cuestión por la cual mis vecinos son únicos es lo poco informados que están. Digo, el que me vuela el periódico no sé si sólo lea la sección de deportes o la de espectáculos, porque ciertamente no tienen mayor idea de lo que pasa en el país, con excepción del problema de inseguridad. Porque lo vivimos diario, claro.

 

Qué esperanzas de que conozcan las iniciativas ciudadanas para intentar obligar a los políticos a trabajar, ya no digamos a que participen (mis vecinos, no los políticos). La única vez que han votado en un proceso electoral fue cuando a dos de mis vecinas les tocó ser funcionarias de casilla. No saben la que se armó cuando una de ellas se quiso ir antes de que cerrara la votación, porque ya se había fastidiado. Al representante del PRI por poco le da un infarto.

 

Por cierto que en esa ocasión doña Cuca también fue representante de casilla en su colonia y anduvo reclamando 200 pesos “que el IFE pagó” a los ciudadanos que cumplieron con su deber cívico. No entendía de qué me estaba hablando. Intenté explicarle que eso no era así, hasta que supe lo que pasó: el día de la elección el IFE reparte lonches a los ciudadanos y cuando esto no es posible les entrega dinero en efectivo, como ayuda para que coman. Esos eran los 200 pesos. Pues hasta la fecha doña Cuca está convencida que se le pagó por asistir.

 

Pero les contaba yo de la singularidad de mis vecinos. Una tercera cuestión por la cual son únicos es por la desconfianza y la falta de solidaridad. Casi nadie intercambia llaves de sus autos, no vaya a ser la de malas, así que todo el tiempo es un tocadero de timbres y un constante recordatorio de las respectivas progenitoras para poder salir del edificio, amén de que en una ocasión hubo una crisis porque un vecino no quiso mover su auto para que otro fuera a deshoras de la madrugada a comprar una medicina para su hijo enfermo.

 

Me pregunto qué pensarán los queridos habitantes de mi edificio de la iniciativa de 47 políticos, académicos, activistas, periodistas e intelectuales, que el pasado martes 10 de octubre en un desplegado publicado en diversos medios de comunicación llamaron a las fuerzas políticas a formar un gobierno de coalición en el 2012, para consolidar la democracia en el ejercicio del poder, no sólo en los procesos electorales.

 

Algo me dice que los tiene sin cuidado. Suficiente tienen con defenderse de sus vecinos abusivos, que para todo quieren dinero y no aguantan que los demás quieran informarse -pues para qué está el periódico- y que hacen panchos porque la puerta se queda abierta y porque no se separa la basura y que a cada rato quieren que el jardinero venga a podar el amazonas que ha crecido en el patio.

 

Ahora que lo pienso creo que podría sacarle copia al desplegado, distribuirlo entre todos y proponerles emular a los indignados y proponentes abajofirmantes, a ver si podemos arreglar el desaguisado que nos ha desgobernado la convivencia los últimos 10 años. Quien sabe, en una de esas puede que nuestra singularidad nos saque del marasmo.

 

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