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Por Mexico Institute
El Mexico Institute del Woodrow Wilson International Center for Scholars intenta mejorar el conoc... El Mexico Institute del Woodrow Wilson International Center for Scholars intenta mejorar el conocimiento, la comunicación y la cooperación entre México y los Estados Unidos a través de la promoción de la investigación original, por promover la discusión pública, y por proponer opciones de política para mejorar la relación bilateral. (Leer más)
La creación de un ambiente hostil para el dinero sucio
Dado el tamaño de los flujos financieros entre México y Estados Unidos, es relativamente sencillo eludir la ley y evitar la detección del dinero que cruza ambos países. Incluso se puede usar sistemas de transferencia electrónica de alta tecnología del sistema bancario legítimo.
Por Mexico Institute
17 de mayo, 2016
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Por: Eric L Olson

Se ha escrito mucho acerca de enormes y crecientes vínculos económicos y culturales entre los Estados Unidos y México. A pesar de la retórica antiinmigrante que permea la campaña presidencial de Estados Unidos, cerca de 187 millones de mexicanos cruzaron a este país legalmente a través de puntos de entrada oficiales en 2015, superando por mucho el número de entradas no autorizadas. Uno de cada diez estadounidenses tiene ascendencia familiar de América Latina, siendo México el país más común del que los actuales americanos originalmente provinieron. El comercio de mercancías es aproximadamente $ 1.5 mil millones por día en promedio, y esto no incluye el comercio de servicios.

Todo este intercambio de capital humano se ve facilitado, en parte, por los flujos financieros que financian el comercio y la infraestructura. La banca y los flujos financieros internacionales son la grasa que aceita los engranajes del intercambio humano y comercial entre México y Estados Unidos. Para facilitar este intercambio los sistemas financieros de ambos países han eliminado barreras a los flujos financieros.

Sin embargo, a pesar los beneficios y el crecimiento del intercambio entre ambos países, los traficantes de drogas y otros negocios ilícitos multinacionales, así como empresas e individuos sin escrúpulos que buscan evitar los impuestos legítimos, han tratado de beneficiarse también. Los ingresos procedentes de la venta de narcóticos ilegales necesitan ser devueltos al sistema financiero legal para poder comprar productos; pagar nóminas para los miles de “mulas” o “coyotes” que transportan las drogas, y compensar a los funcionarios corruptos.

Dado el tamaño de los flujos financieros entre ambos países, es relativamente sencillo eludir la ley y evitar la detección del dinero que cruza México y Estados Unidos. Se pueden usar sistemas de transferencia electrónica de alta tecnología del sistema bancario legítimo. Las transferencias bancarias, cajeros automáticos y las remesas entre ambos países se convierten en una buena cobertura para el dinero sucio. Vulnerabilidades a nivel local puede hacer que sea fácil para los delincuentes hacer depósitos en efectivo en cuentas que luego pueden ser transferidas entre los países.

Del mismo modo, el dinero sucio puede ser fácilmente lavado a través de sistemas basados en el comercio, donde las mercancías pueden ser ya sobre o infravaloradas en la declaración de aduana, y revendidas en la economía legítima para producir dinero “limpio”.

Y las alternativas de baja tecnología están también disponibles como personas que llevan grandes sumas de dinero en efectivo una y otra vez entre cada país y luego lo utilizan para hacer compras en efectivo grandes, tales como casas de lujo -así ha ocurrido en numerosos casos en los EE.UU. en los últimos años.

Y para complicar aún más las cosas, estas vías de baja tecnología para transportar grandes cantidades de dinero entre ambos países a menudo también se utilizan para el tráfico humano o de armas de fuego.

La pregunta para los gobiernos de México y de Estados Unidos es qué se puede hacer para resolver este grave problema que amenaza la integridad del sistema financiero y socava las buenas nuevas de crecimiento en los lazos entre ambos países.

Esta fue la pregunta que discutimos en un evento en el Instituto México del Wilson Center en Washington, DC, el 12 de mayo de 2016. El subsecretario Alfonso Aportela, de la secretaría de México para Hacienda y Crédito Público, y el subsecretario del Tesoro para Terrorismo de Finanzas, Daniel L. Glaser, llegaron al Instituto de México para discutir las medidas que han tomado los dos países para abordar el problema.

Dos observaciones notables enmarcaron la discusión y establecieron el tono para el día. En primer lugar, los comentarios de subsecretario Glaser dejaron claro que detener completamente los flujos financieros ilícitos no era una posibilidad. El trabajo de los reguladores del gobierno era “crear un ambiente hostil” para los lavadores de dinero, elevando los costos, riesgos y la complejidad de tales actividades. A través de la legislación y la regulación de los gobiernos y la comunidad internacional se han establecido normas que hacen que sea cada vez más difícil utilizar el sistema financiero del mundo para mover ganancias ilícitas. Principios como “conozca a su cliente (KYC)” y “beneficiario real” que requieren las instituciones financieras para establecer el origen y la propiedad de los yacimientos son ejemplos de tales esfuerzos.

En segundo lugar, tanto el secretario Aportela como Glaser hicieron hincapié en la importancia de la colaboración transfronteriza y el intercambio de información como base para atacar el problema. Sería exponencialmente más difícil para cualquiera de los países enfrentar el problema si no hubiera un amplio intercambio de información, armonización de las normas, y una amplia colaboración en la aplicación de la ley para procesar a los infractores. Si Estados Unidos no aplica las leyes contra el lavado de dinero en su territorio, el sistema financiero mexicano se puede ver afectado, y viceversa.

Por otra parte, dada la capacidad inherente de las redes criminales de adaptarse rápidamente a los nuevos esfuerzos de aplicación de la ley, ya que estas operan sin una burocracia con reglas, es de vital importancia que los gobiernos trabajen juntos para estudiar las tendencias de la actividad delictiva y poder anticipar innovaciones penales que les permitan superar los obstáculos burocráticos tradicionales que hacen más lentos los esfuerzos para luchar contra los flujos financieros ilícitos.

En última instancia, sin embargo, la capacidad de ambos países para limitar el impacto del dinero sucio en los sistemas financieros legítimos no sólo depende de las buenas normas y leyes, sino de la capacidad de ambos países para hacer cumplir la ley y los reglamentos, y de la capacidad para garantizar el enjuiciamiento de los infractores con penas significativas para desalentar la actividad ilegal, y crear un ambiente verdaderamente hostil para el lavado de dinero entre ambos países.

 

* Eric L Olson es Director Asociado del Programa Latinoamericano del Wilson Center y asesor especial del Instituto México.

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