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Por qué falló el movimiento antiTrump
Si no es Donald Trump, ¿quién podría ser el candidato del Partido Republicano a la Presidencia? La llegada de Trump a la antesala de la Casa Blanca no es la causa de la crisis del Partido Republicano, sino su consecuencia.
Por SPIN Taller de Comunicación Política
19 de julio, 2016
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Por: Luis Estrada (@luisestrada_)

El primer día de la convención del Partido Republicano se resume bien en las palabras que pronunció Melania Trump, a quien el eventual candidato del Partido Republicano a la Presidencia, Donald Trump, señaló como la futura Primera Dama: llenas de lugares comunes, repetitivas, sin sustancia, anticlimáticas.

La división del Partido Republicano quedó evidenciada más por las ausencias de grandes figuras, incluyendo a los presidentes George H.W. Bush (1988-1992) y George W. Bush (2000-2008), y de los últimos dos candidatos presidenciales, John McCain (2008) y Mitt Romney (2012), que por el último esfuerzo de los delegados antiTrump por cambiar las reglas para que los delegados votaran su conciencia (y no su mandato) para evitar así que Donald Trump se convierta en el candidato republicano a la presidencia.

Donald Trump carece de algo más que del apoyo de la élite del Partido Republicano que encabezan los Bush y las administraciones que tuvieron a su cargo el país por 12 años. Sin contar con el liderazgo de quienes en su momento obtuvieron el apoyo de delegados en convenciones similares a la de Cleveland de este año, el equipo de campaña de Trump recurre a actores políticos conocidos, pero poco reconocidos, o a celebridades de segunda (o tercera) que dejan sin cuidado a los votantes independientes que pudieran sentirse atraídos hacia un proyecto que requiere, más que nunca, de demostrar liderazgo y convocatoria.

Y sin contenido, entonces el movimiento antiTrump se pregunta: ¿cómo no pudimos derrotar una coalición tan débil? Legisladores encabezados por el senador de Utah, Mike Lee, buscaron desde la semana pasada consolidar una mayoría en el Comité de Reglas que pudiera, al menos, someter al pleno de la convención el voto sobre si los delegados pudieran tener la opción de votar como quisieran, no como les mandataron los votantes de sus estados, pero fracasaron por no contar con una mayoría. Hoy en el pleno de la convención se quedaron sin los votos necesarios, y al escuchar al presidente de la Comisión de Reglas decir que, por aclamación, se negaba esa posibilidad, tres delegaciones abandonaron el recinto en protesta: Colorado, DC y Iowa.

Quizá la convención Republicana más reciente que haya experimentado una división similar sea la 1976, en la que Ronald Reagan fracasó en su intento de cambiar las reglas para ganarle a Gerald Ford, quien tenía la mayoría. Otras convenciones de Demócratas y Republicanos han presentado escenarios similares, pero en todos los casos quien arribó a su convención con la mayoría de los delegados, eventualmente obtuvo la candidatura. Aun así, todas las revueltas de las convenciones negociadas (brokered) presentaron un común denominador, el cual está ausente en la convención Republicana en Cleveland 2016: una figura partidista.

Si no es Donald Trump, ¿quién podría ser el candidato del Partido Republicano a la Presidencia? La pregunta fue la misma hace prácticamente un año cuando 17 candidatos comenzaban la competencia por el Partido Republicano. Gobernadores, senadores, representantes y ex gobernadores intentaron ganarle a Donald Trump y fallaron. La llegada de Donald Trump a la antesala de la Casa Blanca no es la causa de la crisis del Partido Republicano, sino su consecuencia. La crisis del Partido Republicano pasa por lo obsoleto de sus argumentos y posicionamientos en diversos temas, desde su negación a la Teoría de la Evolución hasta el matrimonio entre personas del mismo sexo; desde su aislamiento al buscar satisfacer a la minoría blanca anglosajona protestante en detrimento de los demás grupos, hasta su negativa a establecer controles en la venta de rifles de asalto. No es casualidad que no existan suficientes candidatos que al mismo tiempo defiendan los posicionamientos del Partido Republicano y sean electoralmente exitosos.

La división exhibida por el Partido Republicano en el primer día del más importante evento partidista que ocurre cada cuatro años ampliará, aún más, la ventaja con la que cuenta la eventual candidata Demócrata en las encuestas. Los republicanos deben entender que no ha sido un buen arranque oficial de campaña. Y aún faltan tres días de convención.

 

* Luis Estrada es Doctor en Ciencia Política (UCSD 2005). Socio-Director General de SPIN.

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