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Por Dalia Perkulis
Periodista con experiencia en publicaciones de lo que sea: salud, sexualidad, nutrición, psicolo... Periodista con experiencia en publicaciones de lo que sea: salud, sexualidad, nutrición, psicología, educación, cine, tecnología, negocios, moda, cultura, farándula, política y hasta deportes. Activista de medios digitales. La típica cinéfila que le da insomnio si no recuerda el nombre del actor de una película. No nació para ser esposa ni mamá, pero ama a su esposo y a sus retoños ante todo. Síguela en twitter: @daliaperk (Leer más)
Anatomía del gimnasio
Por Dalia Perkulis
4 de enero, 2012
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Como dice Rodrigo Muñoz Avia en Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos (Alfaguara, 2005) todo mundo tiene teorías y yo tengo unas cuantas sobre el gimnasio.

La primera es que gimnasio equivale a sexo. No me refiero a que se va a buscar pareja al gimnasio, que también es una modalidad, sino a que se va al gimnasio con el fin único de cotizar en el mercado del sexo. Para perder la virginidad, para mantenerse sexualmente activo, para retener a la pareja, para no ser un cornudo, para poner el cuerno, para purgar la cena de anoche (y tener sexo), para gustarle al 20 años mayor o al 20 años menor, al pretendiente prohibido, para ser objeto de deseo de los amigos del marido o de los maridos de las amigas, para ponerle un “estate quieta” a todas esas zorras, para ser objeto de envidia, para ganarse otro añito, seis meses o aunque sea dos meses extra de sexo cuando ya se es viejo. Hasta los que entrenan para un maratón, triatlón, pentatlón o para el Iron Man van con el fin último de seducir. La anoréxica es la única que no aspira a ser deseada. Cree que sí, pero lo que realmente desea es ser invisible.

Agrégale los espejos por doquier para que todos sean Narciso y se redondea la ecuación del gimnasio y el sexo, con variaciones en los resultados de autoestima.

Mi segunda teoría es que nadie se transforma en el gimnasio, todo mundo permanece igual.

Llevo unos 17 años asistiendo intermitentemente a gimnasios de la misma zona. He migrado de un gimnasio a otro, al igual que varios vecinos y con frecuencia los reencuentro. Eso me confiere la autoridad para aventar mi teoría de que la buenísima sigue impactante, la equis sigue equis, la semi buena se quedó semi buena sin dar el salto a buena, el mamado sigue mamado, la anoréxica sigue anoréxica (si no se ha muerto), el gordo gordo, el flácido flácido y el obeso que arrastraba la autoestima nunca volvió. La que corría para purgar la cena sigue corriendo en la banda y mantiene su peso ideal con mucho esfuerzo, como siempre. El que estaba diario sigue ahí sin falta, así como el que va dos días a la semana sigue sin acudir más seguido y la que siempre gana la máquina de escaleras más codiciada sigue siendo la que está ahí montada. A lo mucho te encuentras dos o cuatro pares de chichis nuevas e igual y unas nalgas postizas, pero hasta ahí las sorpresas. En cuanto a las caras nuevas, si tomas un retrato mental de su aspecto hoy, así exactamente los vas a ver 2, 5 o 10 años después. Si bien esta teoría carece de fundamentos científicos, tiene un sustento empírico irrefutable.

En todos los gimnasios se reúne sin excepción el casting completo de estereotipos del gimnasio -tercera teoría- así como en tooodos los salones de clase de todas las generaciones desde maternal hasta último semestre de la universidad hay un microcosmos en perfecto equilibrio, que incluye al buscapleitos (buller), la víctima por excelencia (el bulleado), el genio, el sensible atormentado, la gordita inteligente de cara bonita, la sexy que se va a casar con el peor partido de todos, la marimacha, los precoces, los fresas, el gay, el ricachón, el freak, la que se sabe todos los cumpleaños, el gandaya y el drogadicto.

Los personajes del gimnasio no respetan la ubicación ni el tamaño del recinto. Están presentes en cada uno de ellos y se puede palomear su asistencia, lista en mano:

El primero en llegar que podría perfecto tener las llaves del gimnasio. Está en forma, es dueño de su empresa y tiene pegue. Se cree muy chingón porque diario se levanta a las 5:30 para hacer ejercicio, mientras los demás echan la hueva.

La que va tempranito antes del trabajo y hace un enorme esfuerzo por mantenerse buena para que la saquen de trabajar.

La recién casada con un ricachón que trae tatuado el nuevo status.

La chava bien que no necesita probar que tiene dinero porque siempre lo ha tenido, pero ah, cómo le gusta seducir.

El machín algo entre gay y homofóbico super tronado, que carga mucho peso, camina rígido y se mira constantemente en el espejo.

La realeza del gimnasio que paga entrenador personal. Y lo desquita: puro músculo y cero grasa.

Las que van coordinadas desde la banda del pelo hasta los calcetines, recién bañadas, maquilladas y perfumadas. Las kitsch pues.

El ex dueño del mini gimnasio a donde ibas que ahora es cliente y saluda a todos, porque todos empezamos con él, pero tuvo que cerrar con la llegada de las grandes franquicias.

La abuela cincuentona que lo sabe: la tocada es verse bien.

La ñora sesentona que toda la vida ha hecho ejercicio y lo platica orgullosa.

Las bohemias que no están dispuestas a ir combinadas, aunque les hayan regalado el último modelo Puma para corredores, usan los pants y la playera más matapasiones para oponerse al sistema. Las mantiene su papá.

Hay un bohemio de pelo largo, con muy buena condición física y casi le cree uno que está ahí por salud, pero lo hace por vanidad. Éste es un emprendedor, muy probablemente un geek, que araña los treinta, o un universitario.

La recién divorciada con ímpetu renovador.

Las señoras con cuatro hijos que jamás se habían visto tan atractivas y tan cómodas en su piel, ni siquiera en la universidad.

El huevón que está en el gimnasio en el horario de ñoras. Es rico, lo mantienen, o simplemente es un baquetón.

Las anoréxicas con aspecto de Karen O. que le dan durísimo al cardio y parece que en cualquier momento se van a desplomar. No voltean a los lados, sólo vigilan la cifra de las calorías quemadas, no se distraen de su misión de desaparecer.

El super atleta en plena crisis de los cuarenta o cincuenta.

Las ñoras de cara lavada con el delineado de ojo y de labio tatuados. Esas asustan. Al menos a mí.

La periodista que se sabe abusada, pero ni modo, también quiere gustar.

Las MILF* calientahuevos y las MILF* mustias. Éstas últimas evitan llamar la atención, pero cuando les lanzan una mirada provocadora devuelven una de “soy una fiera experimentada, cariño”.

La ñora casada, mamá y trabajadora, control freak que va de 7 a 8 am (ni un minuto más, ni uno menos) y no puede darse el lujo de echar relajo y desperdiciar su tiempo-ejercicio.

Los perros pubertos, los perros veintones, los perros treintones, los perros en sus cuarenta, los perros en sus cincuenta y los perros de sesenta en adelante.

Siempre hay una muñeca hermosa, virginal, fuera de alcance. O quién sabe, como nadie se atreve a acercarse, igual y el primer intrépido la conquista.

Los obesos que te mueres de ternura. Duran 3 días.

Los gorditos que le dan durísimo y seguirán fieles: al gimnasio y al sobrepeso.

Los que emanan fricción sexual, parejitas que se la pasan ligando y gozan el flirteo, aunque nunca se van a acostar porque se acabaría la diversión.

Los que ligan y sabes que se van a encamar en menos de 24 horas.

LA REINA: LA MÁS CHICHONA. UNA ADOLESCENTE ESCANDALOSA QUE PASA TRES HORAS DIARIAS EN EL GIMNASIO PARA EJERCITARSE Y PARA PLATICAR, GENERALMENTE CON PURO PERRO. TIENE AMIGAS EN EL GYM, PERO LA ENVIDIAN CAÑÓN.

La PR buena ondita que va dos días a la semana, principalmente a platicar. Está mona.

Los instructores caza señoras menesterosas. Las señoras menesterosas caza instructores coquetos.

Siempre hay una señora tabla con músculos, bronceado perfecto y cabellera rubia parecida a Iggy Pop, que pasa ahí 5 horas diarias para extender su dominio desde las pesas hasta el área aeróbica, los vestidores y la cafetería. Ella le gana a todas las personas que pasan la mañana completa en el gimnasio. No hay ningún lugar en el planeta donde se sienta más cómoda que en el gimnasio.

Una o dos figuras públicas. De talla mediana, tampoco se encuentra uno a Sofía Vergara.

Ligues gay velados y manifiestos.

Está desde luego la maestra que lleva 15 años dando aerobics y sigue, evolucionando junto con la tendencia. Daba step, luego stretching y body sculpting, ya pasó por instructora de pilates y spinning, ahora da zumba.

Está la yogui hipiosa que huele a pachuli. Es gordita, plana y viene regresando de sus vacaciones en Oaxaca. Se fue con su novio.

Está la yogui toda ella muy entregada a la actitud back to basics, con un tinte pelirrojo muy pandroso, pero meticulosamente producido en el salón de belleza, las chichis postizas y bótox.

En cuanto a los vestidores del gimnasio, ni Almodóvar podría capturarlos en sus más salvajes fantasías.

El gimnasio abarrotado el lunes 2 de enero, así o más cliché.

Teoría 4: el frenesí del gimnasio se termina junto con enero y sólo llegan al 31 los “nuevos atletas” más entusiastas.

Yo ya renuncié a los propósitos de año nuevo. Ya aprendí (apenas) que los excesos de consumo o de abstinencia detonan en una persona compulsiva como yo los vicios más insondables. Renuncio a los placeres de la glotonería y la pereza con actitud de “ya qué” los últimos días del año, a cambio de no amanecer cruda, ni de verme obligada a desayunar lechuga, o a hacer ejercicio purgativo el primero de enero y luego verme fracasada al segundo día. Asistí al desértico gimnasio los días 29, 30 y 31 de diciembre.

Un hermano cumple a fines de diciembre y el otro a principios de enero. No estoy dispuesta a festejar año tras año al de diciembre atascada y al de enero a dieta o, peor, frustrada por haber roto la dieta. Renuncio a la ilusión de ser mejor persona a principios de año para no caerme tan fuerte. Abandonarne en diciembre con el deseo de amanecer convertida al estoicismo el primer día del año, para hallarme el día dos derrotada ante una caja de galletas y, siguiente escena, ya es temporada navideña otra vez. No gracias.

 

*MILF: Mom I’d Like to Fuck (“mamá que quisiera tirarme” en inglés).

 

 

 

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