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Lilith Wannabe
Por Dalia Perkulis
Periodista con experiencia en publicaciones de lo que sea: salud, sexualidad, nutrición, psicolo... Periodista con experiencia en publicaciones de lo que sea: salud, sexualidad, nutrición, psicología, educación, cine, tecnología, negocios, moda, cultura, farándula, política y hasta deportes. Activista de medios digitales. La típica cinéfila que le da insomnio si no recuerda el nombre del actor de una película. No nació para ser esposa ni mamá, pero ama a su esposo y a sus retoños ante todo. Síguela en twitter: @daliaperk (Leer más)
Biografías femeninas (parte 2 de 3)
Segunda entrega de la reseña de libros sobre mujeres, ya sean biográficos o ficticios, los cuales están unidos por la nada tierna infancia de sus protagonistas.
Por Dalia Perkulis
29 de mayo, 2013
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Hablábamos en la entrada pasada de libros sobre mujeres, unos biográficos, otros ficticios, cuyo común denominador es la nada tierna infancia, la acechanza de trastornos de la alimentación en unos casos y hoy quisiera añadir el abandono materno y el alcoholismo en otros, más lo que cada historia tiene de suyo. Todos tenemos una vida, decíamos también, y estas seis están muy bien contadas. Y muy recomendadas.

3. Biografía del hambre, de Amélie Nothomb.

La autobiografía de esta escritora belga, nacida en Kobe, Japón narra su infancia como hija de diplomáticos errantes. Pero la forma, queridos míos, su forma de hacerlo es única e irrepetible. Cuenta pasajes biográficos a manera de viñetas o postales plagadas de poesía, tan envolventes que de pronto como lectores embebidos descubrimos que recién leímos un episodio terrible (como una escena en el mar), pero narrado con una poesía tal que nos embelesó. Como Matute cuando se hace consciente de que vio a Don Gato hace un instante.

La piña al escaldar la lengua, las violentas olas del mar, el elevador, el encuentro íntimo con las galletas frente al espejo, la nieve con vodka, la mirada de los pobres desamparados, la fiesta, el glamour. Unos años estaba la autora en la ostentación total y la pachanga en Nueva York y luego en Bangladesh rodeada de indigentes desahuciados.

Las memorias de una niña brillante y consciente a cada momento de que todo era temporal, el lujo, la diversión, la amistad eran efímeros y había que atascarse mientras se podía, ya que el siguiente destino podría ser un país paupérrimo o comunista o con epidemias y sin aire acondicionado.

Biografía del hambre es un viaje vertiginoso, vívido, sensorial, como decía mi padre que sucede al tocar suelo neoyorkino: se aceleran el ritmo cardiaco y la respiración, se segrega adrenalina, los sentidos se alertan, se eriza la piel, nos posee el eros, se celebra la vida.

La autora cuenta su abuso del alcohol y luego su idilio con la anorexia, “un aliado portátil” en ese caos. El control sobre su cuerpo a falta de control en cualquier otro aspecto de su vida. Su amor a la lectura como otra constante. Los apegos y los desprendimientos, la fascinación por lo femenino, su mamá, su hermana, sus nanas en cada país, sus compañeras de escuela. Un papá y un hermano, los personajes masculinos, completamente indiferentes. La atracción fatal que ella provocaba en sus compañeras y el poder que aprendió a ejercer sobre ellas. “Esta mujer nació para escribir”, piensa uno como lector y lo agradece.

Uno de los notabilísimos pasajes de esta biografía es cuando Nothomb de niña asiste a la autodestrucción del sueño romántico de su nana dentro de un elevador en Nueva York. Ese brevísimo episodio arruina el futuro de su nana y de paso marca a la escritora.

El libro inicia con un tratado fascinante sobre la abundancia y el hambre y termina en el terremoto de 1995 en Kobe, Japón, su país de nacimiento al que regresaría a vivir durante una larga temporada en su vida adulta como traductora y escritora.

Esta autora es súper compulsiva y prolífica. Escribe cuatro horas diarias desde hace casi dos décadas y publica prácticamente un libro al año, unos mejores que otros. Éste es obligatorio, así como su “Estupor y temblores”. Es además una figurota en la literatura contemporánea, toda una rockstar con su imagen gótica y sus entrevistas controversiales, dependiendo su humor y su química con el entrevistador en turno.

Personalmente, su servidora nunca había leído algo así y Biografia del hambre se colocó entre mis favoritos de inmediato. ¿Por qué? Como debe ser, como es y siempre será, por la identificación que experimenté con esta niña de ojos grandes, ávida, hambrienta, golosa, inconforme, observadora, destructiva y voraz. Con esta mujer viva pues.

4. Apenas Marta, de Lorea Canales.

Un amigo me recomendó esta novela, la historia de una joven nacida en una familia “privilegiada” donde reinan la frivolidad, el dinero, la hipocresía, las carencias afectivas, el ocio y el aburrimiento, en un México polarizado y pobre en su mayoría, pero no todos los pobres son infelices ni todos los ricos felices.

Mi amigo me recomendó esta lectura porque sabe que suelo debatirme entre mi lado bohemio y mi lado frívolo y que además me apasiona el tema. Mi máximo es gozar las mieles de la burguesía y luego criticarlas. Como Luis Buñuel (El discreto encanto de la burguesía; El ángel exterminador), Oscar Wilde (La importancia de llamarse Ernesto) o Tom Wolfe (La hoguera de las vanidades), aunque con muchisísimo menos talento.

Por otra parte, yo recomendé el libro a mis amigas de clase acomodada y la única que me hizo caso y lo leyó me comentó que quizá era muy revelador para algunos, pero nada nuevo para ella. Su opinión sólo redundó en la mía de que Apenas Marta es un nítido retrato de los contrastes en México, tan extremos como irreconciliables.
Marta, una heredera multimillonaria sin hermanos, sin mamá, con un séquito de sirvientes, un papá traidor y su respectiva prometida-escaladora social, es físicamente perfecta, alta, esbelta, bronceada, elegante y tiene un vacío existencial tan grande como su millonaria herencia. Paralelamente, vemos la historia del típico Junior con un futuro prometedor como abogado, que tiene una novia de mano sudada ideal para casarse y una amante pobretona para experimentar sexualmente.

Con una llamada, Marta la protagonista puede conseguir un zoológico ambulante en Central Park para un performance, pero no puede retener a un galán ni a un amigo. En contraste, entabla una relación involuntaria con la hija de la novia de su papá, una artista plástica apasionada que ya se acostumbró a estar “jodididísima, pero no hay pedo” y aprovecha cada instante, cada oportunidad y se le ve satisfecha con su cuerpo imperfecto, su pelo desarreglado, su pubis sin depilar, su palidez sin bronceado perfecto y su magro presupuesto. Adriana es la antítesis, una mujer con sueños, con proyectos, con un sentido de vida. El México desabrido contra el México pintoresco, con un galán de por medio.

Marta lo tiene todo y aspira a comprar a los demás como le enseñó su mamá, pero “el amor no tiene precio”, como dice el comercial de las tarjetas de crédito sobre lo que no se puede comprar, aunque todo lo demás sí. Bueno ella, Marta, sí tiene precio, existe gracias a una aberrante transacción monetaria, producto de las ya mencionadas desigualdades sociales. Tiene mucho dinero y está muy sola. Todos presencian su autodestrucción, mientras ella repasa su opaco pasado de secretos y traiciones que la hacen consumir compulsivamente ropa, dinero, alcohol, hombres, lo que sea, sin poder llenar su vacío existencial.

“Nada nuevo bajo el sol”, diría mi amiga, pero es notable reconocer en estas páginas el México polarizado -¿los Méxicos?- donde cohabitamos en condiciones tan disímiles. Lorea Canales, la autora, es mexicana y vive en Nueva York. Asimismo, la novela transcurre en México y Nueva York y mucho se ha señalado que es autobiográfica, por eso y porque el perfil de la autora embona perfectamente con este mundo burgués donde la protagonista se desenvuelve, pero Lorea se ha resistido férreamente a conceder que sea autobiográfica. En sus páginas se devela un obvio conocimiento de las altas esferas sociales mexicanas, pero ella asegura que se opuso a narrar hechos personales, que es una obra de ficción. Acá les dejo la entrevista que le hizo a Lorea Canales mi compañero @BetoTavira. Se la creo completamente, ya que es igual de asertiva en sus registros narrativos tanto de pobres como de ricos y es quirúrgica en sus reflexiones clasistas que a todos nos quedan.

Para cerrar, un fragmento de la llegada en yate de Adriana (la antítesis de la protagonista) a la playa:

Adentro, lujo. Afuera, pobreza. Adentro, blanco. Afuera, mil tonos de arena y tierra. Adentro, exclusividad. Afuera, pópulo. Siempre rodeado de contrastes, México era colores chillones, disonantes, opuestos. No es que tanto colorido fuera necesariamente alegre, pero sí llamaba la atención, nunca te acostumbrabas al rojo tan rojo y el amarillo tan chillante, a la salsa tan picante y al vacío, pensó Adriana. ‘Quizá yo me muevo entre matices más grises, pero para esta gente, desde la cubierta del barco blanquísimo e impecable, una gota de color y el contraste debe ser enorme’. Pensó en cómo se ensuciaba el agua cuando le metías el pincel la primera vez. En ese primer momento el color no quería mezclarse, se quedaba unido haciendo espirales, pero luego sacudías el pincel y todo quedaba uniforme. Lo que le hacía falta a este país era alguien que sacudiera el pincel y terminara de mezclarlo todo“.  (Pág. 79).

 

Próximas reseñas:

5. El Castillo de Cristal, de Jeannette Walls. Franca autobiografía de una escritora-periodista que creció (casi) en la indigencia impuesta por sus padres como forma de vida, quienes a su vez tenían paradójicos sueños de grandeza.

6. Girando en un tacón, de Regina Kuri. Autobiografía, testimonio de una adicta recuperada.

 

 

 

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