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Lilith Wannabe
Por Dalia Perkulis
Periodista con experiencia en publicaciones de lo que sea: salud, sexualidad, nutrición, psicolo... Periodista con experiencia en publicaciones de lo que sea: salud, sexualidad, nutrición, psicología, educación, cine, tecnología, negocios, moda, cultura, farándula, política y hasta deportes. Activista de medios digitales. La típica cinéfila que le da insomnio si no recuerda el nombre del actor de una película. No nació para ser esposa ni mamá, pero ama a su esposo y a sus retoños ante todo. Síguela en twitter: @daliaperk (Leer más)
Biografías femeninas (última parte)
Tercera y última entrega de la reseña de libros sobre mujeres, ya sean biográficos o ficticios, los cuales están unidos por la nada tierna infancia de sus protagonistas.
Por Dalia Perkulis
1 de julio, 2013
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5.- El castillo de cristal, de Jeannette Walls

“Los hijos son a prueba de padres” podría ser la premisa de esta novela autobiográfica de Jeannette Walls, que narra su MUY singular historia. Aquí es donde el término “sui géneris” aplica en su justa dimensión y apenas bien, es más, “sui géneris” debería ser modificado en el diccionario por “biografía de Jeannette Walls”. En fin.

Escritora y periodista norteamericana nacida en 1960, Jeannette Walls inicia sus memorias con su primer recuerdo, a los dos años, envuelta en fuego en la cocina de su casa-carpa mientras se freía salchichas para desayunar. De ahí en adelante, infancia de mal en peor: un día cae rodando del coche al pavimento al abrirse la puerta trasera mientras manejaba su papá, quien no regresa por ella hasta después de unas horas, tiempo que le toma percatarse de que tiró a una hija en la carretera y desandar el camino.

De proveer a sus hijos ropa, comida y techo los papás de Jeannette Walls ni hablamos. De usar anticonceptivos y evitar embarazos a falta de recursos para mantener una familia, tampoco. La autora cuenta cómo ella y sus tres hermanos crecen como animales silvestres. Y ya para ponerle un toque de locura, sus padres además -él alcohólico y ella deprimidísima, codependiente, estéril de amor y empatía- se dan el lujo de soñar con una vida de reyes, inculcan a sus hijos que ellos, la familia Walls, van a vivir en un castillo de cristal, que están más allá del bien y del mal y de las convenciones capitalistas. Ellos no trabajan, “no se venden”, conocen la verdad absoluta y van a descubrir el hilo negro. Mientras, no nutren a sus hijos y no necesitan nada mundano, como casa, comida o vestido.

En una de tantas ocasiones que no hay comida, los hijos apañan a su madre bajo las sábanas comiendo un chocolate a escondidas. Ella además argumenta que está equipando a los hijos de herramientas para la vida.

En otro pasaje, el padre incluso expone a Jeannette, ya adolescente, a prostituirse, con la certeza según él de que ella va a saber defenderse. No no no, lo que yo les cuente es poco y seguiré sin revelarles lo “hardcore” de esta autobiografía, que tiene para dar y repartir. Otro detalle ilustrativo, la pedagogía que aplican los señores Walls para enseñar a nadar a sus retoños.

Lo sorprendente es cómo, a medida que aumentan la negligencia, crueldad y ausencia de responsabilidad de los padres, aumentan también, efectivamente, la resistencia y la fortaleza de los hijos. O sea que la mamá tiene razón, pero por favor no lo intenten en casa. Es un método muy cruel. Otra virtud heroica que aflora en este caos es la alianza entre hermanos, un valor ultra conmovedor de esta historia real, y su consiguiente lealtad fraternal.

Pero tampoco lo prueben en casa, se los suplicamos. Una hermana, la menor, sí termina trastornada y no sale adelante, al contrario de Jeannette, la autora, narradora y protagonista de esta historia, que es un caso inverosímil de superación.

No sé cuál es el compuesto adictivo de esta autobiografía que es una sucesión de hechos traumáticos, tan crueles como las peripecias de Nosotros los pobres que acaecen sobre Pepe El Toro y en ese mismo tono trágico, sin embargo, no podemos dejar de leer por morbo, por estupefacción, por curiosidad de hasta dónde es posible la indiferencia/crueldad, o quizá en espera del momento de la emancipación, porque sabemos desde el principio que a pesar de su historia de horror la protagonista va a salir adelante. Está felizmente casada, es periodista y autora de un “best seller” (este libro) y su esposo, escritor también, la ha instado a contar su historia de pobreza y locura.

Por el éxito de esta narración de carretera que permaneció 100 semanas en los best sellers del New York Times, ahora Walls escribió la precuela, Caballos Salvajes, la biografía de su abuela, misma que, obvio, su bloguera que aquí les reporta va a leer obligadamente.

 

6.- Girando en un tacón, de Regina Kuri

A Regina la conocí, así de conocer más a fondo, un día que puso en su “time line” de twitter “hoy es mi aniversario 8-o-algo-así de vida”. De modo que por mensaje directo le pregunté: “aniversario de qué” y me respondió “de que entré a rehabilitación por consumo de drogas y alcohol”.

Por mi propio historial de adicciones, aunque con la conducta alimenticia, le manifesté mi felicitación antes que nada, mi admiración total, mis porras, mi solidaridad y todas las formas de empatía y apoyo que se me ocurrieron. Regina me correspondió con un “felicidades compañera”, “chócalas compañera” o algo por el estilo.

Esa noción de lucha, heroísmo, recuperación, humildad, supervivencia, luego lucha otra vez y así “ad infinitum” es precisamente lo que transmite Girando en un tacón, un testimonio autobiográfico de Regina Kuri sobre su caída en el alcohol y las drogas, su ruina, su oportunidad de rehabilitarse y una embarrada de su recuperación. Girando en un tacón es más bien la narración de la caída libre de Regina y termina donde inicia su tratamiento de recuperación, ya sin ahondar en el asunto. Pero, como en el caso de Martha Cristiana o Jeannettte Walls, sabemos de antemano que la autora se encuentra bien. Y luchando.

Tiene un segundo libro que se llama Ya aliviánate, donde sí profundiza en el proceso de recuperación que a ella le ayudó a salir adelante y que no termina en la dada de alta de la clínica de rehabilitación, sino todos los días que siguen. Este segundo libro tiene un momento sublime, créanme, donde Regina se encuentra con SU dios, uno muy personal.

La mayor virtud de Girando en un tacón es que nos lleva de la mano por una historia (real) con la clásica estructura narrativa orgánica que se deja entender: planteamiento, desarrollo, clímax y desenlace, así como acontece la vida propia. Transcurre. Pero en ese transcurrir, narrado por su propia protagonista, de pronto nos vemos envueltos en una caída vertiginosa, aparentemente sin fondo.

Así, un día Regina está insatisfecha ante el espejo, metiéndole todas las ganas al karate, sola, otro día está comiendo compulsivamente, sola, otro día está anoréxica, sola, otro día ya probó la marihuana, otro día ya la apodan la Koblenz por su velocidad para aspirar coca, luego ya está sola buscando droga en los barrios más peligrosos de la ciudad, luego ya se le cae el pelo a mechones, luego consume alcohol para bajar la droga, luego se droga para bajar el alcohol, luego ya se acostumbró a vivir sin comer, de pronto ya está girando en un tacón y al rato un guarro en el antro ya la está corriendo porque se metió coca en su cara.

Girando en un tacón es un testimonio obligado y un libro que recomiendan en prepas para prevención de adicciones, precisamente por la naturalidad con la que nos introduce al proceso de adicción de una persona común y corriente, como tú o como yo, que cae, así viviendo, sin ninguna señal de alerta. Y el tormento que se deja venir.

Tengo la fortuna de conocer a Regina, un milagro de vida y de lucha, además de una tipaza. Ahora que la sigo en las redes sociales cibernéticas me he dado cuenta que se ha vuelto toda una corredora y boxista clavada. Felicidades Regina. ¡Rifas!

 

Con esta tercera entrega, queridos lectores fieles y pacientes, concluimos la modesta elección de biografías femeninas que les recomendamos para leer. Garantizadas.

Todas valen la pena. Ojalá hayamos aportado criterios suficientes para que elijan las que más les latan.

Al cierre de esta edición ya me viene a la mente una biografía más, obligatoria: Infiel, de Ayaan Hirsi Ali, una mujer somalí que se reveló contra el islam como sistema político y se ha convertido en una feroz detractora de la violencia contra las mujeres.

Y mientras ustedes leen estas líneas, ya estaré pensando en algunos títulos más. No se agotan. La cosa es leer.

 

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