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Lilith Wannabe
Por Dalia Perkulis
Periodista con experiencia en publicaciones de lo que sea: salud, sexualidad, nutrición, psicolo... Periodista con experiencia en publicaciones de lo que sea: salud, sexualidad, nutrición, psicología, educación, cine, tecnología, negocios, moda, cultura, farándula, política y hasta deportes. Activista de medios digitales. La típica cinéfila que le da insomnio si no recuerda el nombre del actor de una película. No nació para ser esposa ni mamá, pero ama a su esposo y a sus retoños ante todo. Síguela en twitter: @daliaperk (Leer más)
No habrá otro anti héroe como Philip Seymour Hoffman
Era un gran actor y su mayor virtud radicaba en su contención, en su neutralidad para transmitir la decadencia, la descomposición, no como villano de telenovela burdo (de melodramón), sino siempre en su punto: feo pero contenido y pudriéndose por dentro.
Por Dalia Perkulis
5 de febrero, 2014
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“El mundo es un lugar maligno, algunos hacemos dinero de eso, otros se destruyen”.

Before the Devil Knows You’re Dead.

Sidney Lumet, 2007.

 

 

Ubico a Philip Seymour Hoffman dando cátedra de fracaso como un “coach” de vida a la inversa, aunque como actor era un éxito rotundo.

Solía representar el “lado b” de la sociedad gringa: daba voz al perdedor, al desecho, al daño colateral del sueño de supremacía, el sueño americano. Por su físico descompuesto se prestaba a encarnar personajes marginados en entornos decadentes, éstos “su leit motif” si los actores tuvieran uno.

Ubico sus discursos pesimistas de voz ronca. Ronca mal, no sexy: tenebrosa, “freaky”.

Inseguro, incómodo, inadecuado, inapropiado, acomplejado, patético, inadaptado.

En Happiness, por ejemplo, su libido tan exaltada y tan reprimida, él un discapacitado social, durmiendo de aburrimiento hasta a su psicólogo (irónicamente el más loquito de todos; típica trama de descomposición social de película de Hoffman).

No era un actor que querías ver en tu primera cita con un galán o rentar una película suya para convivir con la suegra en casa de tu novio. Era incómodo. Pantanoso. Confrontador.

No habrá más “freaks” con Philip Seymour.

Mediocre y acomplejado en el mejor de los casos, pervertido casi siempre, torcido por lo regular.

Era un gran actor y su mayor virtud radicaba en su contención, en su neutralidad para transmitir la decadencia, la descomposición, no como villano de telenovela burdo (de melodramón), sino siempre en su punto: feo pero contenido y pudriéndose por dentro.

En Almost Famous, el periodista desencantado, mediocre, quebrado y alcohólico que desalienta al joven aspirante a periodista de rock. Su voz ronca de alcohol y tabaco en el caso de este personaje: Lester Bangs. El pesimista experto disuadiendo al optimista ingenuo. Todo un coach de fracaso, un entrenador realista pues. La otra cara del periodista heroico que es vehículo de la verdad y del triunfo del bien sobre el mal.

Feo limítrofe en lo interesante, pero Feo con mayúscula por más benevolentes que seamos. Gran actor pero feo. Ideal para cine independiente. Ancho, corto, bofo, panzón, pálido, cabello amarillo tirándole a albino, lacio desordenado, barba igual, ojos azules chicos, lentes de pasta, cejas pobladas oscuras en contraste con su cabellera amarilla blanquecina, mirada bonachona engañosa, cuello ancho, cachetón. Carcajada suelta. Frente amplia pálida con exaltaciones rosáceas y amplias entradas de pelo.

Actor de tablas, actor de teatro. Director. Todo un cliché de neoyorquino con todo y su acento local como el de Seinfeld/George o el de Woody Allen, pero en su registro único. Si hay un doble de cada quien en el mundo dudo que exista el suyo.

En Before the Devil Knows You’re Dead le dice su hermano Hank (Ethan Hawke):

—Eres un imbécil, Andy.

—Siempre lo he sido —responde.

En esta tragedia de corte griego clásico, así como Edipo que se topa con su madre contra todas las posibilidades, Philip Seymour detona el hundimiento de su familia con déficit de autoestima hacia un destino maldito e irreversible.

Con un “easiest money to get” y con toda parsimonia orquesta los planes más atroces y se corona (anti)héroe trágico. Se transforma en el monstruo que es y muta de delincuente de cuello blanco a asesino a mano armada. Ahí se echa un diálogo con su padre, Albert Finney, donde se asume la oveja negra de la familia.

En esa película del maestro Sidney Lumet que como me voy a delatar me parece fascinante, Philip se droga en un departamento aséptico con vista a Manhattan. Se desparrama en la cama con todo y su barriga y luego regresa de traje al trabajo. El traje no contiene su mala facha, como el gel no controla su cabellera ingobernable.

Se echa sus monólogos patéticos con el “dealer” andrógino que despacha en batas de seda con figuras de dragón y éste le responde: “búscate un ‘shrink’ o una esposa y no vuelvas a llegar sin cita”.

Cada vez son más cortas sus estancias en el cielo y más dolorosas las vueltas a la realidad. Sus brotes de sueños destinados al fracaso. Cada vez más ansioso y menos satisfecho.

Esa tragedia maestra, inicia con una escena de sexo de él con Marissa Tomei, cero inhibiciones, su piel bofa y pálida, su barriga a la intemperie, lampiño, embiste a la Tomei mirándose al espejo como artista porno bajo el efecto de la mota.

“Oh God I’d like to live like this”, exclama después del orgasmo, pero es imposible.

Actor de cine de autor en la mayoría de sus filmes, obvio se ganó el Oscar por su película más oscareable: Capote. Ideal para el papel, imperfectible, magistral, sin duda, pero lo suyo era la contracultura, las películas incómodas. Capote era el “establishment” junto a sus demás papeles.

En Magnolia salía de enfermero pegado al teléfono para que Jason Robards, moribundo, se reconciliara con su hijo, Tom Cruise (predicador de sexo, algo así). Una película sobre el arrepentimiento y el perdón, una obra maestra también favorita de su servidora, donde lo dirigirió Paul Thomas Anderson como su actor fetiche, así como a Julianne Moore, ambos también en Boogie Nights y en The Big Lebowski, aunque ésta última de los hermanos Coen.

Cuando ganó el Oscar agradeció a su mamá porque le inculcó el teatro y “la pasión de ella es ahora mi pasión y es maravilloso estar aquí esta noche”.

En el 2005 que ganó el Oscar estuvo nominado contra Joaquin Phoenix por Walk the Line y Heath Ledger por Brokeback Mountain.

Hoy Philip Seymour Hoffman, Heath Ledger y el hermano de Joaquin Phoenix, River (ídem) quien se desplomó en los noventa para siempre, son bajas por sobredosis de drogas. Qué tema la adicción. La tocada es despertar con saldo rojo en el showbiz por consumo de drogas. La tendencia de hoy y siempre.

No todos los talentosos son drogadictos ni todos los drogadictos son talentosos, pero “con un gran talento viene una gran sensibilidad”, eso parecen demostrar Seymour, Phoenix, Ledger más los que se acumulen. Y Robert Downey Jr. vivito y coleando con más clase que nunca, cantando con Sting. Es una ruleta rusa y se van unos talentosísimos.

Luego Philip Seymour actuaría con Joaquin Phoenix en The Master, otro largometraje de Paul Thomas Anderson donde Hoffman encabeza un movimiento espiritual y se erige como un líder de culto. El director aquí aborda el tema de la cienciología y retoma la figura del predicador de culto que ya aparecía en Magnolia con Tom Cruise.

En Savages, Hoffman con Laura Linney, puro actor de tablas: una película sobre adultos infantiles, dos hermanos “salvajes” como su apellido lo indica. Dos adultos mal logrados no saben cómo afrontar la vejez de su anciano padre.

En Doubt, obra de teatro adaptada al cine, todos nominados, con Meryl Strip, Amy Adams, “duelo de actores” como siempre (aunque sea un cliché), sale de un cura de “diente dulce” acusado de pedófilo.

No sólo de cine independiente vivía Philip Seymour. Era versátil. Un vehículo de energía dramática. Podía ser un ojete en el cine comercial como en Mission: Impossible 3, The Talented Mr. Ripley, The Hunger Games o The Ides of March, donde sale de jefe de campaña frío y calculador de un candidato gringo a la presidencia. Según él la diferencia entre una peli independiente y una comercial era el “catering” y el café, por lo demás todas eran una película más.

Bueno sale hasta de “drag queen” en Flawless, al lado de Robert De Niro.

 

“No digáis que nadie es feliz hasta que haya muerto”.

Edipo Rey.

Misión casi imposible será separar la muerte de Philip Seymour de su trayectoria artística, pero lo más triste será privarnos de sus espléndidas actuaciones. Sus papeles perdurarán. Procuraré quedarme con el actor. (Dicen que era bastante insoportable como persona). Podría darme un encerrón para ver el 90 por ciento de sus películas y sería una sobredosis de hedonismo puro. Qué agasajo. Uf que si dejó huella en escena.

 

 

“Puedes estar media hora en el cielo

Antes que el diablo sepa que estás muerto”.

Before the Devil Knows You’re Dead.

 

@daliaperk

 

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