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Lilith Wannabe
Por Dalia Perkulis
Periodista con experiencia en publicaciones de lo que sea: salud, sexualidad, nutrición, psicolo... Periodista con experiencia en publicaciones de lo que sea: salud, sexualidad, nutrición, psicología, educación, cine, tecnología, negocios, moda, cultura, farándula, política y hasta deportes. Activista de medios digitales. La típica cinéfila que le da insomnio si no recuerda el nombre del actor de una película. No nació para ser esposa ni mamá, pero ama a su esposo y a sus retoños ante todo. Síguela en twitter: @daliaperk (Leer más)
La Muralla de Ligia Urroz
Entrevista a Ligia Urroz, autora de la novela La Muralla, que se presenta este lunes 8 de mayo en el foro El Tejedor, en el Péndulo de la Roma.
Por Dalia Perkulis
6 de mayo, 2017
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Ligia, estos días estrenas la edición de tu novela La Muralla en versión bilingüe (inglés/español), una historia sobre la tragedia de la migración que publicaste en español en el 2008. Lo más inquietante en estas fechas de reedición es el factor profético que contuvo tu novela desde su primera publicación en el incómodo capítulo diez, donde “los de arriba” quieren construir un muro gigantesco para proteger “la soberanía de los ciudadanos de primera” (la contraparte de éstos no tiene nombre, porque ni a quinta llega, ni a ciudadano puede aspirar). Con un lenguaje frío y conciso describes las características de la muralla que se pretende construir, una que encendida de noche en toda su longitud se apreciaría desde el espacio y cuya construcción sería ordenada por los de arriba y ejecutada por “los de abajo” (Mariano Azuela dixit). Podría ser sin cambiarle una palabra “la nota” informativa del diario de hoy. Así como, se sabe, las novelas distópicas de George Orwell podrían llenar los contenidos del noticiario.

¿Qué sientes de haber concebido en el terreno de la ficción una idea tan ignominiosa y que se haya vuelto una propuesta real?

La idea de construir muros data de tiempos inmemorables. Conocemos murallas muy famosas como la China, la muralla de Ávila, etc. Dichos cercos fueron construidos con el propósito de marcar un límite y cuidar lo que hay dentro. La administración del presidente Bush propuso en el 2006 construir 700 kilómetros. Mario Vargas Llosa escribió una nota en El País en octubre del mismo año donde dice: “este muro no se construirá nunca, y, si, de milagro, llegara a construirse, no serviría absolutamente de nada. Esto lo sabe todo el mundo, empezando, claro está, por los legisladores que aprobaron la ley y el propio mandatario estadounidense”. Habían señales inminentes de dicha construcción, pero lo más desgarrador era el dolor que día a día vivían miles de migrantes al cruzar el cerco fronterizo. Con el paso del tiempo, dicho dolor no ha hecho más que crecer. Lo que ahora subraya la afrenta pública de la noticia es el tono del nuevo mandatario estadounidense con el cual institucionaliza una era de discriminación y racismo.

Ese dolor que siempre ha existido, es el que quise escribir en las páginas de La Muralla.

Este año, Ligia, releí tanto tu Muralla como el célebre libro El hombre en busca de sentido del fundador de la logoterapia y sobreviviente del Holocausto, Viktor Frankl. Me sorprendieron puntos comunes de ambos donde no los esperaba:

  • En La Muralla mencionas que los policías antiinmigrantes cuyos padres nacieron en el sur son los más crueles. Fíjate que Frankl afirma lo mismo de “los capos”, los capataces judíos que los nazis designaban como vigilantes.
  • Frankl habla de que entre los prisioneros de los campos de concentración/exterminio reinaba un miedo a ejercer la iniciativa, a tomar decisiones como “hoy voy a ser voluntario para esta otra labor”, porque esta audacia solía precipitar la muerte. En tus personajes noto un sino parecido, una condena ineludible si se van o si se quedan, eso sí, pero tantito peor si tienen ambiciones y ejercen su albedrío.
  • En el contexto de las travesías mortales en el desierto de los migrantes ilegales escribes, textual: “Bajo estas condiciones infrahumanas el egoísmo es inherente al instinto de supervivencia”. Podría ser una frase sacada del libro de Frankl.

¿Qué te parecen estas similitudes?

Antes que nada, gracias por la comparación. Te confieso que no he leído a Viktor Frankl pero me parece que ciertos comportamientos en situaciones límite se pueden replicar en cualquier cultura. No me sorprende encontrar personas que por su historia han sido maltratados y que al momento de estar en una situación de poder se desquitan y maltratan. A veces dicen que las personas que más odian y gritan son las que están más necesitadas de compasión.

La condición de “miedo a ejercer la iniciativa” la podría comparar con la necesidad de huir del dolor de tu propia tierra debido a la falta de oportunidades de trabajo, “salir de un círculo vicioso es difícil, pero salir del complejo círculo de la fatalidad intergeneracional es casi imposible, los individuos se encuentran en la misma encrucijada, ser el sustento o aventurarse al estudio, casi siempre, caminan sobre las mismas huellas de los padres, y su única opción es transmitirle a sus hijos el mismo destino” (La muralla, capítulo nueve). Es decir, que en condiciones de pobreza las personas gastan todo en consumo y nada en ahorro o en estudios, esto genera que no puedan prosperar y caigan en un círculo vicioso y lo hereden a los hijos. La teoría es de Gunnar Myrdal, premio Nobel de economía y la realidad de millones de nuestros hermanos.

Ligia es licenciada en economía por el ITAM y maestra por la London School of Economics, además de músico. Si recuerdan, la hemos entrevistado como miembro de la banda musical Octubre XX. También tiene maestría en literatura y es muy deportista. Ha ejercido la forma más contestataria de su condición como migrante involuntaria: ser exitosa.

Y con respecto a la frase “bajo estas condiciones infrahumanas el egoísmo es inherente al instinto de supervivencia” pienso que si estás en una situación límite, tus más altos valores son totalmente silenciados por el instinto.

Hablando de líneas intercambiables –sólo las ya indicadas en realidad- mencionas también que los migrantes, anónimos, podrían intercambiar sus historias y luego continuar con la vida del otro sin notar la diferencia. Así como señalas que las aspiraciones y sueños truncos de cada víctima no se registran en las autopsias. Son apreciaciones tan despiadadas como reales.

¿El estatus de migrante será hoy el más bajo en el escalafón de la humanidad, sobre todo en estos tiempos que se exacerba el nacionalismo?

Creo que el estatus de pobreza extrema es mucho peor y que genera las ganas de migrar. También duele la pobreza o falta de compasión o de empatía. Y la pobreza mental que genera el odio y la guerra: otra causa de las enormes migraciones.

Considero que tu pluma en esta novela es muy femenina. Tu Muralla está cargada de maternidad, intuición, sentido del humor –en el pueblo hay cosechas de niñas Topacio, Marimar o de la novela en turno el año de su nacimiento, todas de la misma edad; a la yerbera le piden el remedio para el marido que “no se le para”, la acongojada esposa ignora que las erecciones del marido son para otra; el nombre de la protagonista Charbel “el más milagroso” con “el infalible” prefijo María; María le unta con el dedo la crema a la tostada que le regalan en el mercado y se la come a cachitos- capturas aromas, recetas, amaneceres, sabiduría y complicidad femenina, apelas, como diría Clarissa Pinkola a “la loba” que llevamos dentro, a nuestra mujer salvaje. Y a la vez eres cruel e incisiva como el autor más viril. En otras palabras, en esta novela integras a la mujer madre y a la mujer sexuada que cohabitan tanto en tus personajes femeninos como en ti, la autora.

¿A qué autoras admiras y qué característica específica admiras más de cada una?

Una de mis escritoras y filósofas más admiradas es Simone de Beauvoir. La admiro por sus novelas breves, crónicas, por su filosofía y forma de vida. Fundadora del feminismo de nuestra época, para Beauvoir ser mujer no es sólo ser sexuada de una determinada manera, es ser clasificada en la manera en la que la sociedad quiere. Para ello, dicha sociedad fabrica a partir de niñas pequeñas a las mujeres. Los juguetes no son los mismos, las lecturas no son las mismas y luego, más adelante, desgraciadamente, la formación profesional no es la misma. Para ella, las mujeres se fabrican de forma que sean sacrificadas, sirvientes del hombre y sirvientes de sus hijos. Se les programa para la maternidad, para las tareas de la casa y la vida doméstica y es así como se llega a ser mujer, a partir de un nacimiento que podría darle las mismas oportunidades que a un hombre. Ella vive su teoría, ejemplo de ello fue su relación amorosa con Sartre.

Otra escritora que admiro profundamente es Amélie Nothomb, escritora belga que ha vivido en varios países y escribe acerca de la condición de la mujer. Escribe el horror de la guerra y la pobreza. Se interesa por la fealdad y los monstruos. Admiro su manera de parir novelas a una velocidad vertiginosa. Su texto “La metafísica de los tubos” es un libro profundamente reflexivo que sorprende en cada línea.

Transcribo un fragmento:

“Tantas historias oídas y temidas, pero ¿podemos imaginar realmente el cansancio de caminar por horas y horas, a veces por días bajo un sol abrasador? ¿Logramos pensar en el dolor de unos pies destrozados que no pueden descansar? ¿Podemos concebir un calor sofocante que no se alivia? ¿El polvo clavándose en los orificios nasales? ¿La angustia de no conocer el camino y de no tener ni idea cuánto más falta para llegar al destino, mientras nuestra vista se pierde en la infinidad del desierto?”.

¿Por eso, para sensibilizarnos sobre el tema eres tan cruel con tu joven protagonista María Charbel?

La vida real es profundamente más cruel en la línea.

¿Qué línea?

La línea o frontera. Esa que luce imposible e insalvable. Existen miles de Marías, las verdaderas, que viven peores suplicios al intentar cruzar la pared.

Tus descripciones gráficas de muerte por asfixia y deshidratación me recuerdan a un espeluznante capítulo de la novela La fila india, de Antonio Ortuño, donde describe con términos científicos la muerte en un incendio de un grupo de migrantes encerrados en un cuarto. En ambos casos me parece pornografía del sufrimiento necesaria y justificada.

Tú te autodenominas “nicaragüense de nacimiento y mexicana de corazón”. Como diría Chabela Vargas, “los mexicanos nacemos donde se nos da la chingada gana”. Saliste de Nicaragua huyendo de la guerra al país donde se dirigía el primer avión que pudo tomar tu familia y el resto es historia. ¿En qué fecha y de qué edad llegaste a México?

Llegué a México en junio de 1979, unos días antes del fin de la revolución sandinista. Tenía once años (me sorprende el once). La guerra me robó la inocencia y cuando pisé tierras mexicanas ya no era una niña.

¿Te sorprende la corta edad de once?

Me sorprende el once porque es MI número. Me sigue por todos lados cuando hago cuentas, cuando veo la hora, cuando veo letreros.

Sé, insisto, te consideras “mexicana de corazón” y lo eres legalmente, pero: ¿hay algún día de tu vida que te olvides de Nicaragua?

Como canta Gloria Estefan: “La tierra te duele, la tierra te da en medio del alma cuando tú no estás, la tierra te empuja de raíz y cal, la tierra suspira si no te ve más. La tierra donde naciste no la puedes olvidar, porque tiene tus raíces y lo que dejas atrás”.

Y ¿para cuándo tu novela biográfica sobre la salida de Nicaragua?

Ya casi está terminada. Me ha llevado muchos años porque duele. Es un exorcismo. Es desollarte y mostrar tu sufrimiento.

Ligia, las estrellas que son testigos de toda la acción dramática en La Muralla, ¿cómo ven a Ligia Urroz hoy?

Como una mujer apasionada. Esa que persigue y busca lo que la mueve. Esa que tiene la sensibilidad a flor de piel y que vive al ritmo de la música y las letras.

La que intenta vivir el carpe diem.

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