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Lilith Wannabe
Por Dalia Perkulis
Periodista con experiencia en publicaciones de lo que sea: salud, sexualidad, nutrición, psicolo... Periodista con experiencia en publicaciones de lo que sea: salud, sexualidad, nutrición, psicología, educación, cine, tecnología, negocios, moda, cultura, farándula, política y hasta deportes. Activista de medios digitales. La típica cinéfila que le da insomnio si no recuerda el nombre del actor de una película. No nació para ser esposa ni mamá, pero ama a su esposo y a sus retoños ante todo. Síguela en twitter: @daliaperk (Leer más)
La relación ideal: virtual
Cuando convives con alguien regularmente, el concepto que esa persona tiene de ti se deriva del promedio de todas esas veces que te ve. Pero cuando ves a una persona que además te importa mucho una vez cada año o dos, tienes poco margen de acción para dar una buena impresión y si es en mal momento de tu aspecto físico o tu estado de ánimo, esa es la imagen que prevalecerá hasta la siguiente oportunidad.
Por Dalia Perkulis
25 de mayo, 2019
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“Seduce todo cuanto engaña”. En la portada de un libro de filosofía.

Esta frase es mucho más profunda, sutil. De cuando decimos “no” para incitar a la acción*; de cuando nos hacemos misteriosos para atraer, pero aplica retebién a la identidad virtual que nos inventamos para seducir.

Mi mejor amigo vive en Nueva York y está de visita en México. Francamente hay muy poco misterio que reserve para él. Nuestra amistad tiene más de dos décadas y nos conocemos solos, abandonados, impotentes, frustrados, caídos y recaídos, reincidiendo en viejos patrones destructivos y nos lo señalamos mutuamente. Me conoció en el peso más alto que he tenido (y soy de extremos) y también rapada. Me vio gorda y rapada a la vez. Fue testigo de mi búsqueda desesperada para conseguir marido y mi talento para ahuyentar a los escasos prospectos. Conoce mi lado intolerante y me ha regañado. No sólo por intolerante, sino por exhibicionista, frívola, egoísta. Ha sido amigo y enemigo de mi marido. Conoce mi lado coqueto ahora que casada y “madura” me he cotizado más que nunca porque al fin me hallé y eso se exuda. Conoce mi lado oscuro.

Pues vino a México por un mes, ya han pasado dos semanas y no nos hemos visto. De pronto me descubrí muy cómoda así. Es más, evadiendo el encuentro.

Cuando te relacionas virtualmente –en nuestro caso por correo electrónico, whatsapp y llamadas telefónicas ocasionales–, puedes textear desde el escusado y con mal aliento. Y contar tus hazañas más heroicas. Puedes reeditar sobre lo editado hasta ser irreconocible. Y redundar en esa imagen súper producida lo que se te antoje. Y reeditar más.

Heroico mi esposo que me ama a pesar de vivir conmigo, el escusado y mi mal aliento. Y además me mantiene voluntariamente. Santo, cuál heroico.

Ante el inminente encuentro con mi mejor amigo me invadió el pensamiento más ridículo: “Cuando convives con alguien regularmente, a veces te ve sexy, a veces no; arreglada y fachuda; de malas y ocurrente; fresca y cansada; carismática o pesada. Y el concepto que esa persona tiene de ti se deriva del promedio de todas esas veces que te ve. Pero cuando ves a una persona que además te importa mucho una vez cada año o dos, tienes poco margen de acción para dar una buena impresión y si es en mal momento de tu aspecto físico o tu estado de ánimo, esa es la imagen que prevalecerá hasta la siguiente oportunidad”.

“Que si me ve ‘acabada’ (vieja, arrugada), si no ando muy ingeniosa ese día, si lo aburro, si se decepciona”.

Mi esposo de nuevo. Él sí tiene la visión completa, para mal ya dijimos, pero también para mi bien.

Ante mi mejor amigo esos temores, háganme el favor. De hecho le llamo mi “Diablo Guardián”, ya sé que ahora está de moda la serie y suena mucho, pero yo llevo diciéndole así desde el 2003 –superen eso novatos– que la novela homónima de Xavier Velasco ganó el premio Alfaguara.

Procuro ser auténtica con él y si no, me cacha. Aun así le ando sacando la vuelta al encuentro porque temo que me tenga idealizada. Imagínense el vértigo de conocer a un amigo virtual con quien nunca hemos interactuado en persona y a quien nos hemos empeñado en apantallar, en presentarle nuestra versión más archi producida e irreal.

No en vano luego me regaña mi diablo guardián por frívola. Yo no pienso evaluarlo el día que lo vea, jamás lo haría, sólo quiero pasar tiempo con él. Estoy segura que él igual, no va a calificarme. Estamos más allá del bien y del mal. Eso, además de que es irrelevante y redundantemente frívolo, estoy en mi mejor momento física y mentalmente. Así que aprobaría el escrutinio, creo, pero no va a haber tal.

La relación ideal es imposible, por imposible es ideal. Una vez que se materializa deja de ser utópica.

Qué conveniente es el mundo virtual.

Pero no con mi diablo guardián. Somos reales. Y defectuosos. Y nos queremos. Voy a verlo ya.

*Aunque ahora con el #metoo el “no” dejó de ser ambiguo o una herramienta de seducción, ¡aguas!, me lo hizo notar el otro día mi colega Homero.

@daliaperk

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