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Por Dalia Perkulis
Periodista con experiencia en publicaciones de lo que sea: salud, sexualidad, nutrición, psicolo... Periodista con experiencia en publicaciones de lo que sea: salud, sexualidad, nutrición, psicología, educación, cine, tecnología, negocios, moda, cultura, farándula, política y hasta deportes. Activista de medios digitales. La típica cinéfila que le da insomnio si no recuerda el nombre del actor de una película. No nació para ser esposa ni mamá, pero ama a su esposo y a sus retoños ante todo. Síguela en twitter: @daliaperk (Leer más)
La vida de Pi
"Estás tranquilo, sereno y feliz, y al poco rato el miedo se te cuela en la mente como un espía"
Por Dalia Perkulis
19 de noviembre, 2012
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Quisiera decir algunas palabras acerca del miedo. Es el único y auténtico adversario de la vida. Sólo el miedo puede vencer a la vida. Es un contendiente traicionero y perspicaz, y bien que lo sé. Carece de decoro, no respeta ninguna ley, ningún principio. Te ataca el punto más débil, que siempre reconoce con una facilidad infalible. Empieza con la mente, siempre. Estás tranquilo, sereno y feliz y al poco rato el miedo, ataviado con la vestimenta de duda afable, se te cuela en la mente como un espía. La duda se encara con la incredulidad y la incredulidad trata de expulsarla. Sin embargo, la incredulidad es un mero soldado de infantería desprovisto de armas. La duda la elimina en un santiamén. Te inquietas. La razón viene a luchar por ti. Te tranquilizas. La razón está bien equipada con armas de última tecnología. No obstante, de forma asombrosa, a pesar de contar con unas tácticas superiores y un número de victorias aplastantes, la razón se queda fuera de combate. Te sientes debilitar, flaquear. La inquietud se torna terror”.

 

Te ves tomando decisiones precipitadas de forma atropellada. Despides a tus últimos aliados: la esperanza y la fe. Y ya está, tú mismo te has derrotado. El miedo, que no es más que una impresión, ha triunfado sobre ti”.

 

Vida de Pi, de Yann Martel. Premio Booker 2002. Editorial Booket. Págs. 212, 213.

 

Vida de Pi, de Yann Martel, es una novela que narra la historia de un náufrago cuyo mal menor es el naufragio. Se trata del enfrentamiento de un hombre con su bestia.

Es una historia de supervivencia que eleva a categoría de novela sublime un ensamble de literatura, biología, zoología, teología y psicología. Una obra maestra sobre naturaleza humana. ¡Y es una historia real! Bueno, de Pi.

El reto de llevar esta novela al cine se lo atribuyó Ang Lee (Brokeback Mountain; “Secreto en la montaña” en México, 2005) cuyo filme homónimo se estrenará este diciembre: http://www.imdb.com/title/tt0454876/

Curiosamente, los cortos de “Life of Pi”, título original, llevan ya unos seis meses en exhibición. Mis compañeras del libro-club y su servidora estamos ansiosas por asistir al estreno y comparar la película con la novela del autor canadiense, que leímos y analizamos en clase. Tanto nos hemos frotado las manos de expectación que nos van a sangrar.

Aplaudimos de pie la iniciativa del cineasta, no pinta nada fácil dirigir a animales salvajes, pero ya se adivina en los cortos, doblados al español -también habrá versión subtitulada-, que la película va a estar dirigida a chavos y abocada a la acción. La novela es un bombardeo de profundas reflexiones introspectivas, una obra de franca inclinación filosófica. Es una aventura de sed en medio del mar, de fe en medio del caos.

El libro narra en su primera mitad la formación de un ser humano con una férrea fe nata en búsqueda de un Dios incluyente, que así como habita en su interior, habita el universo y lo une todo, hasta a las religiones que rivalizan. Pi, el protagonista, equipara sus reflexiones con el conocimiento que tiene sobre el comportamiento animal, por su situación como hijo del dueño de un zoológico y vecino de las bestias en cautiverio. El joven intenta conciliar en su interior las enseñanzas de religiones tan opuestas como la católica y la musulmana, nociones budistas, conocimientos científicos, lecciones de sus maestros del colegio, sus experiencias cotidianas y los consejos de los ancianos que lo rodean.

Esta historia de fe que se desarrolla en la primera mitad es la columna del heroísmo que despliega el personaje principal ante la adversidad que enfrentará en la segunda parte. Y qué adversidad, propia de mega producción hollywoodense. Aunque voy a ser la primera en correr al cine, recomiendo ampliamente que se abstengan de ver la película hasta haber leído el libro.

El libro ahonda en la hazaña introspectiva mucho más azarosa y épica que la misma acción que veremos en pantalla, incluido un tigre de bengala con nombre de náufrago y un hindú vegetariano convertido en asesino y devorador de animales de la noche a la mañana. Además, hienas, roedores, tiburones, barcos, ballenas, ciegos, caníbales y océanos picados inabarcables. No dudo que saquen también la versión 4XD.

Los invito a hacerle como yo con Tenemos que hablar de Kevin. Aunque les gane el estreno de la película, hagan un esfuerzo por leer la novela, así tengan que ver la película en video o en cualquier formato digital ya “en la comodidad del hogar”. Mejor aún, corran por la novela y están perfectamente a tiempo de alcanzar la película en el cine, cuyo estreno está anunciado tentativamente para el 21 de diciembre de este año. Es el plazo que nos damos para leer en mi libro-club.

Le otorgaremos al filme el beneficio de la duda, de que no será una película más de acción. Esperemos que rescate la esencia introspectiva y perturbadora de la novela.

La novela, les anticipo, es de odiarse o amarse sin medias tintas.

 

…El miedo… intentará cariarlo todo: hasta las palabras que pronunciarás para hablar de él. Tienes que luchar a brazo partido para alumbrarlo con la luz de tus palabras. Porque si no te enfrentas a él, si tu miedo se vuelve una oscuridad muda que evitas, quizá hasta olvides, te expones a nuevos ataques de miedo porque nunca trataste de combatir al adversario que te venció”. Ídem, pág. 214.

 

La muerte inminente ya es bastante terrible de por sí, pero es mucho peor si te sobra tiempo, tiempo en el que se hace patente toda la felicidad que ha sido tuya y toda la felicidad que podría haber sido tuya. Ves todo lo que te estás perdiendo con una nitidez abrumadora”. Ídem, pág. 196.

 

 

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