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Lilith Wannabe
Por Dalia Perkulis
Periodista con experiencia en publicaciones de lo que sea: salud, sexualidad, nutrición, psicolo... Periodista con experiencia en publicaciones de lo que sea: salud, sexualidad, nutrición, psicología, educación, cine, tecnología, negocios, moda, cultura, farándula, política y hasta deportes. Activista de medios digitales. La típica cinéfila que le da insomnio si no recuerda el nombre del actor de una película. No nació para ser esposa ni mamá, pero ama a su esposo y a sus retoños ante todo. Síguela en twitter: @daliaperk (Leer más)
Me voy a Las Vegas
Con el propósito de viajar una vez al año sin maridos ni hijos, nos fuimos a Las Vegas hace dos años. El año pasado no ahorramos suficiente para viajar y ahí vamos de nuevo este jueves.
Por Dalia Perkulis
23 de octubre, 2012
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Me voy a Las Vegas de jueves a domingo con mis amigas del “playgroup”. Somos un grupo de mamás que nos hicimos amigas cuando nacieron nuestros primogénitos con semanas o meses de diferencia. Nos reuníamos para que jugaran los bebés -ahora de 8 años- y nosotras intercambiábamos tips sobre lactancia, pañales y ablactación. Luego nacieron los segundos y repetimos el modelo, ya con los grandes andando por ahí mientras los bebés gateaban.

Con el propósito de viajar una vez al año sin maridos ni hijos, nos fuimos a Las Vegas hace dos años. El año pasado no ahorramos suficiente para viajar y ahí vamos de nuevo este jueves.

El balance del viaje hace dos años fue más o menos el siguiente: “Dalia ni toma, ni compra, ni juega, ni se desvela. Para qué vino”.

Es un viaje que jamás organizaría yo, pero voy de montonera. Este año estuve a punto de cancelar porque soy difícil de animarme a viajar en grupo y porque la maestría está pesada y me agobia dejarla, pero intenté cancelar y mis amigas no me lo permitieron. Hasta vacilé con ellas que estaba baja de autoestima y nomás las andaba probando a ver si realmente querían que fuera. Por alguna extraña razón me quieren ahí, aunque yo sea la viajera menos atractiva, una boicoteadora de la diversión.

Mi balance: yo también las quiero mucho aunque me obliguen a viajar.

Es temporada de Halloween y eso es bueno. Cuando veo decoración de Halloween me acuerdo de mi hermana y su familia que vive en Boston. Me ha dicho que la decoración de Halloween a ella le evoca el frío inminente que viene para quedarse y a mí la decoración de Halloween me inspira un sentimiento de solidaridad con mi hermana.

A eso me remite Halloween y a que allá en Estados Unidos es temporada de pay de calabaza y se empiezan a divisar los platillos con jengibre, desde ahora hasta la Navidad.

Con esa asociación pavolviana Halloween-EUA-hermana-PayCalabaza corro cada año a Krispy Kreme por mi dona de calabaza y especias (que no ha llegado), así como rastreo galletas y especialidades jenjibrosas en el súper.

Allá voy Las Vegas, Estados Unidos, a comer manjares de calabaza (“pumpkin pie”, “pumpkin latte”) y jengibre (“ginger bread”, “ginger cheesecake”) aunque se me ha bajado un poco la euforia por el abuso en el consumo de estos dos ingredientes los últimos años. Ése es para mí un atractivo de viajar a Estados Unidos este mes, además de la motivación de traer muchos chocolates con crema de cacahuate.

Pobre de mí, tan obsesionada con la comida y tan cerca de mis amigas que me llevan a Estados Unidos.

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