close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Lilith Wannabe
Por Dalia Perkulis
Periodista con experiencia en publicaciones de lo que sea: salud, sexualidad, nutrición, psicolo... Periodista con experiencia en publicaciones de lo que sea: salud, sexualidad, nutrición, psicología, educación, cine, tecnología, negocios, moda, cultura, farándula, política y hasta deportes. Activista de medios digitales. La típica cinéfila que le da insomnio si no recuerda el nombre del actor de una película. No nació para ser esposa ni mamá, pero ama a su esposo y a sus retoños ante todo. Síguela en twitter: @daliaperk (Leer más)
Película de drogadicto, yomi
“Regresa a mí” aborda la imposibilidad de reivindicarse. Nadie cree en ti, así que cuando haces cosas buenas que parecen malas, te dices convenientemente “si ya van a pensar mal de mí, mejor me drogo. Con el trabajo que me cuesta mantenerme sobrio, para que de todos modos desconfíen de mí”.
Por Dalia Perkulis
27 de marzo, 2019
Comparte

Ayer vi Ben Is Back; Regresa a mí le pusieron en México (Peter Hedges, 2018). La historia de un joven adicto a las drogas y su mamá. Me conmocionó.

Fui adicta. A la comida. Soy. Rehabilitada. Un día a la vez.

Durante su internamiento en una clínica de rehabilitación, Ben (Lucas Hedges) llega inesperadamente a pasar un día con su familia, la navidad.

La película aborda la imposibilidad de reivindicarse. Nadie cree en ti, así que cuando haces cosas buenas que parecen malas, te dices convenientemente “si ya van a pensar mal de mí, mejor me drogo. Con el trabajo que me cuesta mantenerme sobrio, para que de todos modos desconfíen de mí”. La fuerza para curarse no abunda, digamos y la inercia destructiva sí es arrasadora, fomentada por el entorno además.

Cuando tienes instantes en que te quieres dejar ayudar y avisas que eres un mentiroso –“no me crean”–, luego te arrepientes y tienes que desplegar mayor ingenio para escabullirte.

Lo que uno es capaz de hacer para consumir, lo ruin que se siente. Lo ruin que se es. El daño colateral y ni se diga a uno mismo. El azoro de la familia, la perplejidad, desorientación, la persecución, el amor, la culpa, la vergüenza.

El derroche del patrimonio familiar primero en la droga y luego en el tratamiento. Y el adicto empeñado en estar mal.

El contraste entre los miembros perdidos y los ejemplares dentro del mismo hogar.

En la farmacia no tienen el remedio para salvar de emergencia a un intoxicado moribundo porque “no alientan el vicio”, pero sí venden jeringas para drogarse 24/7 en el drive thru. Ignoro por qué, en asuntos de adicciones siempre ha sido más estigmatizado el remedio que la enfermedad. Todo mundo puede ser alcohólico cagado, pero alguien internado para rehabilitarse es muy señalado.

Como ex adicta, nunca había visto tan bien abordado el dolorosísimo proceso de la incipiente rehabilitación, la tensión entre la tentación y la culpa.

A Lucas Hedges lo conocí y me cautivó en Manchester By the Sea (Kenneth Lonergan, 2016). Ahora está en su momento, en todas partes. Julia Roberts, extraordinaria también.

La gente no me cree que fui adicta. Llevo más tiempo bien que mal. La mayoría de los que me rodean ya me conoció bien. Un gran amigo cree que invento mis antecedentes viciosos para llamar la atención. Pero no. Mis amigos veteranos que siguen alrededor saben de qué hablo.

Robaba comida en el súper. Recuerdo una película mexicana, no exactamente cuál, donde a una mamá en necesidad la cachaban robando en el súper y el gerente no la denunciaba a cambio de que tuviera sexo con él. Eso me asustó muchísimo.

Comía los chocolates por paquete, no por pieza. Los gringos venían de a seis, six packs.

En brotes intempestivos de buena voluntad tiras la comida a la basura. Y horas después la recoges.

Estuve internada con anorexia dos veces, la primera a los 13. Luego me volví comedora compulsiva y después incursioné en la bulimia. Purgué mis excesos con laxantes y ejercicio compulsivo. Abarqué lo más que pude de modalidades en trastornos alimenticios.

De recién casada me le desaparecía a mi esposo porque estaba vomitando en baños públicos. (Cuando oigo vecinas de baño que se provocan el vómito me afecta horrores). En esa ocasión terminé en un internamiento parcial de 12 horas diarias donde sólo me soltaban para manejar de vuelta a mi casa en la noche y en el camino me atascaba y vomitaba.

Arrasé con el patrimonio de mis padres y ya empezaba con el de mi marido.

Ahora que llevo muchos años bien no me creen que estuve tan mal, así como cuando estuve mal no me creían que podía estar bien.

 

@DaliaPerk

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte

¡Muchas gracias!


Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.