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Por Dalia Perkulis
Periodista con experiencia en publicaciones de lo que sea: salud, sexualidad, nutrición, psicolo... Periodista con experiencia en publicaciones de lo que sea: salud, sexualidad, nutrición, psicología, educación, cine, tecnología, negocios, moda, cultura, farándula, política y hasta deportes. Activista de medios digitales. La típica cinéfila que le da insomnio si no recuerda el nombre del actor de una película. No nació para ser esposa ni mamá, pero ama a su esposo y a sus retoños ante todo. Síguela en twitter: @daliaperk (Leer más)
Vida de Pi. Libro vs. Película ¡Contiene “spoilers”!
Ambos, película y libro, dan cuenta del franco deterioro tanto del muchacho como de la bestia en el transcurso del naufragio. En ambos queda abierto el final.
Por Dalia Perkulis
5 de febrero, 2013
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Platicábamos de la expectación que reinaba en el club de lectura de su servidora por ver la adaptación al cine de la novela Vida de Pi, de Yann Martel. La satisfacción fue absoluta. El filme es una fiel adaptación que no sólo captura la trama sino la esencia de la novela y además la enriquece con el lenguaje cinematográfico inherente al séptimo arte bien explotado, como se debe. Para eso se adaptan las historias de un formato a otro. Ovación de pie para Ang Lee, el director.

Algunas diferencias entre el libro y la película, para el amable lector ocioso o para aquel que leyó el libro, vio la película y quiere ahondar en el tema:

En la novela nunca se cae el tigre (llámese bestia, instinto, guardián, Richard Parker) de la lancha y mucho menos lo rescata Pi por segunda vez. Se deja claro, al igual que en la película, que Pi sobrevivió gracias a que el tigre lo mantuvo alerta, que ambos se salvaron la vida mutuamente, pero no se cae el tigre del bote y lo rescata el muchacho para que entendamos su lealtad recíproca, eso no.

Tanto en la novela como en la película, Pi, presa de la conmoción durante el naufragio, le ayuda a la bestia a subir al bote, ignorando que es el tigre, tomándolo por un sujeto cualquiera. El nombre de persona que accidentalmente tiene el animal redunda en esta metáfora. Ya de ahí a que el tigre se caiga y Pi lo rescate por segunda vez, ésa es una reiteración hollywoodense para espectadores subestimados.

La novela hace hincapié en que el náufrago fue criado vegetariano y venera a los animales, pero no le queda más remedio que comer carne y, lo que es peor, convertirse en cazador. Se narra la transición de un muchacho inofensivo a la de un depredador experto y sanguinario, pasando por el proceso de ser un cazador tímido y culpígeno que se siente asesino, a la de un hábil mamífero dispuesto a sobrevivir a cualquier precio. Se dedican muchos párrafos a las hazañas de Pi mientras caza animales, tortugas principalmente, a cómo las domina y las destaza, a cómo aprovecha sus caparazones para protegerse del sol.

La precaria obtención de alimento y bebida por parte de Pi, para él y para el tigre, es persistente en todo momento en la novela, no se da por sentado como en la película. Se menciona también una técnica de recolección de agua de lluvia con unas bolsas  especiales incluidas en el kit de supervivencia del bote y que cada vez se desgastan más, a riesgo de deshacerse en cualquier momento. El hambre y la sed acechan todo el tiempo.

Hay un pasaje onírico incluso, ausente en la película, donde Pi se queda ciego durante un período, precisamente por su debilidad y se topa con otro náufrago.

La película, como ya dijimos, aprovecha los recursos del séptimo arte para hacer una sinfonía visual que abarca los paisajes del zoológico, la India, el océano, el cielo. Hay una escena donde Ang Lee homenajea a la novela con una toma idéntica a la portada del libro: Pi y el tigre acostados en la lancha en extremos opuestos, zanjando el inmenso océano, la fauna marina se transparenta.

La novela, como comentábamos hace unos meses, se extiende en el proceso de fascinación del protagonista en su tierna infancia por diversas religiones y en su ingenuo afán de amalgamarlas. En la novela, por ejemplo, hay una escena que se suprime en la película donde Pi se encuentra simultáneamente a dos de sus guías de religiones diferentes y ambos rivalizan. Se evidencia que Pi es más espiritual y más maduro que cualquiera de esos dos líderes espirituales. A la postre, en esta escena el pragmático padre de Pi apaña a su hijo que practica no una sino varias religiones.

Ambos, película y libro, dan cuenta del franco deterioro tanto del muchacho como de la bestia en el transcurso del naufragio. En ambos queda abierto el final. “¿Tú cuál versión crees?”, aunque en la novela más. La novela es más insistente en el discurso de que los hechos tangibles no cambian. El informe técnico que busca la compañía naviera es el mismo: el barco se hundió y no se sabe cómo. Dados los hechos irrefutables, cuestiona: “¿Es más factible la versión realista?” “¿Entonces ya nos resignamos a la vileza humana?” “¿A una persona que ha sufrido la pérdida de toda su familia y un prolongado naufragio vamos a privarla de su último recurso de supervivencia que es la fantasía, el último resquicio de inocencia para conservar la cordura?”

La novela, sin embargo, tiene cualidades propias de la literatura que son únicas e intransferibles. Está narrada en un tono de no-ficción a modo de periodismo narrativo o falso documental, como se diría en cine. Hasta muy avanzada, transcurrido un 80% (depende de la suspicacia del lector) nos tiene convencidos de que es una historia real platicada por un náufrago real a un escritor. Es tan hondo el engaño que hay quienes terminan la novela y se quedan sumidos en la negación, tras haber sido hábilmente engañados por el autor, y juran que la historia es verdadera.

La novela inicia con un prólogo donde un escritor apócrifo, el escritor que entrevista a Pi, platica que estaba sumido en una crisis de autor, deprimido, recién abortado otro proyecto al que le había dedicado mucho tiempo, una novela sin pies ni cabeza que tuvo que descartar, y justo se cuestionaba sobre su porvenir como escritor, sobre qué tema podía empezar a escribir, cuando se topó con un señor que le platicó de Pi, un individuo nacido en la India que vivía en Canadá con una historia heroica que necesitaba ser contada al mundo, según este señor con quien se topó fortuitamente el frustrado escritor, quien  enseguida se lanzó a entrevistar al misterioso Pi.

Es decir, Yann Martel escribe la historia de un escritor supuestamente real que a su vez escribe la historia de un náufrago supuestamente real. Todo apócrifo.

Muy avanzada la novela, su servidora (una víctima más de la audacia del autor) le escribió a una de las integrantes de su club del libro: “qué suerte que una historia tan épica, tan impresionante haya caído en manos de un buen escritor que le haya sabido hacer justicia”. A estas alturas de la trama, ya había hiena, tigre, cebra, naufragio, gorila y yo me la seguía creyendo. Mi amiga ya había terminado la novela y sólo me dio el avión.

Al lector le gusta sentirse brillante y desentrañar los misterios dos líneas antes que el propio autor, ¡no le gusta que le tomen el pelo!, pero en el caso de Vida de Pi, uno se está debatiendo en el transcurso del libro entre aceptar la fantasía, desafiar las propias creencias y ser el hazmerreír del autor, o mantenerse escéptico para no perder la compostura ni en la intimidad con el libro.

Es tal la verosimilitud con la que el autor nos conduce a la Vida de Pi por medio de una supuesta pieza de periodismo narrativo, y nos hace creer que es la historia de un náufrago verdadero con un tigre, que nos cuesta ceder a la triste y mucho más factible realidad de que se trata de una novela de ficción. Y luego aceptar, a la postre, que los animales representan a personas.

El libro deja un lugarcito a la fantasía: después de mucho discutir con el náufrago, los japoneses concluyen en su informe para la compañía naviera que “nunca una persona había sobrevivido tantos días en el mar y menos con un tigre a bordo”; la película es más contundente en el hecho de que Pi se inventa una fábula para soterrar la cruda realidad.

Podría no tener caso leer la novela después de ver la película: imposible recuperar la capacidad de asombro. Como dicen “no existe una segunda oportunidad para una primera impresión”, las revelaciones están hechas y ya no es posible suprimir las imágenes del filme a la hora de leer.

Sin embargo, si les fascinó la película, aunque es redonda y completa, la lectura de la novela podría ser apasionante. Ya sin el factor sorpresa, pero igual una sinfonía de reflexiones que conmueven.

 

 

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