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Lo que México Evalúa
Por Centro de Análisis de Políticas Públicas
México Evalúa es un centro de investigación que busca elevar la efectividad y calidad de la op... México Evalúa es un centro de investigación que busca elevar la efectividad y calidad de la operación gubernamental a través de la elaboración de estudios especializados y el desarrollo de indicadores que sirvan para transparentar, evaluar y comparar acciones de gobierno. En México Evalúa tenemos vocación por la incidencia. Buscamos proveer a la sociedad mexicana de parámetros para evaluar al gobierno; y nos interesa ofrecer al Congreso y a los tomadores de decisión ideas y propuestas para mejorar su función en la elaboración de mejores políticas públicas. (Leer más)
Bajo la lupa, la estrategia de prevención del delito
Sólo 21 por ciento de las demarcaciones escogidas por el programa del gobierno general para prevenir la violencia y el delito cuenta con diagnósticos que justifican su elección y apenas el 27 por ciento tiene indicadores útiles para medir su resultado.
Por Centro de Análisis de Políticas Públicas
30 de enero, 2014
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Por: Lilian Chapa Koloffon (@cklilian)

Imposible correr sin antes saber caminar, ¿cierto? De la misma forma, hacer prevención social del delito sin que las autoridades locales y federales cuenten con las capacidades para identificar los factores que aumentan las probabilidades de que se cometan delitos, difícilmente traerá como resultado menos delincuencia y violencia en el país.

En México Evalúa, analizamos varios aspectos del Programa Nacional de Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia (PNPSVD) anunciado por el Presidente de la República en el primer día de su administración. En primer lugar, buscamos saber cómo se eligió a las demarcaciones (municipios, delegaciones o zonas metropolitanas) que el Programa definió como prioritarias. ¿Son realmente prioritarias las elegidas? ¿Bajo qué lógica se repartió entre esas demarcaciones los 2 mil 500 millones de pesos que integran el fondo del programa? Nos planteamos estas grandes preguntas de inicio, pero encontramos poca información pública para contestarlas. Las respuestas –no vaya a ser que se pierdan la lectura del documento que compartimos en este vínculo– ocupan la primera parte de nuestro estudio.

En un segundo momento, nos dedicamos a evaluar cómo se planearon los proyectos diseñados por las demarcaciones prioritarias. Hay que señalar que para hacer factible este análisis, tuvimos que seleccionar una muestra aleatoria y representativa de 15 de las 57 en cuestión. De esta forma, evitamos los sesgos por la cantidad de recursos recibidos integrando la muestra con cinco demarcaciones de cada una de tres categorías: alto, medio y bajo nivel de subsidio del PNPSVD.

A partir de allí, buscamos responder dos preguntas centrales. La primera consistía en saber si el diagnóstico presentado por la demarcación identificaba el o los factores de riesgo presentes en su territorio con el respaldo de evidencia cuantitativa o cualitativa. Esto, porque en prevención, como en cualquier otra política pública, no podemos basar nuestros esfuerzos en lo que creemos causa el delito o la violencia, sino que necesitamos evidencia sobre los factores que generan la delincuencia para estar seguros de poder combatirla.

La respuesta es que sólo 21 por ciento de los diagnósticos cumple con tales características. El resto proporcionó información insuficiente y/o subjetiva (54 por ciento de los casos), una justificación del programa en lugar de un diagnóstico (14.5 por ciento) y en algunos casos, ni siquiera se presentó uno (7%). Un botón de muestra de esta debilidad es el diagnóstico proporcionado por Durango, Durango, para el proyecto “Rescatando tus tradiciones”:

“Se han perdido nuestras tradiciones culturales, lo que genera que los niños y jóvenes de barrios y colonias, se vean inmiscuidos cada día en mayor número en actos vandálicos y delictivos, por la influencia de la tecnología moderna, mediante juegos electrónicos y/o digitales que incitan a la violencia, y además de la desintegración escolar y deserción escolar, provocando el desinterés de aquellos juegos tradicionales (…) que son una forma de convivencia social y familiar”.

Si un diagnóstico es la base para definir qué se quiere modificar en la demarcación como resultado de un proyecto, un diagnóstico deficiente traerá consigo un objetivo con relevancia cuestionable para los fines de la prevención.

AP Prevencion IMAGEN 1

[contextly_sidebar id=”f341b5ee2ec4c7dedf4721d8139e2ecf”]Vamos ahora a la segunda pregunta que planteamos al evaluar los proyectos de la muestra: ¿se definieron metas e indicadores que permitan saber si se cumplió el objetivo de la acción? Sin estos elementos, será complicado identificar cuáles proyectos necesitan de ajustes en sus actividades para cumplir con sus fines e, incluso, si deben ser sustituidos por otros proyectos más pertinentes. Lo cierto es que sólo 27 por ciento de los proyectos que analizamos en nuestra muestra cuenta con metas e indicadores útiles para la evaluación de resultados. En la gran mayoría de los casos, las autoridades responsables solamente establecieron metas e indicadores de gestión. Es decir, no se refieren a resultados esperados de las actividades planteadas en el proyecto, sino exclusivamente a la realización de un número determinado de talleres o cursos, a la modificación de un número específico de espacios, o a una cantidad de bienes entregados.

AP Prevencion Imagen 2

El mejor ejemplo de esta situación es el programa nacional de Entrega de lentes, cuyos problemas de pertinencia para la prevención del delito abordó mi colega Leonel Fernández en otro post. Aunque su objetivo, definido por las autoridades federales es “evitar la deserción escolar causada por problemas de discapacidad visual, auditiva y de atención, reduciendo riesgos de deserción (sic)”, no se observaron metas de reducción de la deserción escolar en la muestra, ni para el corto ni el mediano plazo.

En Celaya, Guanajuato, donde el objetivo del programa es “contribuir a evitar el bajo rendimiento, la alta reprobación y la deserción escolar” se estableció la siguiente meta:

“Dotar de anteojos a 6653 alumnos que padecen problemas visuales”.

Lo mismo ocurrió en Tijuana, Baja California, en  Cadereyta, Nuevo León y Ahome en Sinaloa, por mencionar sólo algunos casos. ¿Dónde quedaron las metas de reducción de la deserción escolar?

Las capacidades para el diseño de acciones para la prevención social del delito no se ven presentes o –en el mejor de los casos– están en etapa de construcción a nivel federal y local. En el registro histórico de Planes Nacionales de Desarrollo se observan menciones a la “prevención del delito” por lo menos desde 1989, pero no se transitó de la mención en el discurso al diseño de estrategias de construcción de capacidades en la materia. Ninguna administración desde entonces ha dejado de mencionar el término, aunque es justo reconocer que en la pasada se dieron primeros pasos como el publicar la Ley General para la Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia. Por su parte, el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto ha insistido en que un sello primordial de su estrategia para recuperar  la seguridad, es la prevención. Sin embargo, como se ilustra en nuestra investigación, dicha estrategia necesita ajustes sustantivos que está a muy buen tiempo de llevar a cabo para que tenga posibilidades reales de cambiar las condiciones que generan delitos y violencia. Que no sean éstas las que marquen el destino de cientos de mexicanos.

AP Prevencion Imagen 3

 

* Lilian Chapa Koloffon es investigadora de México Evalúa.

 

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