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Lo que México Evalúa
Por Centro de Análisis de Políticas Públicas
México Evalúa es un centro de investigación que busca elevar la efectividad y calidad de la op... México Evalúa es un centro de investigación que busca elevar la efectividad y calidad de la operación gubernamental a través de la elaboración de estudios especializados y el desarrollo de indicadores que sirvan para transparentar, evaluar y comparar acciones de gobierno. En México Evalúa tenemos vocación por la incidencia. Buscamos proveer a la sociedad mexicana de parámetros para evaluar al gobierno; y nos interesa ofrecer al Congreso y a los tomadores de decisión ideas y propuestas para mejorar su función en la elaboración de mejores políticas públicas. (Leer más)
El diseño del Plan Nacional de Desarrollo 2012-2018
El instrumento de planeación por excelencia del Estado es el Plan Nacional. Idealmente, sus fundamentos estratégicos se sustentan con evidencia, objetivos y metas que toman la forma en México de un Plan Nacional de Desarrollo.
Por Centro de Análisis de Políticas Públicas
6 de septiembre, 2012
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Por: José F. Tapia, Director de Estrategia e Investigación

 

El instrumento de planeación por excelencia del Estado es el Plan Nacional. Idealmente, sus fundamentos estratégicos se sustentan con evidencia, objetivos y metas que toman la forma en México de un Plan Nacional de Desarrollo.

Sin embargo, a través de los años estos enormes volúmenes que plasman la visión de las nuevas administraciones, han servido únicamente para comprobar la desconexión entre lo planteado por estos instrumentos y lo que se observa en términos de su operatividad y eficacia en la vida real.

¿De qué depende que un Plan Nacional tenga éxito? No hay una receta única, pero sí lineamientos que ayudan a mitigar la posibilidad de su olvido. Primero, atender la endeble relación entre los objetivos del Plan Nacional y las metas y programas que plantea. Hay una evidente falta de congruencia entre lo que establece el PND y los programas sucesivos que de ahí emanan. Hablamos de un bajo alineamiento entre éste y los planes sectoriales, así como de programas presupuestarios que no necesariamente coinciden ni con programas sectoriales, ni con las metas del PND.

Es decir, el enfoque actual a resultados esta desvinculado de los objetivos del Plan Nacional de Desarrollo y de aquellos de mediano y largo plazo que dirigen la gestión pública. Un ejemplo claro de ello es que somos capaces de conocer el momento en que inicia la operación de un programa, pero nunca sabemos en qué momento finalizará o cuál es su meta última a alcanzar.

Otro aspecto que contribuye en esta desconexión con la realidad es la falta de un amplio involucramiento de actores relevantes (i.e. gobernantes y gobernados)  previo a la definición de las metas del Plan Nacional. No se les convoca a todos o si se hace, no se considera a profundidad su aportación. Ello provoca la imposibilidad de avanzar una agenda de metas y resultados ya que no hay entendimiento de sus razones y alcances.

Sumado a lo anterior, el ordenamiento jurídico constitucional del que emana la facultad del ejecutivo para definir “un sistema de planeación democrática del desarrollo nacional” (Art. 26 Constitucional), no contempla la generación de consenso en objetivos y no promueve la articulación efectiva de metas de corto plazo con las de mediano y largo alcance. Se ofrecen únicamente áreas de oportunidad y prioridades que quedan plasmadas en lo general. Un ejercicio realizado por México Evalúa resalta que desde 1988, los Planes Nacionales de Desarrollo con tienen prácticamente los mismos lineamientos generales. La diferencia ha radicado en cómo instrumentar la estrategia para alcanzar dichos objetivos. Muy pocas de la metas planteadas en el PND se llegan a  cumplir de forma exitosa, posiblemente porque es poco común remitirse a ellas como el principio rector.

La visión 2030 que planteó la saliente administración fue un esfuerzo por integrar una visión estratégica de largo plazo estructurada en cinco líneas de acción y 24 metas. Esfuerzo loable que sin embargo, nunca ofreció una clara justificación de la pertinencia y la priorización de sus objetivos, ni de las correspondientes estrategias para lograrlos a través del tiempo. Y quizá sea de mucha mayor relevancia que dicho instrumento dejó de lado la asignación de responsables y responsabilidades para cada una de las metas y objetivos planteados.

Llamamos a ampliar el espacio de acción y fortalecimiento para generar un PND efectivo enfocado en resultados. Debemos aspirar a convertirlo en un instrumento de planeación rector que nos indique objetivos y metas claras que se deben cumplir en este sexenio y el venidero.

Lo anterior requiere ajustes desde la parte normativa legal (el propio Art. 26 CPEUM y La Ley de Planeación), hasta la operativa y funcional que involucra el diseño de programas sectoriales y presupuestales, pasando por la revisión del ciclo presupuesto-gasto, la rendición de cuentas y asignación de responsabilidades.

A la administración entrante le queda este enorme reto, pero también una gran oportunidad de avanzar un Plan Nacional de Desarrollo a la altura de lo que México demanda y los tiempos de mayor eficacia gubernamental dictan.

 

 

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