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Por Centro de Análisis de Políticas Públicas
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El otro lado de la desconfianza institucional
Por Centro de Análisis de Políticas Públicas
19 de julio, 2012
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Por: Mariana García, Investigadora de México Evalúa, A.C.

 

En los últimos años ha sido visible una creciente degradación en la confianza hacia instituciones otrora respetables en la incipiente democracia mexicana. Los partidos políticos, el IFE, el Ejército, los sindicatos y la institución presidencial, por mencionar algunos casos, sufrieron embates que han puesto en tela de juicio su legitimidad, su importancia y viabilidad en el futuro del país.

Una realidad incontrovertible es que estas instituciones han sido sometidas a un mayor escrutinio público a partir de la transición electoral del año 2000 y de las reformas en materia de transparencia y rendición de cuentas que se han implementado desde entonces. Esta exposición combinada con un involucramiento más activo en la vida pública del país han puesto en evidencia las fortalezas y debilidades de estas instituciones.

La siguiente gráfica muestra la evolución de la confianza (o más bien de la desconfianza) hacia algunas instituciones torales en la democracia mexicana en los últimos 10 años.

 


Las encuestas de opinión reflejan una caída importante en la confianza hacia instituciones encargadas de la representación política, de garantizar la seguridad en el país y la defensa de los derechos laborales. La confianza hacia el Ejército, por ejemplo, ha disminuido en cerca de 10 puntos porcentuales de 2001 a 2011. En los mismos años la caída en la confianza hacia el Instituto Federal Electoral es de más del 50 por ciento. En el periodo que va de 2008 a 2011, la figura presidencial perdió casi 7 puntos porcentuales de confianza entre la ciudadanía mexicana, mientras que los partidos políticos y los sindicatos nunca han podido contar con la credibilidad que sobrepase el 10 por ciento de la población.

La explicación más obvia para la evolución de la desconfianza en estas instituciones está fundamentada, como ya se mencionó, en el proceso de desgaste al que han sido sometidas por la exposición en la vitrina social y su participación más activa en la esfera pública, a veces excediendo el mandato para el que fueron creadas.

El Ejército, por ejemplo, ha experimentado una caída en la confianza entre la población mucho más visible a partir de su incursión en labores de combate al narcotráfico. El IFE también ha asumido funciones que han implicado la regulación y fiscalización de procesos electorales, lo cual le ha costado confianza y credibilidad de muchos electores. Por otro lado, el Presidente ha sufrido las consecuencias de la activación real de un sistema de pesos y contrapesos  en el ejercicio del poder frente a una ciudadanía que casi automáticamente le sigue atribuyendo todas las decisiones y sus resultados al Ejecutivo. Los partidos políticos y los sindicatos, a pesar de no ser ambos sujetos obligados de la ley de transparencia, han sido expuestos ante la población en un contexto donde la información sobre sus vicios e ineficiencias ha fluido a raudales.

El descrédito hacia instituciones de representación política en México en los últimos 10 años no es un asunto menor. Esto tomando en cuenta que todavía no contamos con mediciones de confianza en el poselectoral. Descalificar a una institución como el IFE para llamarla, como se ha visto en redes sociales las últimas semanas, “Instituto del Fraude Electoral” es sumamente grave. Lamentablemente, las creencias sociales son más sencillas de medir que la valoración sobre la construcción y el funcionamiento institucional.

Construir instituciones no es una tarea sencilla, la arquitectura institucional de un país puede tomar varias décadas en hacerse visible para el ojo público. Las maquinarias que componen a muchas de las instituciones mexicanas cuentan con intrincados engranajes legales y pasadizos procedimentales que ha tomado tiempo y esfuerzo construir, en algunos casos más de una década. Su funcionamiento, aunque imperfecto, es evidencia del progreso civilizatorio y democrático del país.

Sin duda, falta un largo camino por recorrer en la ruta de fortalecimiento institucional en el país. Muchas de las instituciones más importantes para la democratización mexicana necesitan ser sometidas a cambios que involucran desde reformas legales de gran calado hasta reestructuraciones internas de procesos. Y esta maduración institucional no debe ser excusa para obviar la exigencia ciudadana y la demanda social para mejorar su desempeño y su funcionamiento.

Construir instituciones requiere de muchos años y de un enorme esfuerzo de ingeniería constitucional, fontanería legal y liderazgo, mientras que el descrédito de las mismas puede tomar unas semanas y alimentarse tan sólo del soplo de la desconfianza.

 

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