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Lo que México Evalúa
Por Centro de Análisis de Políticas Públicas
México Evalúa es un centro de investigación que busca elevar la efectividad y calidad de la op... México Evalúa es un centro de investigación que busca elevar la efectividad y calidad de la operación gubernamental a través de la elaboración de estudios especializados y el desarrollo de indicadores que sirvan para transparentar, evaluar y comparar acciones de gobierno. En México Evalúa tenemos vocación por la incidencia. Buscamos proveer a la sociedad mexicana de parámetros para evaluar al gobierno; y nos interesa ofrecer al Congreso y a los tomadores de decisión ideas y propuestas para mejorar su función en la elaboración de mejores políticas públicas. (Leer más)
La pobreza analítica de Villalobos
Por Centro de Análisis de Políticas Públicas
12 de enero, 2012
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Por: Leticia Ramírez de Alba, Coordinadora del Programa de Seguridad Pública de México Evalúa.

De nueva cuenta, el ex guerrillero salvadoreño y actual asesor en materia de seguridad del Presidente Calderón, Joaquín Villalobos, pretende defender la fallida estrategia del Gobierno Federal por medio de un artículo en la revista Nexos. Ojalá que el resultado final de la guerra contra el crimen organizado de Calderón sea muy diferente al de la contienda que Villalobos está peleando en la arena intelectual.

Desafortunadamente, ambos conflictos tienen tintes similares: abrieron frentes simultáneos contra varios oponentes sin tener las capacidades ni herramientas necesarias para la victoria ni haber dimensionado el tamaño o la influencia de los enemigos. En la guerra de ideas, la ofensiva de Villalobos consiste en descalificar las críticas y propuestas que varios analistas y académicos han emitido en torno a la estrategia y resultados gubernamentales. El gran problema es que la mira en el arma de Villalobos no está bien ajustada. Al intentar disparar a sus oponentes, se lastima a sí mismo:

El asesor del Presidente hace gala de la falta de sustento de sus principales argumentos cuando lanza una serie de afirmaciones, a las que él denomina “duras realidades”, en torno a la lucha contra el crimen y la inseguridad. Por ejemplo, señala que la violencia es inevitable. El problema es que ni dice a qué se refiere con violencia, ni explica por qué es inevitable. Los estudiosos del tema saben que “violencia” es un término que cuenta con muchas definiciones y engloba actos de muy diversa índole, los cuales pueden incluir o no el uso de la fuerza física.

Si Villalobos se refiere a las muertes resultantes de la guerra contra el crimen, podría ser cierto que algunas pérdidas sean inevitables. Pero no estamos hablando de uno, diez o cien muertos; nos referimos a miles de personas que pierden la vida cada año. Según las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), durante la administración de Calderón se han registrado más de 80 mil homicidios dolosos, y más de la mitad de ellos se atribuyen al crimen organizado. ¿Acaso no se pueden evitar tantas muertes? ¿No existen otras opciones de combate más eficaces? Por supuesto que pueden explorarse vías menos costosas. La violencia masiva medida en términos de muertes sí es evitable. Y esto no significa evitar el conflicto, frenar la lucha contra el crimen o administrar el problema, como señala Villalobos en su escrito, sino cambiar la perspectiva y la forma de pelear. Por ejemplo, con estrategias disuasivas que convenzan a las personas de que el crimen no es la mejor opción.

Otra afirmación presente en el artículo es que no existe un culpable, porque lo que se está viviendo es el resultado de un proceso histórico. En efecto, no hay sólo un culpable, pero sí hay muchos responsables. Los principales son los gobiernos federal, estatales y municipales porque su función es, precisamente, velar por el bienestar público y, además, tienen el monopolio legítimo y legal de la fuerza. La estrategia de la actual administración federal ha tenido y tiene un efecto importante en la dinámica de las organizaciones criminales. Por tanto, para bien o para mal, lleva buena parte de la responsabilidad. Las acciones del gobierno actual no pueden simplemente  borrarse de la ecuación y sustraerse del doloroso resultado.

Villalobos se dice impresionado por la fuerza que tomó “una idea intelectualmente tan pobre como la que estableció una relación de causa – efecto entre los operativos del gobierno federal y las capturas de capos con la violencia”; intelectualmente pobre sería pensar que los operativos no tienen efecto alguno sobre el comportamiento de los miembros del crimen organizado y, por ende, en la violencia. Si no se esperaran efectos, ¿con qué objetivo se llevan a cabo los operativos? El problema es que los números dicen que, en muchos casos, la violencia se ha incrementado tras los operativos y la captura de capos.

El asesor del Presidente retoma el argumento del ex director del CISEN, Guillermo Valdés, de que la violencia surge como resultado de una alta densidad criminal. ¿A qué se refiere con densidad criminal? No lo precisa. ¿Cómo la mide? Tampoco lo aclara. Sólo incluye algunas cifras que el gobierno federal se ha dedicado a difundir como indicadores del éxito de su estrategia: el decomiso de “120 mil armas, 60 mil vehículos, 550 aviones, 400 embarcaciones marinas, 900 millones de dólares, 500 millones de pesos, 110 mil kilogramos de cocaína, nueve millones de kilogramos de marihuana, 60 mil kilogramos de precursores de metanfetaminas. Se han capturado a más de 150 mil delincuentes nacionales y más de mil 900 extranjeros, y se han destruido más de 600 laboratorios”.

En una conversación publicada en Nexos, cuando Valdés se refiere a la densidad criminal supone que para “que haya más de 40 mil muertos en cinco años debe haber muchísima gente armada en la calle”. ¿Sabemos a cuántas personas mata en promedio un sicario? Podrían ser muy pocos sicarios los que han matado a la mayoría de las personas. No hay cifras que sustenten el dicho de Valdés y el artículo de Villalobos no hace referencia a un registro de criminales. ¿Dónde están los cálculos o estimaciones del número de criminales? ¿Qué criterios se utilizan para determinar quienes entran en esta categoría? ¿Dónde está la línea entre los criminales y las demás personas?

Es muy preocupante que quien “le habla al oído” al Presidente en materia de seguridad siga justificando y defendiendo una estrategia que ha fracasado evidentemente. Hemos observado que miles de personas, criminales o no, han perdido la vida en estos años. Y, esas muertes no han modificado el comportamiento de los grupos del crimen organizado. Además de los homicidios, han crecido marcadamente otros delitos graves. Cinco mil denuncias de secuestro, veinticinco mil de extorsión y un millón de robo con violencia desde que tomó posesión nuestro actual Presidente y aún no se prueban caminos alternativos.

Al parecer, los datos duros son irrelevantes en el análisis de Villalobos. Lo que es un hecho es que las cifras de incidencia delictiva retratan con mayor fidelidad los resultados de la estrategia de Calderón que los más de 55 mil caracteres del texto de su asesor.

 

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